Educación en igualdad para  romper la brecha de género

Educación en igualdad para romper la brecha de género


Durante un tiempo hemos estado como adormecidas, mirando los esfuerzos de otras desde el balcón, como si la lucha se estuviera librando en un patio que no era el nuestro. Casi habíamos normalizado las consecuencias de la brecha de género, los techos de cristal e incluso la condescendencia en el trato, aun llevando en la mochila tantos méritos científicos como nuestros compañeros. Sin embargo, ahora que alzamos la voz al unísono, parece que las esperanzas para un futuro diferente se desvanecen con las estadísticas que muestran entre adolescentes y jóvenes un repunte de actitudes que ya creíamos superadas.

Precisamente, topé de bruces con la realidad de la mano de un adolescente que le aseguraba a mi hija que su madre no podía ser científica “porque los grandes descubrimientos los hacen los hombres”. Y es que recientes investigaciones señalan que los estereotipos sobre las habilidades intelectuales de niños y niñas aparecen a la temprana edad de 6 años. Los intereses que desarrollamos en nuestra infancia están fuertemente condicionados por los espacios de aprendizaje. Por ejemplo, nos ayuda muy poco que las series de dibujos animados cuenten con científicos entre sus personajes, pero con muy pocas científicas.

Por eso lo urgente es contarle a todo el mundo, desde las etapas más tempranas de la educación, de qué va todo esto. Y lo hemos de hacer de forma continuada, entre cada 8 de marzo y el siguiente, mostrando nuestros logros en las aulas, invitando a conocernos a nosotras y a admirar a las grandes: Alice Ball, Lise Meitner, Margarita Salas, Rosalind Franklin, Inge Lehmann, Jocelyn Bell, Dorothy Crowfoot Hodgkin, Josefina Castellví, Rita Levi Montalcini y tantas otras que nos sirvieron de ejemplo. Porque tan importante es trabajar la visión del hombre sobre la mujer como la de la mujer sobre sí misma, porque son pequeños cambios los que provocarán grandes diferencias en el tiempo que está por venir, porque la Historia se lo debe y porque las futuras científicas necesitan un espejo en el que mirarse. Uno gigante. Como ellas.

Por por África Yebra Rodríguez
Departamento de Geología – Universidad de Jaén


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