Becas Erasmus para tan sólo el 0,8% de los universitarios


Una vez más el ministro Wert saca pecho a cuenta de la nueva convocatoria de becas Erasmus para el próximo curso 2015-2016, cuya Orden fue publicada el pasado 29 de abril en el BOE, día en el que le faltó tiempo al Ministerio para resaltar que los 24 millones de euros destinados suponen 6 millones de euros más que los destinados para este curso, con los que se podrán alcanzar las 12.500 becas, 2.500 más que en el presente 2014-2015.

Un aumento positivo para la movilidad de los universitarios españoles, aunque conviene recordar que se produce después de una drástica reducción que ha registrado el presupuesto estatal para las becas Erasmus durante los últimos tres cursos, ya que los citados 24 millones de euros, si bien es verdad que son 6 millones más que para el presente curso, también suponen algo más de 12 millones menos de lo que se destinó en el 2012-2013, y quedan muy lejos de los casi 63 millones de euros que se presupuestaron para los cursos 2010-2011 y 2011-2012, convocatorias del Ministerio en el BOE también por delante.

Bien es verdad que, como en todo, la austeridad y los ajustes presupuestarios derivados de la crisis económica también han afectado a esta partida, aunque quizá convendría preguntarse si otros aspectos presupuestarios relacionados con la universidad han registrado una bajada similar en tan sólo estos pocos años.

No obstante, por encima de presupuestos, también cabe destacar la realidad que se esconde detrás de las 12.500 becas a las que el Ministerio resalta ahora que se podrán llegar, frente a las 10.000 alcanzadas este año. Y esta realidad no es otra que, si se tiene en cuenta que los últimos datos oficiales del propio Ministerio hablan de que en España hay en torno a 1.438.000 estudiantes universitarios de Grado y de las antiguas diplomaturas y licenciaturas, este número de becas tan sólo cubriría apenas el 0,8% de la comunidad estudiantil universitaria. Aunque no se trata de que todos los estudiantes vayan de Erasmus a costa del erario público, y reconociendo como positivo que se hayan introducido en los últimos años criterios de excelencia académica y de conocimiento de idiomas para conceder estas ayudas, becas para tan sólo un 0,8% de la comunidad estudiantil universitaria española se antoja un porcentaje bastante ridículo.

Todo ello teniendo en cuenta la existencia de un mundo y una economía cada vez más globalizada en la que los universitarios deberán desarrollar su vida profesional; y en unos momentos en los que la universidad, administraciones e, incluso, partidos políticos, coinciden en señalar la necesidad de una mayor internacionalización del sistema universitario español. Aunque, en la práctica, parece que tan sólo son las propias universidades -y no todas- las que predican con el ejemplo.

En este año de precampañas, campañas, postcampañas y votaciones electorales que parecen no tener fin (incluso en las propias universidades que durante estas semanas han elegido o van a elegir a su rector) puede resultar demagógico o populista pedir más dinero y más becas para la convocatoria Erasmus en un contexto de ajustes presupuestarios, sobre todo si no se indica de dónde sacar el dinero. Sin embargo, convocatorias como Erasmus, estrechamente ligadas a eso de la ‘internacionalización’, deberían ser, como los recursos para la investigación, más prioritarias que, por ejemplo, devolver una paga extra al profesorado. Que, dicho sea de paso, no necesita 300 euros para poder llegar a fin de mes como el estudiante en país extanjero.


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