De Bolonia a los posgrados

De Bolonia a los posgrados


Hace unos 15 años la idea de realizar un posgrado era una de las opciones menos atractivas para los alumnos egresados de la universidad. Con el título bajo el brazo la búsqueda del empleo se hacía de forma directa y con la calificación necesaria para no necesitar mayor especialización.

La diferencia entre titulados residía en los cursos o prácticas que durante la carrera se hubieran llevado a cabo. Una realidad que se unía al menor número de estudiantes universitarios, pues otros sectores más atractivos por aquel entonces llamaban a los jóvenes españoles. Pero la realidad cambió y a una fuerte crisis económica se unió el cambio legislativo en materia de Educación Superior, que hizo que el posgrado pasara de ser una opción valorable a un requisito indispensable tanto para culminar con algún tipo de especialización la carrera universitaria como para mejorar los índices de empleabilidad en un mercado saturado. Actualmente las Universidades requieren de un catálogo de posgrados lo suficientemente amplío como para atender la demanda de casi la totalidad de sus egresados de Grado. Existe la dinámica de escoger una especialización fuera de la primera institución para mejorar el curriculum y diferenciar las áreas de estudio que ya se has cursado, pero la realidad de muchos jóvenes dificulta el cambio de centro por motivos económicos.

El posgrado se ha convertido para muchas universidades en una forma de recibir liquidez a través de unos precios hinchados. Si bien es cierto que la horquilla se regula de forma gubernamental, esta puede variar según la Comunidad Autónoma donde se desarrollen los estudios. A todo ello se suma la diferencia entre títulos propios y títulos oficiales, siendo solo estos últimos los que mantienen un coste regulado.

La opción del posgrado se convierte de este modo en una realidad por la que deben pasar los estudiantes si quieren continuar siendo competitivos, a lo que se suma que es la única manera de diferenciarse y optar a una especialización que, con el sistema Bolonia, se ha ido retrayendo de la carrera en sí.

Si la opción del doctorado se plantea, se deben sumar un mínimo de tres a cuatro años de desarrollo de la última etapa de formación superior. Actualmente, para acceder al Doctorado se necesita la previa acreditación de un máster enfocado a la investigación. En sustitución de los antiguos cursos de doctorado, los máster de investigación buscan formar al estudiante en materia de acceso a fuentes, procesos de investigación y verificación, así como dotar de las herramientas necesarias en la carrera investigadora. La duda entonces aparece cuando interrogamos sobre la suficiencia del grado. Si tan necesaria es la especialización y la dotación de conocimientos en profundidad ¿pudiera ser que durante el grado los estudiantes no obtienen suficientes conocimientos? y entonces ¿es este sistema el mejor para formar a los futuros profesionales?

La dependencia del posgrado no puede deberse a una necesidad formativa por falta de conocimientos, sino a una especialización por profundidad, realidad que, vistos los recortes en créditos de los grados parece querer suplirse con más años de estudios que suponen a su vez más gastos económicos para las familias.


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