Votar: Sí o no

Votar: Sí o no


El camino de la democracia está plagado de elecciones. Parece un sistema inventado solo para votar cada cierto tiempo, a veces más que seguido. En las próximas (domingo 10/noviembre) –tócala otra vez Sánchez–, el voto de la  abstención sobrevuela las urnas como una amenaza fantasma. Puede que ese NO-VOTO, como diría el conejo travieso de Alicia en el país de la Maravillas, sea grueso entre los jóvenes. Aunque los 22 sondeos consultados no aclaran a cuánto ascenderá la abstención, coinciden en un aproximado 32%. Puede que ronde el 38%. El porcentaje es relevante, pero lo es más aún la pregunta a qué partidos perjudica más esa alta ausencia en la urnas. Tampoco está tan claro, aunque señalan al PSOE, Podemos y Ciudadanos, principalmente. El PP sería el más beneficiado. Eso es lo que creen algunos gurús electorales.

Las causas de tal desidia son múltiples. Cabreados con las izquierdas titubeantes, con las derechas dubitativas, con el centro disperso, con los hartos de estar hartos, con los jubilados de pancartas, con los escépticos de la política profesional, con los parados; con los de aquí y los de allí.  Los más jóvenes, estudiantes universitarios (muchos votantes por primera vez) o los NI-NI, parecen ser los menos motivados a levantarse un domingo a votar. En resumen: El 62% elegirá a un posible nuevo gobierno, si es que se consigue formar, mientras el 38% restante pasará olímpicamente sin meter su voto en las urnas. Que voten otros.

La cifra de electores ronda los 37 millones de personas. De estos, un millón y medio son nuevos votantes. Un caladero donde anidan los reacios a ir a poner su voto. Votar es tomar una decisión fundamental. Requiere una base mínima de información política. Una conciencia de futuro nacional y regional y local, como mínimo. Sin dejar fuera la visión global, que todo está conectado. Los jóvenes, que cursan estudios superiores, pasan de esas inquietudes. Unos pocos, poquísimos viven la actualidad como actividad. Lo han encontrado todo tan hecho, tan funcionando, aún en funciones, que viven alejados de esos pensamientos. Pensar cansa. Vivir al día es más pasajero y relajante. Salir de casa a votar un domingo… ¡Uff! Mi voto tampoco va a cambiar nada a mejor, parecen pensar. Habría que enseñar en la educación secundaria que votar no es solo un derecho –adquirido con grandes sacrificios políticos, entre ellos pactar con los adversarios– sino un deber.

Las más recientes encuestas para la próxima cita electoral dan la siguiente aproximación porcentual, que siempre puede dar sorpresas: PSOE (26/24), Partido Popular (22/20), Ciudadanos (14/12), Podemos (12/10), VOX (12/10), Más País (6/4). Este vaticinio es mudable (Franco/Cataluña). El bipartidismo es duro de matar. Juntos podrían rondar casi el 50% de los votos. Lo cierto es que la sumatoria, en el mejor escenario, podría favorecer a las derechas; aunque el progresismo podría sumar a los partidos periféricos, que tendrán las llaves de La Moncloa. El independentismo también vota, aunque se abstenga. Sin embargo, estas cifras,  basadas en proyecciones estadísticas, la menos exacta de las ciencias matemáticas, puede que los resultados reales sean otros. Y ya se sabe, los encuestados mienten, como algunos pacientes a sus médicos.

Por Carlos Pérez Ariza
@OraculoCharlie
En Horizontes


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