Manu Sánchez: “hay dos formas de hacer el bien: siendo bueno con los buenos y malo con los malos”

Manu Sánchez: “hay dos formas de hacer el bien: siendo bueno con los buenos y malo con los malos”

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De surnormal a surnormal nos entendemos, aunque solo nos baile una letra. Manu Sánchez es exageradamente profundo, alegre y si se tercia hasta un tipo serio, que no triste. En definitiva, un pureta. Pin del Betis en la chaqueta, gafas a prueba de intolerantes y un libro recién parido desde lo más profundo de sus entrañas, en el sentido más literal y ordinario de la palabra. Esto no es una entrevista. Esto es una charla intensita de andalú a andalú, donde las zetas y las eses se mezclan con alegría y, si la cosa se pone seria, nos vamos de cervecitas. No intenten explicar la vida a los profundos surnormales, ni a los surnormales profundos.

Tengo que empezar por el prólogo. ¿Por qué Risto Mejide? ¿Vuestra amistad es postureo?

¿Por qué? ¿Te parece una mala opción, o crees que no conocía a más nadie? Jajaja.

Me parece una opción curiosa…

Risto es muy amigo. Este libro además de entretener, va de dar la cara pa’que me la partan. De tocar los huevecillos y, en esa línea, es bueno que te apadrine y bendiga Risto Mejide. Además, como la surnormalidad la ponía yo en muchas cosas que hay dentro del libro, me apetecía que fuera alguien que se sintiera surnormal desde fuera de Andalucía. En este caso, puntúa doble que sea catalán con la que está cayendo. Creo que es una buena declaración de intenciones y, además, sabía que iba a venir a remar a favor de la obra, pero no de manera complaciente.

¿Pero tenía otras opciones?

Hombre, claro. Sería de ingenuos pensar que, si Risto me dice que no, me quedo sin prólogo en el libro. Pero así tengo opciones para el segundo libro, el tercero o el cuarto. En este, creo que por donde iban los tiros, era una muy buena opción que fuese él quien abriera boca.

Manu Sánchez durante la presentación de su libro 'Surnormales'.

Manu Sánchez durante la presentación de su libro ‘Surnormal profundo’.

Mete a Risto, pero también le mete caña a Cataluña. Con la que está cayendo…

No, a Cataluña no, a algunos políticos catalanes sí. Ahí está la trampa, cuando un político de algún sitio mete la pata, si criticas lo que ha dicho o hecho parece que le estás metiendo caña a todo el mundo. Son representantes del pueblo, pero no de todo el pueblo. Hacia el pueblo de Cataluña siento absoluta devoción. Estoy a favor de la autodeterminación de los pueblos, pero dependiendo de con qué argumentos. Si este argumento es el del racismo, la xenofobia, el supremacismo y la aporofobia, contra ese me rebelo.

¿De dónde viene la palabra surnormal?

Quería crear un concepto nuevo. El de la surnormalidad, que no está por debajo de la normalidad y tampoco por encima, sino que va más allá de la normalidad. Desde aquí, vemos las cosas de una manera porque tenemos un cristal con el que vemos la realidad, donde las tragedias somos capaces de convertirlas en cierta alegría. Una tendencia al humor que transformamos en supervivencia ante las cosas más duras que nos ocurren. Hay quien me ha dicho que es un título arriesgado, pero les he dicho “míratelo otra vez”. Probablemente, quien lo vea un título arriesgado, es que no ha visto el sur. De ahí esta surnormalidad, con la que no me reivindico, pero me represento.

A lo largo del libro, hace un repaso por sus columnas. ¿Qué le parece el columnismo que se está desarrollando en la actualidad?

Me parece arriesgado. He escuchado que “estamos tan acostumbrados a la mentira que decir la verdad es un acto revolucionario”. Al menos perseguirla. Estamos volviendo a que en las cenas familiares se diga “no se habla de política, no se habla de religión”. ¿Y por qué no? Tenemos que aprender a no estar de acuerdo. ¿Hay algo más agradable que discutir? Poner todo encima de la mesa y ver qué grises se nos escapan a unos y otros. Creo que dos personas que opinan diferente pueden llevar razón. Yo soy humorista, la comedia es a lo que dedico mis días. A mí la comedia que me gusta es aquella que mete un poco el dedo en el ojo y es crítica con la realidad.

Hoy en día no es fácil escribir sin molestar a nadie. Además, creo que siempre hay que molestar, aunque sea un mínimo

Me gusta molestar. Yo digo que el humor molesta gracias a Dios, sino me habría dedicado a otra cosa. Creo que el secreto es una cuestión de puntería. Yo hago humor con el terrorismo, pero intento molestar al niño de la Tomasa y al ISIS, que creen que poniendo una bomba en los espacios públicos nos van a hacer tenerles miedo y vamos a dejar de reírnos. Me parece un acto de rebeldía hacer humor contra los terroristas. Yo sería incapaz de hacer humor que dañase a las víctimas. Creo que hay dos formas de hacer el bien: siendo bueno con los buenos y malo con los malos. Si esto va de molestar a los malos, yo me apunto.

Manu Sánchez durante la presentación de su libro 'Surnormales'.

Es humorista pero también ha estudiado Periodismo, con lo cual tiene esa doble vertiente

El periodismo me gusta utilizarlo como herramienta, pero prefiero deshacerme de las gafas de periodista para esta tarea. Puedo permitirme ciertas licencias porque opero como cómico más que como periodista en según qué momentos. No podría haberme desnudado tanto si hubiese pensado que lo estaba escribiendo con la pluma del periodista. Prefiero pensar que me he podido desnudar porque lo he hecho con la nariz del cómico.

Entonces, ¿qué se consideras más, humorista, periodista o empresario?

Ponerme la etiqueta no me corresponde. Me gusta contar historias, algunas veces cristalizan en forma de obra de teatro, otras veces en forma de programa de televisión y, en este caso, en forma de libro. Al final, es meterlo todo en una coctelera y hacer las cosas como van apeteciendo. Lo que sí comparto como humorista y periodista es que creo que el humor no debe tener por ley ningún filtro, porque el humor es una forma de la libertad de expresión. Creo que la libertad de expresión no debería tener ningún límite legal. Sí tiene que tener límites sociales. El único límite que le pongo a mi humor y a mi libertad de expresión es la verdad. Si algo es verdad, creo que puedo decirlo. Del periodismo, me quedo con esa necesidad de ser fiel a los hechos, a no mentir.

En su libro se declara feminista. ¿Cree que faltan mujeres en los medios que expresen su voz?

Por supuesto que faltan voces de mujeres en todos los gremios. Sí tengo la sensación de que en el mundo del periodismo, aunque queda mucho camino por hacer, no es donde peor está la mujer. Pero sin lugar a dudas, todas las voces de mujer y todos los cargos de responsabilidad que puedan estar en manos de mujeres, me parecen justos y necesarios. Me atrevo a declararme feminista porque creo que es necesario que los hombres nos apuntemos al feminismo. Si no, será solamente el movimiento de las oprimidas contra los opresores. Los que estamos de manera natural en el lado de los opresores, tenemos que abrazar la lucha de las oprimidas. Pero tenemos que ser conscientes también de qué lugar tenemos que ocupar dentro de la lucha feminista.

Si pudiera entrevistar a una sola mujer feminista, ¿a quién entrevistaría?

¿A una sola mujer feminista?

Sí, a una mujer que le hiciera especial ilusión

Lo difícil es quedarme con una. Cuando me atreví a escribir la primera columna de feminismo, la primera mujer que me la bendijo fue Amparo Rubiales. Ella fue la primera mujer consejera y formó parte del primer gobierno democrático andaluz. Además, es profesora de universidad. Cuando Amparo me bendijo aquella columna, sentí la tranquilidad de que al menos había entendido cual era mi iniciativa.

Además del lenguaje, ¿Qué diferencias encuentras entre el periodismo que se hace en Madriz y en Andalucía?

Lo escribo con zeta porque adoro la ciudad de Madrid. Paso mucho tiempo en Madrid y me gusta hablar de Madrid con guasa, porque me refiero a esa parte capitalina y centralista de la ciudad. Creo que la principal diferencia con Andalucía es que el periodismo andaluz habla de lo que ocurre en Andalucía y el periodismo madrileño no se acuerda de que en Andalucía puede que esté ocurriendo algo. No entiendo por qué que corten el tráfico en Madrid, que es una noticia local de la ciudad de Madrid, abre los informativos a nivel nacional. No entiendo qué interés tiene para los vecinos de Tenerife, de Vigo o de Málaga que no se pueda meter el coche en el centro de Madrid. Precisamente, por ese centralismo, tengo compañeros periodistas que cuando se les está quedando mu malaje el telediario del medio día llaman a la sede de Málaga o Sevilla para pedirles un reportaje simpático de la caló. Tengo la sensación de que somos como la familia del pueblo, que viene aquí solo cuando hay fiestas o tragedia gorda.

Muchos estudiantes miran a Madrid como si fuese la tierra de las oportunidades. ¿Por qué cree que sucede?

Me gusta decir que a Madrid hay que ir, pero que ya no hay que irse. En Madrid hay oportunidades, pero tenemos que pelear el no tener que irnos. Creo que Málaga es un perfecto ejemplo de que se pueden hacer las cosas bien. Una ciudad industrializada apostando más allá del turismo y creciendo en otras direcciones. Algunos amigos me preguntan por qué no vivo en Madrid, y les respondo que por la misma razón por la que ellos no viven en Nueva York.

Aun así, sigue habiendo muchos estudiantes y jóvenes que tienen que irse para quedarse

¿Hasta cuándo?

Hasta que se dan cuenta que Madrid no es el centro, supongo

El problema no está en que esa Madrid capitalina se crea el centro del mundo. Eso sería muy generoso por su parte. Se creen el mundo. Si se creyeran el centro del mundo, estarían reconociendo que hay más mundo fuera. Tenemos que empezar a reivindicarnos desde aquí. Creo que el problema que tenemos en Andalucía es que somos pobres. Y por eso nuestro acento hay que corregirlo, porque es un acento de pobres, y por eso nuestra industria tiene que reivindicarse el doble, porque es una industria de una zona pobre. Y, como somos pobres, si a alguien le va bien aquí, es porque está subvencionado o porque alguien le debe un favor. Cuando nuestro acento no sea un acento de pobres, fin de la historia.

Manu Sánchez durante la presentación de su libro 'Surnormales'.

¿Nos quitaremos alguna vez el estereotipo de andaluz gracioso? ¿No se puede ser andaluz serio?

Se puede ser andaluz y serio a la vez que andaluz y gracioso. La gente cree que lo contrario de alegre es serio, y lo contrario de alegre es triste. Se puede ser alegre y serio. Los andaluces somos muy serios, lo que no somos es tristes. Cuando consigamos convencer a la gente de que el antónimo de alegre es triste, podremos empezar a convencerlos de que somos alegres y serios. Para reivindicarnos serios nos tenemos incluso que hacer los tristes, y ahí es donde estamos perdiendo una pelea.

¿Se puede emprender en Andalucía o hace falta irse a Madrid?

En Madrid hay muchas oportunidades, es una ciudad muy grande. El sistema centralista hace que haya muchas oportunidades, pero también que exista mucha más competencia. ¿Se puede emprender en Andalucía? Por supuesto que sí. En el turismo, somos una potencia mundial, es a lo que nos dedicamos. Esto demuestra que cuando nos dedicamos a algo, nos acabamos convirtiendo en los mejores, porque somos talentosos, trabajadores y creativos. Pero hay otros sectores que necesitan de una industrialización fuerte y de una apuesta fuerte en Andalucía. Desde la editorial de libros al cine o al teatro, pero este camino es largo. La mayoría de teatros en Cataluña son de gestión privada, porque tienen costumbre de teatro. Y porque han tenido una formación que en Andalucía no hemos tenido. Yo este primer libro se los dedico a mis cuatro abuelos que eran analfabetos. Tenemos que ver hacia dónde vamos, pero también de dónde venimos. El éxito se mide así.

Generación nini, millenials… ¿Por qué pureta? A fin de cuentas, ¿un pureta y un nini no son lo mismo?

Descubrí que era millenial en un anuncio de coches. Creo en la juventud. Cada generación aprende de la anterior. Me parece muy injusto cuando, para juzgar a la generación de hoy en día, cogen al tipo más maleducado que hay por la calle para decir “mira los jóvenes”. No, un maleducado es un maleducado, independientemente de la edad que tenga. A la gente no le tiene que dar miedo los cambios. Soy optimista crónico, no creo en los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Creo que el pasado está para respetarlo, conocerlo y mejorarlo. Yo creeré en los jóvenes le pongan el nombre que le pongan. No se puede llamar generación nini a la generación que más estudios tiene y que más se lo está currando.

¿Cree que existe una salida distinta a la universidad?

A mí siempre me parecerá el camino correcto la universidad. Vivimos en un mundo demasiado inmediato, donde creemos que un curso intensivo o un máster de una escuela privada suple la formación que da la universidad. El sistema universitario español sigue siendo muy válido y creo que siempre será una buena opción. Lo que está claro, es que a nuestra generación nos prometieron que la universidad era la panacea y se acabarían nuestros problemas, porque fue verdad para algunas generaciones anteriores. A mí cuando me tocó pasar por la universidad no me preguntaron qué era lo que más me gustaba, me dijeron lo que tenía más salida. Comencé a estudiar ingeniería en telecomunicaciones, pero no porque me gustara sino porque tenía salida. Yo deseaba terminar de estudiar para ponerme a escribir, y me di cuenta que nunca sería el mejor ingeniero. Entonces tomé la decisión de no dedicar mi vida a lo que más salida tenía sino a lo que más me gustaba, y elegí periodismo, el oficio junto a la construcción que más parados ha dado en esta crisis. Pero al final, cuando algo te apasiona acabas queriendo pelearlo un poco más.

¿Cree que la carrera de periodismo está planteada para salir luego a los medios de comunicación y al mundo real?

La carrera de Periodismo no tiene tanto tiempo, es relativamente joven. Los periodistas eran personas que pertenecían a una cosa casi al borde de la novela negra. Se movían en el fango del día a día. Sacaban la otra cara de las cosas. La formación en la universidad te da pilares, herramientas. Pero el periodismo tiene algo de practico que efectivamente falta, al igual que en otras carreras. Hasta que no te enfrentas al periodismo y abres la realidad no te das cuenta si el periodismo te da mareo o no.


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Sobre el autor
Rocío Sánchez

Rocío Sánchez

Estudiante de Periodismo en la Universidad de Málaga. Actualmente aprendiendo en Aula Magna. [email protected]

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