“El COVID-19 puede acentuar las tasas de suicidio entre las personas confinadas dado el impacto emocional de la pandemia”

“El COVID-19 puede acentuar las tasas de suicidio entre las personas confinadas dado el impacto emocional de la pandemia”


Luis Joaquín García es profesor de Psicología de la Universidad de Jaén y el principal responsable de la Red PROEMA (Promoción de la Salud y Bienestar Emocional en Adolescentes). En esta entrevista, el experto reflexiona sobre cómo afecta el confinamiento a la salud emocional de la población, en especial de los jóvenes y estudiantes universitarios. Y ofrece tres claves para cuidar la higiena mental durante la cuarentena: mantener la calidad del sueño (estar activo durante el día y tener horarios de sueño regulares), realizar actividad física diaria y comer sano (evitando recurrir de manera compulsiva a la comida cuando se experimenta malestar emocional).

¿Cuáles son los principales efectos psicológicos y emocionales que puede tener el confinamiento en los jóvenes?

La situación de confinamiento en casa durante semanas puede generar oscilaciones en el ámbito emocional. Es una situación novedosa y sin precedentes que puede activar emociones y conductas positivas como altruismo, pero también puede provocar desajuste emocional en personas vulnerables emocionalmente. La falta de rutina y la sensación de que estamos viviendo una película puede bloquear nuestra vida y que nos cueste trabajo implicarnos intelectual y emocionalmente en el trabajo o en nuestras relaciones con los amigos. Junto a ello, la preocupación por los seres queridos que no podemos ver por la situación del confinamiento o ingreso hospitalario hace que nuestra mente tienda a vagabundear y genere una sensación de desorientación que puede llevar a conductas compulsivas para tener una falsa sensación de seguridad y control. Así, el miedo nos puede bloquear y llevar a conductas compulsivas como no comer o mirar internet de forma pasiva y continua para intentar llenar la sensación de vacío y de falta de control.

¿Informarse en exceso sobre el COVID-19 y sus consecuencias puede afectar a la salud emocional?

Hay personas que buscan información sobre el COVID-19 para intentar tener conocimiento y manejar la situación. Eso puede ser una estrategia de afrontamiento buena, siempre y cuando el tiempo destinado a buscar información no sea excesivo. Una manera de saber si es demasiado tiempo es prestar atención a cómo nos hace sentir. Por ejemplo, una persona quiere conocer qué hacer cuando el repartidor va a su alojamiento a entregar un paquete o comida a domicilio y, tras buscar información sobre esa cuestión concreta, se ocupa de organizarse para implementar un protocolo para recoger el producto. Ésa es una reacción positiva que probablemente le hará sentir alivio. Si por el contrario, tras acceder a la información, sigue buscando más y más información sobre esa noticia y otras relacionadas con el COVID-19, y al final no tiene claro qué hacer por saturación de información, probablemente se sienta cansada, agotada y agobiada. Es decir, la primera persona se ha ocupado de la situación, mientras que la segunda persona se ha preocupado pero no ha pasado a una acción concreta, y se ha quedado anclada a sus preocupaciones e inseguridades que, a la larga, generan cansancio y tristeza por no poder controlar la situación. La búsqueda de información puede ser buena o mala. Lo importante es diferenciar entre informarse con moderación y la sobreinformación. En ocasiones la sobreinformación puede ser perjudicial, a pesar de que nuestra mente nos pida estar pendientes de lo que ocurre en un intento de  buscar una falsa sensación de seguridad. De hecho, se ha encontrado que las personas que dedican más tiempo a investigar y buscar información sobre el coronavirus están mas irritables, deprimidas y tensas al día siguiente. No es sano estar pendientes del mismo tema de manera constante, puede ser una conducta compulsiva para intentar reducir los pensamientos de miedo e incertidumbre.

¿Cómo afecta el confinamiento, concretamente, a los estudiantes universitarios?

Millones de estudiantes están pasando más tiempo del habitual en sus casas adaptándose a este nuevo panorama, con la incertidumbre adicional de desconocer si se van a alterar plazos de lo exámenes, o la realización de prácticas externas, por poner algunos ejemplos. También deben adaptarse a las nuevas exigencias de un nuevo entorno de docencia virtual para el estudio así como a nuevas formas de relacionarse con sus compañeros y compañeras. Dada la importancia de las relaciones interpersonales en el desarrollo de competencias no sólo académicas sino también personales, los universitarios están en una situación de riesgo. De hecho, los estudiantes universitarios y los jóvenes adultos son quienes peor están viviendo el confinamiento según un estudio con 2000 españoles, llevado a cabo por la Universitat Jaume I y Universidad de Murcia.

 ¿Qué pueden hacer los universitarios para sobrellevar esta situación?

A nivel de estudios respetar los horarios para estudiar, teniendo en cuenta que la realización de actividades académicas requiere una capacidad de concentración que en estos momentos puede estar alterada. Evitar distraerse de los estudios y usar el móvil o dispositivos electrónicos para mirar redes sociales e internet de manera compulsiva. Ser compasivo con uno mismo si es difícil mantener la concentración, pero es crucial ser firmes y no usar el móvil o comer de manera compulsiva para intentar reducir el nivel de ansiedad que, por el contrario, genera un bajo estado de ánimo a largo plazo. Estudiar un poco todos los días y evitar los atracones de última hora. Adaptarse a la incertidumbre de posibles cambios de fechas de exámenes o trabajos, así como la adaptación a nuevas demandas como consecuencia del cambio de docencia presencial y telemática. Otro aspecto a tener en cuenta es el cambio de vivienda habitual de los estudios. Es posible que los universitarios estén confinados con personas con las que no suelen convivir. El ajuste a la situación dependerá de con quien conviven y el grado de cercanía emocional con esas personas, bien sea si son padres, compañeros de piso, amigos, hijos, pareja, o personas dependientes a cargo. Por ejemplo, en el caso de que antes del confinamiento el universitario viviera solo o en un piso de estudiantes y ahora viva con los padres. Esta situación genera que haya otras normas y el estudiante no pueda decidir libremente aspectos de la vida cotidiana como cuando vivía fuera de casa de sus progenitores.

¿Qué impacto psicológico va a tener el confinamiento a corto y a largo plazo en la población?
Por una parte, los datos científicos han puesto de manifiesto la existencia de un mayor nivel de ansiedad y oscilaciones en el estado de ánimo como consecuencia de no sólo un alejamiento o reducción de los apoyos sociales y ambientales habituales, sino también por el factor de incertidumbre sobre el pronóstico y evolución en aquellas personas que sufren un ingreso hospitalario o un confinamiento. En el caso de los jóvenes los problemas emocionales, tales como la depresión y la ansiedad, constituyen los trastornos de salud mental más comunes debido a la importancia de las relaciones interpersonales. Además, la depresión es el mayor contribuidor al suicidio, un problema que es la segunda causa de muerte entre los jóvenes. El COVID-19 puede incluso acentuar las tasas de suicidio entre las personas confinadas dado el impacto a nivel emocional de la pandemia. Por tanto, hay que implementar procedimientos terapéuticos que aborden tempranamente los síntomas, antes de que evolucionen y, a corto plazo, depriman el sistema inmunológico con consecuencias en la salud física. A largo plazo, pueden generar un grave problema de salud pública al incrementarse la prevalencia de problemas de ansiedad, depresión y suicidio. Todo ello es especialmente importante en población joven aún más vulnerable como las migrantes, mujeres y minorías (sexual, religiosa, lingüística y étnica).

¿En qué iniciativas está colaborando el personal que forma parte de la Red PROEMA para paliar estos efectos?

La Red PROEMA ha realizado una campaña de sensibilización sobre la importancia de la salud y bienestar emocional en la era del coronavirus a través de sus redes sociales. Además, la red está colaborando con el INJUVE, del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, y con el Centro Nacional de Innovación e Investigación Educativa, del Ministerio de Educación y Formación Profesional, para enfatizar la necesidad de que se cuide los aspectos emocionales.  Por otra parte, el equipo de la UJA que lidera PROEMA ha puesto a disposición el estudio DAREMOS, que ofrece evaluación de su estado emocional e intervención gratuita dentro de sus recursos a estudiantes de 12 a 18 años en sus centros escolares. En población universitaria, el Gabinete de Psicología de la UJA proporciona asistencia psicológica especializada en esta crisis para la comunidad universitaria. Y por último, se está trabajando en conseguir financiación para ofrecer detección e intervención gratuita a jóvenes que están confinados o ingresados y que muestren problemas de ansiedad y depresión.

Dentro de la comunidad universitaria, ¿qué colectivos son más vulnerables al confinamiento?
Los estudiantes internacionales, por la lejanía de sus seres queridos y la preocupación, no sólo de estar contagiados, sino de que un ser querido que se encuentra lejos pueda enfermar, o incluso fallecer. Además, el escaso conocimiento de lo sistemas de salud en un país desconocido, la adaptación a una nueva cultura e idioma puede dificultar el acceso a la sanidad.  Así como los estudiantes con vulnerabilidad a la hipocondría, personas sociables para quienes las relaciones interpersonales son cruciales en su vida diaria, deportistas, personas vulnerables a problemas emocionales como las minorías de tipo sexual, religiosa, étnica o lingüística. Personas con problemas sueño, o con baja tolerancia a la frustración.

¿Cómo mantener la higiene mental y psicológica durante el confinamiento?

En primer lugar, hay que resaltar la necesidad de cambiar el concepto de control por el de responsabilidad común. Centrarnos en que estamos haciendo un bien para los demás y la sociedad. Quedándonos en casa estamos salvando vidas. Una medida que puede adoptar cada persona es aceptar la situación y canalizar los miedos realizando conductas que permitan expresar emociones, como cantar, reír, hacer ejercicio, cocinar, hablar con los seres queridos o ver películas de comedia. En definitiva, ocuparse en lugar de preocuparse. Igualmente, ser altruista y apoyar a otras personas te puede fortalecer individual y globalmente. Por ejemplo, ayudar a vecinos mayores, o compartir tu don o habilidad con el resto del vecindario, como por ejemplo cantar o tocar un instrumento en un horario que no moleste. Es esencial mantenerse en contacto con los seres queridos y, en el caso de que una persona se encuentre sobrepasada, buscar ayuda profesional de una especialista en salud mental.

¿Cómo afrontar las carencias de socialización, salidas al exterior y encuentros presenciales de la situación actual?

Es imprescindible introducir en la rutina momentos de soledad y tranquilidad en el día a día en la medida que la vivienda lo permita, porque la convivencia todos juntos, tanto tiempo y de manera indefinida puede generar muchos roces. También es muy importante hablar de lo que estamos sintiendo para permitir el flujo de emociones, especialmente en aquellas personas con escasa regulación emocional y que se sienten a punto de estallar. Por otra parte es esencial evitar el peligro de sentirse solo. Para ello se recomienda participar en los grupos, utilizar los foros, ponerse en contacto con los compañeros y con el profesor para preguntar dudas académicas. La soledad es un gran peligro para la salud y bienestar emocional. Junto con ello, el ocio es imprescindible para dar descanso a la mente y el cuerpo. La tecnología actual nos ofrece una gran cantidad de formas de mantenernos en contacto con nuestros seres queridos y de tener un ocio activo.

¿Que conductas y comportamientos pueden alertar sobre problemas de depresión y ansiedad? ¿Y cómo pueden prevenirse?

Es crucial fomentar un ambiente de confianza y empatía en el hogar para que las personas confinadas puedan expresar sus inquietudes y plantear su punto de vista con el resto de personas con las que comparten el alojamiento. Por ello conviene mantenerse atento al comportamiento y las expresiones de malestar de las personas con las que convives. Si bien es normal que se muestren algo más alterados, sobre todo ante el confinamiento en casa, hay señales de alarma que merecen atención, como el incremento o disminución de apetito, la irritabilidad, el exceso en el uso de las nuevas tecnologías, dejar de hacer cosas que le gustaban hacer, cambios en el patrón de sueño y en el estado de ánimo, cambio en la manera de hablar o relacionarse con el resto de las personas con las que se convive, verbalizaciones de que no quiere vivir o conductas autolesivas. En estas situaciones, es bueno hablar con esa persona para conocer si está pasando por alguna situación que le preocupa.


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