Loli Rosa: “vale la pena arriesgarse y salir de nuestra zona de confort por las personas que vais a ayudar”


La estudiante del tercer curso de Educación InfantilLoli Rosa Mata, de 21 años y procedente de la aldea Los Algarbes, perteneciente al pueblo de La Carlota, nos cuenta a través de esta entrevista como fue su proyecto de cooperación en la provincia nicaragüense de Carazo, al igual que Natalia López y María Ángeles Tenor, también alumnas de la Universidad de Córdoba.

¿Habías participado anteriormente en algún programa con características similares?

No. Esta ha sido la primera experiencia en cooperación además de ser la primera vez que salgo fuera de España por lo que ha sido algo muy significativo en mi vida. Loli Rosa Mata impartiendo clases de inglés durante su proyecto de Cooperación en Nicaragua

¿Qué te incitó a participar en una experiencia como esta?

Durante el curso pasado, me comentaron que una ONG llamada Setem organiza cada año cursos con la temática de Educación para el Desarrollo. Me llamaron la atención los temas que iban a tratar (desigualdades norte-sur, comercio justo, etc.) por lo que me apunté movida por las ganas de aprender. Una vez en el curso, descubrí que existía la oportunidad de colaborar en campos de trabajo en América así que continué la formación sin estar segura del todo sobre si viajaría o no. Más tarde, descubrí la posibilidad de diseñar un proyecto y presentarlo a la convocatoria de becas del Área de Cooperación de la UCO, lo que me permitiría financiar mi estancia de voluntariado a la vez que crear y desarrollar un proyecto con la ayuda de una tutora universitaria. La verdad es que no lo dudé y me puse en contacto con las personas responsables para llevar a cabo la solicitud.

¿Cómo ha sido el proyecto: temática, lugar, duración, participantes, etc.? ¿Cuáles han sido las tareas que has tenido que realizar durante el plan de cooperación?

El proyecto que he desarrollado trataba del “Desarrollo de las emociones a través de actividades artísticas”. Lo llevé a cabo durante los meses de julio, agosto y septiembre del año pasado en Diriamba, un pueblo en la provincia del Carazo, Nicaragua. Concretamente, lo realicé con el alumnado del preescolar comunitario de una escuela, de entre 3 y 5 años. Estos niños y niñas tienen circunstancias sociales bastante difíciles, lo que hace que llegar diariamente hasta a escuela sea un logro.

La escuela en la que colaboré forma parte de la Asociación Pro Ayuda a la Niñez nicaragüense (APAN), una organización que nació con el propósito de defender los derechos de la niñez, la adolescencia, juventud y familias de extrema pobreza y en riesgo social. La parte en la que cooperé de la asociación fue, además de desarrollar mi proyecto con el alumnado del preescolar, impartiendo clases de inglés a adolescentes, ya que en Nicaragua no tienen esta materia como obligatoria dentro de la escuela; y dinamizando un grupo que pertenece a un proyecto del estado llamado “Red de niñas” y que tiene el propósito de empoderar a las mujeres adolescentes.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de esta experiencia?

Lo que más me ha impresionado es darme cuenta de que todo el mundo tiene algo que aportar a los demás. No es necesario tener un título o formar parte de ninguna asociación para ayudar, solo basta con querer y ponerse manos a la obra. A veces, se tiene la visión de que hay que viajar lejos para hacer cooperación o voluntariado, sin embargo, basta con salir a la calle con los ojos un poco abiertos para darse cuenta de que hay muchas personas con necesidades a nuestro alrededor que nosotras y nosotros podríamos ayudar simplemente dedicándoles una parte de nuestro tiempo. Niña de preescolar participando en el proyecto de la estudiante cordobesa

¿Qué te ha aportado este proyecto personal y profesionalmente? ¿Crees que aumentará tus posibilidades profesionales en el futuro?

Puesto que estudio educación, es bastante complicado separar lo personal de lo profesional ya que la herramienta más importante que poseemos los docentes es el ejemplo. Esta experiencia me ha sido realmente útil ya que ha sido todo un reto para mí. He estado cooperando en un colegio en el que no había ningún guión a seguir, cualquier cosa que quisiera hacer debía ser creada, organizada y llevada a cabo por mí, lo que es una gran responsabilidad al estar tratando con personas continuamente. Por lo tanto, he aprendido a enfrentarme a la incertidumbre, he desarrolla mucha confianza en mí misma personal y profesionalmente y sobre todo, ahora soy consciente de que puedo desenvolverme más fácilmente en situaciones que antes ni habría imaginado. Así que pienso que mis posibilidades profesionales sí que aumentarán debido a que he adquirido competencias y destrezas que no podría haber desarrollado de no haber participado en este proyecto de cooperación.

¿Qué ha aportado tu universidad al proyecto? ¿Qué facilidades te ha dado la universidad?

La universidad se encargó de proporcionar la financiación necesaria para desarrollar el proyecto y costear el transporte. Además, para la creación de este, tuve a mi tutora Mª del Mar García Cabrera, la cual me orientó y me dio la confianza que se necesita cuando haces cosas totalmente nuevas.

La parte de alojamiento y manutención corrieron a cargo de la ONG, que también fue la encargada de ponerme en contacto con la contraparte en Nicaragua en la que desarrollé el proyecto.

¿Qué consejos darías a estudiantes que vayan a realizar algún proyecto de Cooperación en el futuro?

Les diría que no tenga miedo de hacer y crear cosas distintas al resto. La cooperación te da la oportunidad de conocer otros países de forma diferente a la habitual, la turística, y eso es una gran ventaja porque conoces la historia y cultura a través de personas que viven allí y con las que vives cada día.

También les animaría a trabajar y crear proyectos porque, aunque parezca que es difícil, una vez que empiezas a involucrarte en este tipo de experiencias, te das cuenta de que tienes un gran potencial y de que vale la pena arriesgarse y salir de nuestra zona de confort por las personas que vais a ayudar y conocer, que son únicas. Y si este es vuestro primer reto, ya veréis que el siguiente es aun más grande. Loli Rosa Mata junto a la familia nicaragüense que la acogió en su casa


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