Una aguja en un pajar

Una aguja en un pajar


Cada año son miles los egresados de las universidades españolas que buscan su primera oportunidad en el mundo empresarial, pero ¿ante una realidad saturada  es posible destacar? La solución que se da es la especialización, una suerte de titulaciones que busca permitir a los estudiantes poder sobresalir entre la lista cada vez más larga de graduados.

Los problemas sobrevienen cuando esta especialización, básica para poder acceder al mercado laboral, se hace inaccesible a muchos por los altos costes. Desde las Universidades Públicas se busca dar solución al problema desarrollando programas de ayudas a las matrículas, algo que aunque útil no soluciona completamente el problema.

La diferencias de precios ya no solo entre las titulaciones de distintas comunidades, sino incluso entre los propios posgrados de una misma universidad sigue cerrando puertas. Más aún cuando se trata de másteres habilitantes, necesarios para el ejercicio de la profesión. Mientras un grado como Derecho admite cada curso más de 300 nuevos alumnos, el máster que habilita para ejercer como abogado solo da cabida a unos 160.

¿Qué hacemos con todos esos graduados que, aun con el título aprobado no pueden ejercer? Las protestas desde el estudiantado se refuerzan ante esta realidad

 

Si bien es cierto que ampliar las plazas no siempre es la respuesta, pues los recursos son limitados, la solución no se debe dejar esperar. La lista de alumnos cada año continúa aumentando, las salidas laborales siguen reduciéndose y, la necesidad de especializarse se convierte cada vez más en el requisito indispensable que hace rascarse los bolsillos.

En España nos enorgullecemos de una Educación Pública superior que permite entrar a la Universidad a la mayoría de la población, pero no tenemos en cuenta que la formación académica no culmina a los cuatro años.

La aguja en el pajar, es decir el estudiante que ha podido formarse aún más, salir fuera y realizar prácticas se convierte a la vez en el estudiante que dispone de más recursos.

Otro mundo son las titulaciones no habilitantes, que sin necesidad de obtenerlas para ejercer la profesión sí son imprescindibles para salir al mercado y ser tenido en cuenta.

Cientos son los ingenieros que desde industriales se acreditan cada año, pero ¿cuántos de ellos pueden ofrecer algo más en su currículum? Sin una especialización que les de el pequeño escalón para sobresalir irán, como tantos otros, a las colas del paro, o  en lo que cada vez viene siendo más habitual: las barras de servicios de comida rápida.

El origen del problema está bien señalado, sin ayudas y precios asequibles la especialización se convierte en un objeto deseo inalcanzable. Se abren las puertas de los grados mientras se cierra la de los posgrados, la educación mantiene su pequeño sesgo elitista. En Andalucía todavía tenemos un pequeño espacio de libertad y regulación con las horquillas de precios más bajas, pero no es la dinámica del resto de España, más si cada vez se valora el salir del espacio de confort de una institución para aumentar los conocimientos gracias a las especializaciones en otros centros.


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