Habitación para estudiar

Habitación para estudiar


Un estudiante en sus años universitarios a veces duerme. La mala fama le precede, pero cuando los codos enrojecen por el peso de las tareas académicas o la juerga de la marcha cesa, necesita una habitación decente donde descansar. Se han puesto caras. Hay ayudas públicas para los que no son de la ciudad. Aun así, los números no cuadran. La burbuja expansiva de los alquileres, también ha cargado los precios de pisos para compartir. La zona de Teatinos/UMA, próxima a la ciudad universitaria malagueña, lleva la delantera.  Si un estudiante alquila lejos de allí, puede salirle en algo menos. Pongamos que en vez de pagar 350€ pueda encontrar habitación por 300€, incluidos los servicios. Tendrá que sacar la cuenta. A la lejanía se le suma el transporte. Aún no se ha establecido un billete integrado Metro-Bus, como en otras grandes ciudades. Málaga es la sexta mayor de España. Ya están tardando, opinan quienes madrugan en Bus o Metro para llegar a la clase de las 08:30.

Hay que considerar que la alta demanda de los estudiantes que vienen desde la provincia influye en la subida de los alquileres. Y agregar la escasez de residencias universitarias suficientes, como en las grandes universidades del mundo, para alojar a los foráneos. Centros que contribuyen a abaratar esos costes, así como a la necesaria y productiva convivencia entre jóvenes en esa etapa fundamental de su formación como ciudadanos. El patio es propicio para que los propietarios de pisos sean caseros sin piedad. Prefieren alquilar a turistas pasajeros que a estudiantes fijos por un curso entero. La ley del mercado marca la tendencia a ese disparo mensual que es conseguir una habitación para estudiar.

Con una beca-ayuda pública de 1.500€/año cubrir esos alquileres es imposible. La cuenta es simple: 250€/mes por 10 meses de curso, da 2.500€. Y eso si cumple los requisitos: 1) Residencia familiar fuera de la ciudad; 2) nota media en la carrera de, al menos 6/6.5; 3) cubrir un mínimo de créditos/asignaturas y 4) estar por debajo del umbral económico familiar, que es relativamente bajo. Ocurre igual con el famoso programa de la UE ‘Erasmus’, donde el aporte estatal jamás cubre los costos al estudiante seleccionado.

La relación precio-calidad de los pisos y/o habitaciones tampoco está supervisada. El premio es conseguir lo mejor posible al precio más bajo. Una odisea que apremia a los estudiantes a punto de empezar este curso académico. Aunque la educación superior en España es la más barata de su entorno europeo, llegar a fin de mes supone un esfuerzo para las familias con estudiantes en las universidades. Las ofertas gubernamentales de estos días prometen (son buenos en tal oficio) matrículas gratuitas a las chicas que estudien carreras, tradicionalmente plagada de chicos. Éstos dicen que es un agravio comparativo. Piden, por ejemplo, que si estudian Enfermería siendo hombres, se les aplique el mismo descuento. Nunca llueve o hace terral a gusto de todos.

El lado positivo de esta experiencia estudiantil es que enfrenta, tal vez por primera vez, a los jóvenes con la cruda realidad. Una sociedad democrática, la menos mala conocida, que hace aguas al no poder aplicar ese estado de bienestar ideal sobre la que fue fundada. La vida mancha y empieza en la carrera universitaria. Comienza el curso, como decíamos ayer.

Por Carlos Pérez Ariza
@OraculoCharlie


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