“Hay momentos en los que iba escribiendo que me asustaba a mí mismo”


1916. Barcelona. Tres líneas argumentales que se unen en una sola historia. La intriga y el misterio recorren las páginas de la nueva obra de Toni Hill, Los ángeles de hielo te dejaran dudando si el que está delante del espejo eres tú mismo. Tras su presentación en Málaga pudimos hablar con el autor sobre su recorrido como novelista y sobre su nueva obra, la cual prevé ser un éxito de ventas tal y como ha sido la saga del inspector Héctor Salgado, obras que supusieron el reconocimiento nacional e internacional de Hill. .

A través de uno de los géneros más intrigantes, la novela negra, Toni Hill hace un recorrido por las calles de Barcelona y Viena de principios del siglo XX, para presentar la historia de Frederick Mayol, un joven psiquiatra que se verá envuelto en un extraño caso que cuestionará su percepción de la realidad. Esta es la línea general de la obra, que inyecta al lector una dosis adictiva hasta el fin de las páginas.

Toni Hill, catalán con ascendencia inglesa, es licenciado en psicología, estudios que le han valido para construir sus complejos personajes y abrir la mente humana a situaciones de difícil explicación. En su carrera, este novelista comenzó como editor y traductor de obras en inglés, experiencias que le ayudaron a dar el salto a crear sus propias obras. No fue hasta 2011 que decidió escribir su primera novela, pues “si ya te dedicas a algo que estructuralmente es lo mismo, te sientas delante del ordenador y cuando terminas no tienes ganas de dedicarte a lo tuyo”. En su curriculum de traductor aparecen obras como  El oscuro pasajero, de la saga del psicópata forense Dexter o la Isla de los cazadores de pájaros, de Peter May, también dentro del género negro, que le han servido para hacer de su escritura una prosa ligera y viva.

“Cuando eres traductor estás acostumbrado a escribir en general, buscas que los párrafos tengan musicalidad y sean cerrados, esto hace que mi primera novela no pareciera la primera, pues hay muchas influencias que te quedan de manera inconsciente”.

En su última obra, Los ángeles de hielo, aparecen referencias a su anterior trabajo como traductor, siendo la más importante la presencia de Jane Austen, así como el estilo de Charlotte Bronte o los propios cuentos de E.T.A. Hoffmann, como El elixir del diablo, donde la presencia del doble hace que no sepamos bien quién está detrás de la máscara del héroe. Toda esta base literaria viene por el interés del propio autor de “hacer un homenaje a toda la literatura gótica y de fantasmas, jugar con el universo en el que estas se mueven”, así como “irme al otro lado del género negro, que no es el puro, construir algo más psicológico y fantasmagórico”. El propio Hill señala que la novela busca ser más intriga psicológica que género negro, ofreciendo al lector una sensación de inquietud constante que le lleva a devorar la historia.

“Hay momentos en los que iba escribiendo que me asustaba a mí mismo, va cogiendo oscuridad”

Sobre la construcción litearia, Toni Hill nos expuso su proceso de trabajo, recalcando la importancia de pensar la historia antes de darle forma. “Yo necesito que las ideas hayan fluido antes. De esta novela, cuando ya tenía la historia organizada, piensas en  darle forma” pudiendo de este modo señalar los tipos de escenarios y estilos de escritura. Una de las características más importantes de esta novela es la presencia de tres tipos de narradores, que llevan al lector por tres espacios y momentos diferentes y le transmiten una percepción de los hechos que no deja claro la existencia de una única  realidad. El uso de la primera persona, junto al clásico narrador omniscientes y el inusual narrador en segunda persona hacen que Hill haya experimentado todos las posibles relaciones autor- personaje “llegas a una compresión absoluta con la primera persona, cuando terminé tenía la sensación de que ya lo había escrito todo. Tuve que tomarme unos días para volver a narrador clásico”. La dificultad de ponerse en la piel de una de las protagonistas, una mujer de principios de siglo, culta y con personalidad propia, se contrapone a la construcción del escenario de otro de los protagonistas, narrador en segunda persona que solo conoce parte de la historia. Un narrador decimonónico que presenta y concluye la historia, dándose el privilegio de interrumpir cuando considera que el lector debe conocer algún detalle. “A media novela, me venía bien que diera unas notas, que ninguno de los otros personajes puede saber, es lo más original narrativamente hablando”.

Transportándose a una Barcelona de principios de siglo, la documentación que su autor utilizó para escribir la obra se hace presente en la misma a través de referencias a Freud, exponiendo el psicoanálisis de cada personaje, un relato vivo de los acontecimientos históricos y de la propia personalidad de los actores. Tal y como expresa Toni Hill, el objetivo es que “leas la novela y te sientas en el sitio, por el contexto, que seas capaz de sentir como se vivía en ese momento histórico, desde cómo se desayunaba a cómo se veían las noticias de la guerra”.

Los ángeles de hielo son aquellos seres acomplejados, que por un proceso propio se sienten asexuados y no son capaces de transmitir sentimientos. Un título escogido antes de la creación que da sentido a cada escenario, dotando a los personajes de diferentes niveles patológicos donde el mal se hace presente desde el interior, pues “la maldad la tenemos nosotros dentro” y el que está delante del espejo puede no ser quien queramos.


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