Investigadores de la UAL participan en el proyecto europeo de agricultura sostenible BRESOV

Investigadores de la UAL participan en el proyecto europeo de agricultura sostenible BRESOV


A día de hoy, investigadores de la Universidad de Almería participan en el Proyecto europeo BRESOV cuyo objetivo es lograr una agricultura sostenible mucho más eficiente que la actual. Un trabajo para el que, en el caso de los científicos de la institución almeriense, se trabaja en hacer más sostenible aún el cultivo de tomate en condiciones adversas. Así, con 6 millones de euros de financiación de la Unión Europa, la participación de 21 socios y 11 países, los grandes números del Proyecto BRESOV llaman la atención por sí solos; pero la relevancia de sus objetivos es incluso mayor.

En este sentido, su nombre surge del acrónimo ‘Breeding for Resilient, Efficient and Sustainable Organic Vegetable production’, y en él subyacen las claves de los objetivos marcados, en los que encaja a la perfección la trayectoria de uno de los grupos de investigación de la UAL más expertos en colaboración internacional. Y es que la “continuidad en nuestra apuesta por esa línea durante estos años, haciendo investigación de calidad, en la que tratamos de conocer qué genes resultan esenciales para que la planta pueda equilibrar la producción de fruto con los estreses ambientales” han sido el motivo de su participación, señala Rafael Lozano, responsable del Grupo ‘Genética y Fisiología del Desarrollo Vegetal’ de la Universidad de Almería. Grupo incluido como uno de los socios “más relevantes en tanto que participa en todos los objetivos del proyecto”.

BRESOV, por una agricultura sostenible

El propio Rafael Lozano ha dado las grandes líneas maestras de BRESOV, que está dentro de una de las “convocatorias prioritarias del Horizonte 2020 de la UE” y que “tiene como gran esquema de trabajo poder responder, en el ámbito de las Ciencias Agrarias, a los nuevos retos que tiene la agricultura de los próximos años”. Y entre ellos destaca “que los cultivos puedan hacer frente a los desafíos que plantean tanto el calentamiento global como la incidencia de nuevas plagas y enfermedades” y, lo más importante, “promover sistemas de producción agraria más sostenibles, integrando productividad y calidad y seguridad alimentaria”.

De este modo, con BRESOV pretenden que dichas consecuciones se alcancen “a partir del desarrollo de nuevas variedades principalmente de tres cultivos, el tomate, brásicas (brócoli, col, coliflor) y la judía”. Para ello, comenta Lozano, en la UAL “vamos a evaluar gran parte de la diversidad genética presente en el cultivo de tomate, tanto a nivel agronómico, en campo, como genético, con técnicas de análisis y secuenciación de ADN de nueva generación”.

Por lo tanto, con el fin de lograr una agricultura sostenible, el objetivo es “propiciar el desarrollo de nuevas variedades mejor adaptadas, que se desarrollen, crezcan y sean realmente productivas en condiciones de menor disponibilidad de agua, así como de temperaturas altas”. Una labor para la que “trataremos de identificar nuevo material vegetal, lo que se llama accesiones de tomate, que sean portadoras en su genoma de genes de interés para afrontar los factores adversos indicados”.

Así pues, en su cometido, la UAL localizará las accesiones de ‘mejor adaptación’ y en ellas, con aplicación de “técnicas genéticas novedosas de análisis genómico”, participará en el desarrollo nuevas variedades que pudieran responder mejor a esos retos de la agricultura sostenible; que son también la “resistencia a patógenos, plagas y alta salinidad en algunos países mediterráneos”.

Destacar que dos requisitos fundamentales en el proyecto son que “estas nuevas variedades estén bien adaptadas a cultivo ecológico y orgánico” y que “puedan ser ensayados en diferentes zonas productivas europeas, de ahí la naturaleza ‘multiactor’ del proyecto”, recalca Rafael Lozano.


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