Adiós, con la cabeza alta

Adiós, con la cabeza alta


He estado cuatro años como presidente del Consejo Social de la Universidad de Málaga, todo un honor porque además de conocer esta compleja institución por dentro, me ha permitido gozar de la amistad de no pocas personas, entre ellas el rector José Ángel Narváez y equipo de Gobierno, con mayor cercanía y disposición de trabajo don Juan Antonio García Galindo, Diego Vera y Miguel Porras. Con ellos fue posible enriquecer mis conocimientos y mi amistad y de ¡qué forma! Gracias. He sentido la Universidad como algo propio y de ello pueden dar fe quienes me han aguantado en el día a día, con cuatro años de intenso trabajo, como han sido Marisol Luque, secretaria general del Consejo Social y dos excelentes y eficaces trabajadores como son José Antonio y Conchi. Vaya mi respeto y mi sentido agradecimiento porque sin ellos, sin el esfuerzo del día a día y su sabia comprensión a mi persona y a mis ideas, sobre todo cuando parecían salirse de madre, nada hubiera sido igual. Y, por supuesto, a los directores de Área del Consejo, Ernesto Pimentel, Prudencio Rodríguez, Fernando Gómez y Mariano Barroso. Y, por supuesto, al plenario en su conjunto. Entre todos hemos hecho realidad que el Consejo Social de la UMA haya obtenido el reconocimiento que bien merece, dentro y fuera de la Universidad.

En estos cuatro años al frente del Consejo Social de la UMA tuve especial consideración por parte de los medios de comunicación y de ellos destaco Aula Magna, El Periódico Universitario porque no solo me abrió sus páginas para expresar mis puntos de vista en cuestiones universitarias, sino también por su destacado papel en la convocatoria, que debe seguir, de los desayunos con el Foro de los Consejos Sociales de las 9 universidades públicas andaluzas, como por la atención que hubo en sus páginas de las numerosas iniciativas realizadas por el Consejo de Málaga.

De esta etapa en mi vida no me quedan más que gratos recuerdos. Amar a la Universidad es conocerla y yo le he hecho, sin escatimar esfuerzos, siempre gratos. Yo sé que también he sido un permanente incordio en defensa de la Universidad Pública y oposición radical a los recortes del presupuesto universitario que pretende este Gobierno que preside Bonilla. Puede, incluso, que esta actitud irrenunciable de lucha por la Universidad en la que creo y en la que me formé  en la lejana década de los años sesenta o en mí, también, irrenunciable posición a favor de la enseñanza pública y universal, en acendrada defensa de la igualdad de oportunidades y en favorecer y defender a los más oprimidos, a los más olvidados; en definitiva, haber respondido, desde siempre, a la exigencia de una sociedad solidaria e igualitaria, alejada del feroz neoliberalismo que nos quiere asolar, puede que esté en la esencia de mi cese. Si es así, y así lo creo, bienvenido sea. Ya es lamentable que una institución como es el Consejo Social de la Universidad esté en la almoneda del trueque político, pero es lo que hay.

Como me decía un gran amigo, a los 77 años uno tiene el derecho de escribir y decir lo que se piensa, sin miedos y censuras. Lo  he hecho toda mi vida y no voy a renunciar a ello pese a que desde la presidencia del Consejo Social de la UMA se puede, y se debe realizar una intensa labor para acercar la sociedad a la Universidad;  lo que yo he hecho y deseo a mi sucesor que, a buen seguro, sabrá comulgar y mejor con el Gobierno andaluz que rige los destinos inestables de una Andalucía cada día más falta de los resortes intelectuales y sociales que la dignifiquen. Un  Gobierno donde la Universidad parece un jarrón chino y no el motor de crecimiento, formación e investigación que debe ser. Si queremos ser fuertes, ser competitivos, no más recortes, no más “tijeretazos” como señaló el rector de Cádiz. Por favor.

Dicho lo cual, me queda otro grato recuerdo si pienso en el Foro que integran los 9 consejos sociales de las 9 universidades públicas. Me he sentido gratificado trabando con presidentes y secretarias (os) del Foro. Hay conciencia de qué universidad queremos para Andalucía. Ojalá se consiga. Tienen ideas claras y el Foro, como tal es más preciso que nunca, aunque me temo que está tocado del ala y no por los ceses, el mío y el de Magdalena Cantero, de Almería. Y quiero equivocarme. Celebraré su lucha y sus éxitos porque he sido parte como vicepresidente que era. Me permitan dos presentes imprescindibles, el primero tiene nombre y apellidos, Prudencio Escamilla, presidente del Foro, hombre de bien, dominador de los resortes e intríngulis universitarios, hombre de diálogo y consenso, espécimen cada vez más raro en la sociedad polarizada que nos toca padecer y, en segundo lugar, a una mujer, secretaria del Foro, Olga de la Pascua, de la que aprendí la honestidad y la discreción en el trabajo y la responsabilidad en hacer las cosas bien y por derecho.

Por todo ello y por sentirme querido por los consejeros del Consejo Social de la UMA, excelentes colaboradores y fieles compañeros de fatigas y alegrías bien ha merecido esta etapa en mi vida a la que otros han echado el telón, que no yo. La grave situación de las universidades andaluzas, como tienen denunciado los 10 rectores, bien merece estar en alerta y en lucha. Y si tiene que dimitir el consejero de Hacienda, Juan Bravo, que se vaya con viento fresco.

He dicho.

Por Juan de Dios Mellado Morales
Expresidente del Consejo Social de la UMA.


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