Miguel Ríos, doctor del rock


El cantante granadino Miguel Ríos y el director del Centro Nacional de Supercomputación, Mateo Valero, han sido investidos este viernes como Doctores Honoris Causa por la Universidad de Granada. El Crucero Central del Hospital Real ha sido el escenario abarrotado de una emotiva conmemoración en la que la música ha sido protagonista.

Con gafas de sol, y ante los acordes de orquesta del ‘Bienvenidos’, todo un himno generacional de sello inconfundible, Miguel Ríos ha hecho aparición en la sede del Rectorado, que se ha quedado pequeña para albergar a todos los invitados y a los medios de comunicación presentes. La rectora ha presidido un acto en el que el protocolo de solemnidad que marca este tipo de citas ha quedado de lado en beneficio de un espectáculo que ha emocionado a los miembros de la comunidad universitaria y las administraciones granadinas. Han arropado a Miguel Ríos y Mateo Valero los periodistas Iñaki Gabilondo y Miguel Ángel Aguilar, el poeta Luis García Montero, y los artistas Joan Manuel Serrat y Víctor Manuel.

Pasado el mediodía ha comenzado el acto, en el que el primero en pronunciarse ha sido el doctor Alberto Prieto para presentar al nombrado Honoris Causa Mateo Valero. Tras un repaso por sus méritos y distinciones, así como una mención a sus más de 600 publicaciones, Prieto se ha detenido en su labor como responsable del Centro Nacional de Supercomputación, situado en Barcelona. También se ha referido al inicio de las relaciones de Valero con la UGR, que se remontan al año 1979, y a su participación en el proyecto Human Brain. Prieto ha definido al doctorando como un buen ejemplo del dicho “a mayor grandeza, mayor llaneza”.

El doctor Valero, tras agradecer al Departamento de Arquitectura y Tecnología de Computadores, ha ensalzado el “nivel alcanzado por la UGR en el ámbito de las TIC”. También ha hecho alusión a los ocho premios Nobel que también han sido distinguidos con el nombramiento Honoris Causa.

En su discurso ha puesto en valor a la educación como “el instrumento más poderoso que tenemos para cambiar el mundo”, y a la investigación como “uno de los principales motores que tiene un país para crear riqueza”. Valero ha abogado por un “pacto para la ciencia, sólido, duradero e inmune a los cambios políticos”. Tras rememorar algunos de los proyectos en los que ha participado y anticipar “una nueva era en la supercomputación”, ha agradecido a la rectora y al Claustro de la Universidad: “Una ceremonia como la de hoy colma toda una vida académica”.

Por su parte, Antonio Martín ha presentado a su doctorando, Miguel Ríos, en plena celebración de las 25 promociones de Licenciados y Graduados en Historia y Ciencias de la Música. Su intervención ha sido recorrido por los éxitos de Ríos y su contribución a la historia de la música española. “Posee una de las carreras más dilatadas e influyentes”, ha dicho sobre el granadino. Entre las 65 distinciones que Miguel Ríos ha recibido a lo largo de su trayectoria, Martín se ha referido a su nombramiento como Medalla de Oro de la Ciudad de Granada, al Mérito en las Bellas Artes, o el Premio de Honor de la Academia de la Música.

Miguel Ríos, que en toda la ceremonia ha dado muestras de su sentido del humor, ha bromeado sobre las “serias dudas que sobre mis merecimientos me embargaban” cuando aceptó la proposición de ser nombrado Honoris Causa. Desde el movimiento iniciático del rock, hace 65 años en Cleveland, hasta su salida de Granada para triunfar en la música y la eclosión musical granadina de las últimas dos décadas, el intérprete y compositor ha dado fe de la evolución del género.

Uno de los instantes más emotivos de su intervención ha llegado con las palabras de recuerdo a Carlos Cano y Enrique Morente, coetáneos de Ríos “a los que una muerte inesperada y, quizás evitable, se los llevó de nuestro lado cuando estaban en su sazón creativa”. Por último, ha rogado a la UGR “que tutele con su solvencia intelectual, el desarrollo moral y material de la ciudad. Que interactúe con la universidad de la calle”. “El corazón de Granada late en su Universidad”, ha concluido.

Tras el juramento, la colocación del birrete y del anillo de la UGR, Pilar Aranda ha tomado la palabra para felicitar a los nuevos Doctores Honoris Causa de la institución que preside. Sobre Valero ha dicho que es “una muestra de lo mucho que hacemos bien en las universidades públicas de nuestro país”, por su trayectoria de excelencia en la docencia y la investigación, como pionero de la supercomputación en España.

De Miguel Ríos ha destacado su nombramiento como un “reconocimiento a la cultura ciudadana, a la música popular que ha acompañado a la ciudad y en la que los ciudadanos se educan sentimentalmente”. “Hoy vuelves ‘de nuevo a Granada’, para unirte a una parte indisoluble de la ciudad que es su Universidad, tu Universidad“, le ha dicho.

“Concluyo, y lo hago saltándome el final de este ceremonial centenario de investidura. Permítanme, querida Comunidad Universitaria, una pequeña innovación protocolaria. La ocasión merece que no sea la Rectora la que clausure este acto. Por muchas y evidentes razones, dejemos que hoy la última palabra la ponga la Música.”

Tras el discurso de la rectora, el telón de fondo dejó a los asistentes a la vista de la de la Universidad de Granada, que inició los acordes de la 9ª Sinfonía de Beethoven, que sirve como base al ‘Himno de alegría’ de Miguel Ríos. El cantante se ha levantado de su asiento, micrófono en mano, para ofrecer a los asistentes la que, sin lugar a dudas, será la interpretación más especial de una de sus canciones insignia.

 


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