Organización y planificación: las claves del éxito para aprobar tus exámenes


Cada vez queda menos para la llegada de las pruebas de selectividad y los exámenes finales y parciales de los grados. Es en estas fechas cuando los nervios y presiones de última hora afloran en los estudiantes, perjudicando su concentración y afectando al estudio. Es por ello que desde el Gabinete de Orientación Educativa de la Universidad Francisco de Vitoria se ha lanzado una campaña para motivar a los alumnos y favorecer el correcto periodo de estudios previo a las pruebas.

Lucía Olivera, directora del Gabinete, propone las “claves para el éxito” para que los exámenes no signifiquen más que el reconocimiento de todo lo asimilado en los últimos meses. La principal regla es empezar a estudiar desde el primer día, así que fuera el nerviosismo y comienza la mostrar todo lo que has aprendido.

 1.    Planificación:

Muchos alumnos se saben la teoría de las técnicas de estudio, pero no la aplican. ¿Por qué? Sencillo. Porque no les da tiempo. Porque no consiguen organizarse, planificar su estudio. Cuando por fin reaccionan, es demasiado tarde, y ya no da tiempo a estudiar de forma racional, respetando la forma en que nuestro cerebro aprende.

Planificar el estudio significa decidir por escrito lo que vamos a estudiar cada día, teniendo en cuenta: los temas que tiene cada asignatura, el tiempo que requiere cada tema, las horas de estudio de las que dispones cada día de la semana, y previendo cada fase del estudio, es decir, tiempo para lectura, subrayado, realización del esquema, memorización, y al menos dos repasos. Esto te permitirá, no sólo tenerlo controlado, sino también determinar la antelación con la que debes empezar a estudiar para que no me pille el toro.

2.    Identifica y neutraliza tus ladrones de tiempo:

Es decir, todas aquellas situaciones, lugares, circunstancias, personas, objetos… que te distraen, dificultan tu estudio, que hacen que tu estudio sea poco efectivo y que incluso pueden hacer que lo interrumpas.

Hay ladrones de tiempo externos, como el móvil, el internet del ordenador, el ruido, amigos que entran y salen, un entorno de estudio desordenado, la televisión encendida, levantarte mil veces a picar, pasear, ir al baño… e internos, como la dificultad para decir “no”, la tendencia a la postergación de tareas, la confusión de prioridades, el deseo de abarcar demasiado, la escasa organización personal, el nerviosismo… Se trata de que identifiques los tuyos, y busques una estrategia para neutralizarlos.

Por ejemplo, apagar el móvil y dáselo a tu hermano si estás pendiente del chat, o coger todo el material que vas a necesitar antes de empezar a estudiar si eres desordenado y te levantas 50 veces a buscar cosas porque siempre te falta algo.

3.    Nada entra a la primera: cómo funciona tu memoria.

No son pocos los estudiantes que pretenden memorizar la información a la primera vuelta del temario. El cerebro no funciona así. Nuestro cerebro necesita elaborar un esquema mental general en el que ir colocando los conceptos, la relaciones…., en definitiva, la información. Pretender aprenderse las cosas a la primera es como colocar los libros antes de montar la librería. ¿Absurdo, verdad?

Empieza por una lectura global del tema, en la que veas los epígrafes que lo componen, la extensión, la dificultad, de qué habla cada parte… Luego haz una lectura detenida subrayando las ideas principales. Esto ayudará a tu cerebro a seleccionar la información jerárquicamente más importante. Y aquí hemos llegado a un verdadero problema para ciertos estudiantes. “¿¿Qué dejo sin subrayar?? ¡¡En mis temas TODO es importante!!” El concepto es el siguiente: cuando subrayas no estás decidiendo entre lo que te aprenderás y lo que no, sino entre lo principal y lo secundario. Estás estableciendo qué conceptos son jerárquicamente superiores a los otros, y por tanto “tirarán de ellos”. Estás organizando la información. Si haces un buen subrayado, serás capaz de contar también lo que no subrayaste.

Cuando hayas subrayado todo el tema, organiza la información en un esquema. La tercera vuelta consiste en memorizarrecordando activamente la información, no releyendo pasivamente una y otra vez. Recordar es la forma más eficiente de repetición. Y por último y más importante, repito, más importante: haz varios repasos. No lo digo yo, lo dice Ebbinghaus, que cuando estudió el olvido descubrió allá por 1885 que si nos aprendemos algo al 100%, ¡a la semana recordaremos menos de un 3%! Pero esta catástrofe tiene remedio. Ebbinghaus descubrió que si al cabo de dos días hacemos un repaso, a la semana siguiente recordaremos un 80%. Y si en ese momento volvemos a repasar, a la semana el recuerdo alcanzará un 90%. La buena noticia es que cada vez que repasamos tardamos aproximadamente la tercera parte del tiempo de la vez anterior, por lo que repasar, renta.

4.    Potencia la memoria visual.

El principio es sencillo: cuantas más modalidades sensoriales utilicemos para codificar un recuerdo, más fácil será su memorización y posterior recuerdo. No aprendas sólo con palabras. Utiliza imágenes. Así implicarás también al hemisferio derecho, que realiza un procesamiento simultáneo y es maestro de la síntesis, de la percepción de la totalidad, y es responsable del aprendizaje espacial e intuitivo. El hemisferio derecho piensa en imágenes, y se encarga de la memoria visual. Para potenciarlo haz esquemas, diagramas, busca imágenes en internet, haz dibujos que representen los conceptos, elabora gráficas… El subrayado de un texto también estimula la memoria visual: ¿a que a veces recuerdas dónde estaba en la página lo que te están preguntando? Esa clave te la da el hemisferio derecho.

5.    Respeta tu cuerpo.

Si no lo cuidas, no podrá seguirte. Y entonces aparecerán el temido estrés, las molestias físicas, el sueño, el nerviosismo, la ansiedad, el dolor de cabeza, la fatiga, las dificultades de concentración…. Recuerda que los periodos de exámenes son muy exigentes para el organismo. Si quieres rendir bien y estar a tope, cuida tu alimentación, duerme bien cada noche, y no abuses de sustancias excitantes como el café o las bebidas de cola.

6.    Reglas mnemotécnicas.

No te solucionarán la vida, pero bien utilizadas pueden ser muy útiles para memorizar algunas cosas que se te resistan.

Los acrónimos son palabras formadas con las iniciales o primeras letras de las palabras que queremos memorizar. Por ejemplo, si queremos memorizar los tipos de residuos, que son Agrícolas, Forestales, Ganaderos, Industriales, Radiactivos, Sanitarios y Urbanos, podemos crear la palabra FIGURAS con todas sus iniciales.

Los acrósticos son frases formadas con las palabras (o partes de ellas) que queremos memorizar. Por ejemplo, si queremos memorizar los tres tipo básicos de rocas, que son Sedimentarias, Ígneas y Metamórficas, creamos la frase “los sedimentos ignoran la metamorfosis”.

Otro ejemplo para memorizar los afluentes de la vena cava inferior (Umbilical, Diafragmática, Capsular Media, Espermática, Ovárica y Supra Hepática), sería la siguiente frase, en la que cada palabra tiene las mismas iniciales: Un Día, Cuando Menos Esperes, Olvidarás Su Hermosura.

La técnica de los lugares era ya utilizada por los antiguos oradores griegos y romanos para recordar sus largos discursos. Consiste en asocial, mediante algún parecido o relación, los conceptos a memorizar a los diferentes lugares que encontramos a lo largo de un recorrido familiar. Para recordarlos sólo tendremos que realizar mentalmente el recorrido e ir “recogiendo” los conceptos “dejados” en los lugares por los que vamos pasando.


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