Planificación y constancia, pilares clave para aprovechar al máximo el estudio

Planificación y constancia, pilares clave para aprovechar al máximo el estudio


El 30 de enero comienza el periodo de exámenes en la Universidad de Almería. Poco más de dos semanas en las que buena parte del resultado final depende del trabajo que los alumnos han realizado previamente, es decir, del empeño y esfuerzo que han depositado en su estudio. Tarea que no siempre es fácil, por lo que contar con una buena disciplina de estudio puede suponer un tercio del trabajo a realizar para lograr el éxito en los exámenes.

Un factor a tener en cuenta, y de suma importancia, que como si de un traje se tratase, “depende de las necesidades de cada uno, de la carrera o sus hábitos de estudio, pues todo influye”, asegura Francisco Trillo, psicólogo general sanitario, doctorando y colaborador de la Unidad de Atención Psicológica de la UAL encargado de impartir los talleres de técnicas de estudio. Y es que a la hora de enfrentarse a las pruebas de evaluación, no sólo importa estudiar; pues la forma y métodos utilizados pueden marcar una gran diferencia.

Método de estudio POLSER

Durante años, como técnica de estudio, se han promovido los resúmenes, subrayar los apuntes o los esquemas,  entre otras opciones. Elementos muy válidos, pero que representan una pequeña parte de todo el proceso que debería realizarse. Preparación que, en base al método POLSER, se dividiría en seis pasos: Planificar, Ojear, Leer, Sintetizar, Estudiar y Repasar.

Una propuesta que se adapta a las necesidades de cada persona, pero cuyos pasos facilitan la labor del estudiante, empezando por distribuir el tiempo de estudio de forma eficiente. En este sentido, considerando que los estudiantes, por inercia, tienden a comenzar el estudio en las fechas próximas a los exámenes; lo recomendado sería realizar una planificación de horarios, fechas de las pruebas, densidad de las materias, tiempo necesario -aproximado- y métodos de comprensión y estudio.

Lo ideal sería, apunta Trillo, comenzar con este proceso al menos un par de meses antes de los exámenes, de manera relajada para después ir aumentando las horas y dificultad. “La planificación ayuda a ir sereno y tranquilo, por eso creo que es muy importante”, señala. Así, una vez que está todo organizado, se debe crear una rutina de estudio ojeando los apuntes, subrayando lo importante y repasando de manera periodica lo leido; lo que ayuda a fijar conocimientos poco a poco.

“Cada uno tiene que encontrar su punto de equilibrio y al menos echar algo de tiempo que le ayude a consolidar lo que está viendo en la asignatura. Eso puede ir desde 30 minutos a dos horas, en función de la dificultad”.

A su vez, la alimentación debe ser equilibrada y respetar los tiempos. Si se crea un habito de estudio, también debe haber uno de comidas y sueño; eso ayuda al cuerpo y la mente a estar a pleno rendimiento. Además, dentro de la dinámica de estudio debe haber descansos. Si se marcan 4 horas de estudio, la primera será fuerte, seguida de un descanso de unos 10 minutos, para continuar con un ritmo algo superior y acabar con un leve repaso.

Estudiantes repasando minutos antes de un examen.

Estudiantes repasando minutos antes de un examen.

Cómo evitar el estrés en los exámenes

A veces se da la circunstancia de que, cuando se es estudiante, se llega a la última semana previa a los exámenes casi sin apuntes y esa angustia y ansiedad provoca que los alumnos no rindan como es debido. A lo mejor tienen el mejor material y el tiempo necesario para prepararse el examen, pero esos nervios interfieren en su preparación.

Por ese motivo, a veces lo mejor al planificar cómo abordar los exámenes es priorizar cuales son las asignaturas más importantes, y que requieren mas tiempo de estudio, y sopesar si uno es capaz de hacerlos todos o no. Esto ayuda a distribuir mejor el tiempo de estudio, lo que a su vez propicia entrar al examen relajado y confiado al haber invertido bien el tiempo y esfuerzo de estudio.

En este sentido, una de las imágenes más habituales que se ven normalmente justo antes de acceder al aula es ver como algunos de los alumnos repasan sus apuntes, a veces incluso de manera excesiva, minutos antes de comenzar. Una práctica que suele generar más ansiedad que beneficio. Motivo por el que Francisco Trillo, responsable de impartir el taller de técnicas de estudio de la UAL, considera que lo mejor es

“ir tranquilo, desayunar fuerte si es por la mañana, disfrutar del camino de casa al examen y estar con gente ‘no tóxica’; con personas que te hagan reír y aporten un ambiente de distensión antes del examen en lugar de tensión o nerviosismo”.

De este modo, Trillo asegura que lo mejor es ir con lo justo y necesario al examen; “los apuntes no suelen hacer falta” pues no se pueden usar dentro. Y mirarlos al salir para ver los errores, si uno se va a fustigar con los fallos, “te va a condicionar para el próximo”.

“Cada examen es un partido más, si nos condicionamos por el anterior es difícil tener éxito en el siguiente”.

Pero si los consejos y rutinas previas no funcionan, y una vez dentro del aula los nervios aparecen, lo más efectivo puede ser lo más simple: “invertir 10 segundos en soltar el boli, dejarlo todo y respirar en la mesa; concentrarse en lo que se está haciendo, ya que lo importante es el momento y no lo que se hizo antes”. Aunque Trillo insiste en que lo principal es “ir confiado, y si has hecho lo que debes, no habrá problema”.


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