Por un marco presupuestario claro y de futuro para las universidades


Terminado el año 2014 las universidades andaluzas arrancan el ejercicio 2015 con sus nuevos presupuestos recién aprobados, aunque un año más las estrecheces presupuestarias y el mantenimiento de la deuda por parte de la Junta siguen siendo la tónica general, a pesar de que este año comienza, al menos, con más dineros y menos deuda que en ejercicios pasados.

En este punto, y a pesar de que no deja de ser una buena noticia para las ‘arcas’ universitarias, conviene recordar que la subida registrada en la mayoría de los presupuestos de las universidades andaluzas (de un 3,4% en la Universidad de Málaga, un 2,8% en Almería, un 6,7% en Córdoba, por citar algunas ejemplos) obedece fundamentalmente a la recuperación del 5% de recortes salariales vigentes en los dos últimos años. Algo positivo para los bolsillos y la incentivación del personal, pero que apenas supondrá un  pequeño incremento en las partidas verdaderamente importantes para la universidad, como pueden ser el I+D+i o las infraestructuras; a pesar de que los rectores, dada la persistencia de la crisis y los recortes, reciban como ‘agua de mayo’ cualquier nueva inyección económica, por pequeña que sea.

No obstante, para las universidades, más importante que el hecho de que los presupuestos suban -aunque sea por el citado 5%-, rompiéndose así la tendencia a la baja de los últimos años, debería ser la definición del nuevo y anunciado modelo de financiación del sistema universitario, que la Junta ya ha prorrogado este curso un año más -en principio era para el horizonte 2007/2011-; y para el que, a pesar de las intenciones, 2014 se ha cerrado sin que rectores y Junta comiencen seriamente a dialogar, más allá de posicionamientos y declaraciones públicas de algunos.

Urge que se vaya clarificando el modelo de financiación del sistema universitario andaluz para construir el futuro

Por ello, y dada la situación general por la que atraviesa el sistema universitario -donde a nivel nacional también se vislumbran importantes cambios en el horizonte-, urge que se fuera clarificando esta cuestión para construir el futuro; ya sea mediante el arranque del diálogo, debate y análisis necesarios para poner en marcha un nuevo modelo de financiación para el próximo curso y los presupuestos de 2016; o dejando claro abiertamente, al menos, que el actual modelo se prorrogará un año más, como posiblemente ocurrrirá. No en vano, 2015 es un año marcadamente electoral, por lo  que se antoja difícil que la Junta entre ahora a ‘torear’ este asunto. Así que llegado el caso, mejor sería anunciar un nuevo aplazamiento de los ‘festejos’ y que los presupuestos esperasen en el ‘callejón’ a ver qué deparan los cielos, sabiendo con certeza que no habrá grandes cambios un año más; en lugar de vivir lo ocurrido al inicio de este curso, donde todos esperaban nuevas directrices presupuestarias que al final no llegaron.

No obstante, y dado que todos coinciden en la necesidad de cambiar el modelo de financiación, esto no significa que las universidades no deban ir preparándose ya para un futuro marco presupuestario en el que parece claro que, al menos, deberá jugar un papel más importante la iniciativa privada, la internacionalización y los resultados que las universidades sean capaces de trasladar al conjunto de la sociedad y de la economía. Es decir, la tan nombrada transferencia del conocimiento. Una transferencia en la que las universidades han mejorado mucho en los últimos años, pero en la que ya se debería ir primando más la verdadera transferencia a la sociedad, que la supuesta transferencia sustentada más en ‘microméritos’ y en burocracia que en transferencia de calidad.


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