¿Qué agua es mejor para el consumo humano?

¿Qué agua es mejor para el consumo humano?


Para empezar, las distinciones: porque no, no todas las aguas son iguales, aunque parezcan la misma: el agua mineral natural es distinta del agua mineralizada que, a su vez, es diferente del agua de abastecimiento público: el agua mineral natural, siguiendo la legislación europea, es aquella de circulación subterránea, bacteriológicamente apropiada, con características físico-químicas estables en origen, dentro de las fluctuaciones naturales, que puede resultar eventualmente favorable para la salud

¿Qué la distingue del agua potable común?

Su pureza original o su naturaleza, caracterizada por el contenido de sustancias minerales, oligoelementos y otros constituyentes. El agua mineralizada, por otra parte, es un agua también apropiada para el consumo, pero que ha sido artificialmente enriquecida en sales minerales. Y, finalmente, el agua de abastecimiento público, la que habitualmente conocemos como ‘agua del grifo’, puede ser de procedencia superficial o subterránea y ha sido sometida a un tratamiento para garantizar que sea bacteriológicamente apropiada para el consumo y para que contenga las sales minerales necesarias para nuestro organismo. Las aguas minerales naturales y las mineralizadas suelen llegar al consumidor envasadas, a diferencia de las aguas de abastecimiento público.

La voz de una experta en agua

Una experta en esta área, la investigadora Carla Rocha, del IST/Universidad de Lisboa, colaboradora del grupo de investigación IberCreta de la Universidad de Alcalá de Henares, señala que las aguas minerales son cada vez más apreciada, además de por una cuestión de marketing, ‘por presentar de manera natural unas características composicionales propias que le permiten al consumidor elegir, a través de la información reflejada en el envase, la que considere más adecuada por sus propiedades mineralógicas, físicas o químicas’. Por el contrario, el consumidor suele desconocer las características del agua potable proporcionada a través de la red de distribución pública a la que, además, se le incorporan artificialmente desinfectantes para que pueda ser consumida con seguridad.

En principio, según la investigadora, no existe un agua mineral mejor o peor… todas son potencialmente buenas. “Sin embargo, sus distintas características naturales las hacen muy variadas, por lo que algunas son especialmente recomendadas para determinados consumidores. Por ejemplo, para un deportista, que tiene una estructura muscular que sufre grandes esfuerzos, resulta recomendable consumir un agua natural rica en magnesio y con una mineralización fuerte que le permita reponer los elementos que su organismo consume en gran cantidad.  A quien requiera una dieta menos energética le conviene un agua natural de mineralización débil o muy débil, al igual que a quien sufra de cálculos renales cálcicos, que debe beber un agua más rica en sílice y de pH más ácido. A las personas con problemas de acidez de estómago les es conveniente un agua más alcalina… En fin, cada agua mineral es potencialmente buena para determinado aspecto de nuestra salud, por lo que el gran secreto para potenciar el bienestar consiste en diversificar y no consumir un solo tipo o marca de agua”.

Entonces, ¿qué agua bebemos? Rocha recomienda que

“salvo en casos muy concretos, deberíamos beber aguas que contengan diferentes composiciones físico-químicas y que, en su conjunto, nos aporten todos los minerales que nuestro cuerpo necesita”


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