Semana Santa. El origen de las saetas, una plegaria en forma de canto


Se acerca Semana Santa y en Andalucía se vive de forma muy intensa, si bien es cierto que se celebra en toda España, estarán de acuerdo con que en el sur de tienen una especial manera de disfrutar estos días, un sentimiento muy arraigado por esta tradición histórica y que cada año reúne a numerosos turistas que se quedan embelesados con la belleza de sus imágenes y marchas, así como con la pasión y la emoción de sus saeteros, voces desgarradas y estremecedoras, quebradas y llenas de culto y plegaria.

La cuna de los saeteros

Andalucía es cuna de saeteros, un cante muy ‘jondo’ y con mucho dolor, un desgarro en el alma que se mantiene vivo todos los años en Semana Santa y que se expone en concurso y exaltaciones de la Saeta, en una y cada una de las capitales andaluzas.

Cada vez se extiende más esta tradición y esta forma de rezar, y es muy común verlo en los balcones o a pie de calle frente a tronos de imágenes llenas de pasión. Un espectáculo para los oídos y una forma de conectar con la Semana Santa.

El origen

El origen las saetas es incierto, es un cántico popular al que se le atribuye, una raíz árabe, “unas llamadas a la oración de los almuédanos de las mezquitas andaluzas complementada por cantos judíos y estructuradas por los cantos procesionales cristianos de los misioneros franciscanos en los siglos XVI y XVII quienes llamaban saetas a ‘los avisos y sentencias que en forma de coplillas recitaban o cantaban por las calles en determinados momentos de sus misiones’. Esta visión del parentesco entre la saeta y determinados cantes religiosos orientales ha sido recalcada por la etnografía comparada”.*

Asimismo, la saeta se remonta a un momento incierto de la historia como “un cántico popular cuya intención era incitar a la devoción y a la penitencia, con ocasión de un Via Crucis, o como cántico de pasión. Estas saetas sentenciosas o avisos morales fueron cantados en el siglo XVIII por los hermanos de la Ronda del Pecado Mortal, que recorrían las calles para inclinara a los fieles a la piedad y el arrepentimiento”. Este canto, en su origen, “fue un rezo en voz alta dirigido a la Virgen María o a Jesús, pidiendo ayuda o alguna gracia. Las saetas tienen su origen en el folclore andaluz”.

Por otro lado, el nacimiento de la saeta popular y la costumbre de cantarla el pueblo para expresar su sentimiento religioso data, “aproximadamente, de mediados del siglo XIX. Esta primitiva saeta, actualmente casi desaparecida, conmovía por su entonación grave, pausada y monótona, sencilla de estilo y ejecución. Nacieron como fruto de las modificaciones que, sobre las saetas antiguas, realizaron intérpretes de cada localidad andaluza. Las saetas tenían la señal de identidad de su lugar de origen, lo que dio lugar a cantos propios y autóctonos como la saeta vieja cordobesa, la cuartelera de Puente Genil, las saetas marcheneras o la samaritana de Castro del Río”.

“En el lecho del pueblo llano, confluyeron a principios del siglo XX ese canto de la fe y esa otra forma de expresar los sentimientos más profundos que es el flamenco. La expresión artística del pueblo dio forma a la saeta, aflamencándola y adaptándola a sus estilos. Surgió una copla de cuatro o cinco versos octosílabos cantada por martinetes o seguiriyas, palos que por su jondura casaron bien con el tono negro de la pasión de Cristo. Desde entonces, se interpretan al paso de las procesiones de Semana Santa dirigidas, sin acompañamiento, a las imágenes. El tema de las coplas es, obviamente, la pasión y muerte de Jesucristo“.

“Musicalmente, la saeta se ha bifurcado. Subsiste la saeta antigua, aunque recargada con profusión de adornos y melismas. Además, los profesionales del cante flamenco han inventado una nueva forma de saeta, procedente de la seguiriya que ha amoldado las formas al sentido religioso de las palabras”.

Fuentes: La información anterior está sacada de un estudio realizado por la   Universidad de Granada.


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