Gobierno y Universidad: encantados de entenderse

Gobierno y Universidad: encantados de entenderse


La Universidad es un mundo complejo en el que los consensos surgen muchas veces de manera asombrosamente sencilla. La autonomía universitaria, su estructura organizativa, con diferentes niveles de gestión, la distribución de funciones, competencias y toma de decisiones entre órganos unipersonales y colegiados y la diversidad de papeles e intereses de profesores, alumnos y personal de administración y servicios, constituyen una partitura que casi siempre resulta un concierto armonioso en lugar de un desafinado desatino.

Esta es la experiencia de éxito de la Universidad española, por encima de cualquier otra cosa. Y esa voluntad de acuerdo y colaboración no sólo se dirige a mantener un equilibrio interno que permita una forma eficaz de prestar el servicio público indispensable de la educación superior. Es la misma voluntad que se proyecta hacia afuera y que determina la multiplicación de sus posibilidades a través de la colaboración con diferentes agentes que enriquecen y potencian el efecto de generación de conocimiento, la multiplicación del talento, y la consecución del éxito y el progreso individual y colectivo de toda una nación.

Es precisamente en la colaboración donde la autonomía universitaria, consagrada en la Constitución española, adquiere toda su dimensión. Y si la Universidad española tiene todo este potencial para llegar a acuerdos sería muy extraño que éstos no fueran posibles con el Gobierno de España y, especialmente, con el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes como órgano de administración del Estado competente en articular las políticas universitarias, con las competencias en la materia transferidas, a su vez, a las Comunidades Autónomas.

A la vocación, la necesidad y la conveniencia del entendimiento se añade una colaboración leal que permitirá afrontar con éxito los desafíos que la educación superior tiene planteados en España y también en el Espacio Europeo de la Educación Superior.

La colaboración entre la Universidad y el Gobierno no sería posible ni entendible sin la CRUE Universidades Españolas, asociación en la que se integran 76 Universidades y que tiene la cualidad de constituirse en su principal interlocutor en esta materia.

Algunos titulares recientes siguen dando testimonio de los acuerdos que ya han sido posibles: “La CRUE y el Ministerio de Educación apuestan por la colaboración entre universidades españolas y francesas”; el Comunicado sobre el Pacto de Estado por la Educación; la constitución de un grupo de trabajo mixto (ANECA, CRUE y Sindicatos) para revisar los criterios de evaluación del profesorado universitario; o que Ministerio y CRUE anuncian las directrices de la nueva selectividad para 2016-2017, entre otros muchos e importantes ejemplos.

Y no se puede negar que podemos esperar lo mejor del talante dialogante del ministro Íñigo Méndez de Vigo y de la lealtad institucional del presidente de CRUE Universidades Españolas, Segundo Píriz, para hacer posible un gran acuerdo con el resto de los interlocutores implicados en la educación superior. Ese gran acuerdo que va  a permitir mejorar la calidad de la enseñanza universitaria, en excelencia y en igualdad, y que va a sentar las bases de su futuro a través de la imprescindible Estrategia Española para la Educación Superior en el que todos están llamados a participar.

Por Silvia Valmaña Ochaita
Portavoz del Grupo Popular en el Congreso en materia de Universidades
@Svalmana


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