Urnas vacías y derechos tirados


Las elecciones universitarias forman parte indispensable del microcosmos que supone la vida académica. El gobierno de los centros y de la propia Universidad pasa a ser elegido por los miembros de la comunidad, quienes a través de ponderación tienen la oportunidad de emitir su opinión sobre los dirigentes y la política que se llevará a cabo.

En el caso de la Universidad de Málaga el sufragio para elegir a los cargos académicos es universal, incluyendo uno a uno a todos los miembros de la institución. Con un 25% de representación, el sector estudiantil se posiciona por delante del Personal de Administración y Servicios, quienes solo disponen del 10% de peso. A pesar de estas condiciones, que benefician a los alumnos, estos solo han participado en un 12% en la elección a rector, frente a la participación del 76,34% del PAS.

¿Dónde está el interés de los estudiantes por su Universidad? La participación solo fue significativa en los centros que otorgaron candidatos, así Informática tuvo un índice del  26,4% y Medicina 18,6%. Se añade la Facultad de Ciencias, donde votó el 21% de los estudiantes.

Los datos demuestran el bajo interés del alumnado por elegir a quién será su próximo rector. Pudiendo escoger entre tres la mayoría decidió no pensar en ello.

Es destacable como el Consejo de Estudiantes de la UMA (CEUMA) no quiso posicionarse  a favor de ningún candidato, lo que dificultó que el sector al que representa lo hiciera. Fuera de las asociaciones propias de la Universidad, su máximo órgano de representación estudiantil se mantuvo al margen, solo participando en la organización del primer debate de los tres candidatos. Cabe plantearse si este Consejo podría haber hecho más para llamar a los estudiantes, así como si en los próximos años se debería replantear las ponderaciones de votos, dando más peso a aquellos que más tiempo permanecerán en los centros académicos y cuyas condiciones laborales dependan, en muchas ocasiones, de quien ostente el bastón de mando.

No solo los representantes son responsables de no llamar a las urnas, también los candidatos cometen la falta de no introducir en sus programas de campaña reuniones más abiertas y dirigidas a  los alumnos de cada centro, buscando el sentir de la colectividad al igual que convocaban a los otros sectores para escuchar en común sus propuestas.

La pasividad estudiantil no solo se deja entrever en Málaga, las elecciones parciales al Claustro universitario granadino han mostrado la indiferencia de sus estudiantes. La falta de información sobre el sistema de Gobierno de las universidades lleva a que sus estudiantes no sepan que es el Claustro el máximo órgano de representación de toda la institución, así como el encargado de aprobar los Estatutos y controlar al rector y sus vicerrectores. En el caso del propio rector, sus funciones se derivan no solo a las de representación de la Universidad en el exterior, sino que es quien dirige y ejecuta los acuerdos que se toman en la institución. Su función es indispensable en la Universidad y sobre él recae el prestigio de la misma, por lo que su elección debería ser un tema primordial para todos los sectores, sobre todo el estudiantil pues los títulos que expida la Universidad lo hará en su nombre.

La posibilidad de participar en las elecciones no es igual en todos los centros, y aquellos que sí disponen de este derecho deberían defenderlo pues, en caso contrario, la lucha de los que consiguieron que se les reconociera habría sido en balde, y fueron muchas las carreras.


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