Vicente Vallés: “Nunca he visto una solución fácil para el problema del independentismo catalán”

Vicente Vallés: “Nunca he visto una solución fácil para el problema del independentismo catalán”

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Vicente Vallés visitó la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga dentro del marco de la celebración del 25 aniversario del centro. El director y presentador de los informativos de la noche de Antena 3 ofreció a los alumnos consejos sobre cómo afrontar la búsqueda de un futuro profesional.

Tras la charla tuvimos la oportunidad de conversar con el reconocido periodista sobre los retos a los que se enfrentan las nuevas generaciones de periodistas o su paso por la universidad.

¿Periodismo era la única opción que quería estudiar?

Ser periodista era mi vocación desde pequeño, y hubiera sido muy frustrante para mí no conseguirlo. Lo que no sé es por qué nació en mí esa vocación. Fue algo espontáneo, porque ni en mi familia ni en mi círculo inicial de amistadas había nadie que se hubiera dedicado a esta profesión

¿Usted era un estudiante aplicado o era de los que se sientan en la última fila? Cuéntanos un poco como fue su vida como universitario y qué recuerdos tiene de ella.

Mi paso por la universidad es uno de los momentos de mi juventud que recuerdo con más cariño. Lo pasé muy bien e hice grandes amigos que aún perduran. Fui un estudiante más. No estaba en la pequeña lista de los que conseguían las mejores calificaciones. Yo era bastante selectivo, y estudiaba mucho las asignaturas que me gustaban, y mucho menos las que no me gustaban.

¿Tuvo alguna vez la sensación de que te equivocaste de carrera?

Nunca pensé que me había equivocado al elegir la carrera, porque tenía muy claro que quería hacer periodismo. Lo que sí tuve fue mucho temor a no encontrar trabajo cuando terminara mis estudios. Creo que es el mismo temor que tienen las nuevas generaciones de periodistas. Pero con esfuerzo y sabiendo utilizar el talento que se tiene (todo el mundo tiene el suyo) se consigue.

Usted es un periodista con una larga carrera profesional, ¿qué consejos daría a los estudiantes para tener éxito en esta profesión?

Lo más importante, lo que la sociedad espera de un periodista, es que conozca bien los asuntos de los que informa. Y esa labor de conocimiento profundo de los temas debe empezar desde la universidad y continuar durante toda la carrera profesional

Uno de los aspectos que más preocupa a los estudiantes de periodismo es el futuro laboral. Algo que condiciona bastante a los estudiantes cuando llega el momento de elegir qué estudiar. ¿Qué opina? ¿Y qué le diría a esos jóvenes indecisos?

Nadie puede negar las dificultades que tiene el mercado laboral. Pero eso no debe desilusionar a quien sienta una gran vocación periodística. Lo que sí recomiendo es que cada cual se pregunte a sí mismo si realmente siente esa vocación. Porque de no ser así, quizá sí sea bueno replantearse la decisión. Pero esto, que vale para el periodismo, lo digo igual para casi cualquier otra profesión.

¿Qué aspectos positivos le ha aportado la profesión a su vida? ¿Y negativos?

Ser periodista me ha permitido disfrutar de algo que me gusta mucho: estar en los sitios en los que pasan cosas importantes; ser testigo presencial de acontecimientos históricos. También me ha permitido conocer personalmente a gente muy interesante y muy importante. Y me permite cada día contarle a la gente las cosas que pasan, y que nos pasan. Es lo mejor de esta profesión. Lo peor puede ser que a veces te mantiene alejado de la familia. Los horarios de trabajo y los viajes establecen distancias que hay que intentar mitigar.

Las nuevas tecnologías y las redes sociales han revolucionado toda nuestra vida y, por lo tanto, también el periodismo, ¿cómo cree que afecta esto al periodismo? ¿Y la sobreinformación y el denominado ‘periodismo ciudadano’?

Las nuevas tecnologías nos permiten informar mejor y con más rapidez. Pero, como todo, también se puede utilizar mal. Un cuchillo sirve para cortar la comida, pero también se utiliza para cometer delitos. Si se usa mal la tecnología, se desinforma. La sobreinformación no es negativa en sí misma, si el usuario sabe establecer la distancia debida y seleccionar. Conocer lo que pasa siempre es bueno en democracia. Pero eso que llaman periodismo ciudadano, quizá sea ciudadano pero no es periodismo. Una vez escuche a alguien decir que cuando le duele algo no le pregunta al vecino qué medicina debe tomar; se lo pregunta al médico. Cuando hay una noticia, prefiero que me la cuente un periodista, y no mi vecino. 

¿Cree usted que la prensa en papel se encuentra en crisis?

La prensa de papel vive tiempos difíciles. La venta en los quioscos se ha limitado mucho, y las grandes cabeceras ya consiguen más difusión por internet que en el papel. Pero sí mantienen la influencia que siempre tuvieron a la hora de marcar la agenda política. De manera que yo ni me atrevo ni quiero dar por terminada la era del papel.

Unos de los problemas de la prensa es que la información de calidad es muy cara, mientras que los consumidores se han acostumbrado a la gratuidad de esta, especialmente en las versiones digitales. ¿Cree que se debería pagar por la información de calidad?

Se debería pagar, pero cuando nació internet la gente se acostumbró a disponer de todo de forma gratuita, y romper con esa inercia va a ser difícil. Lo que es evidente es que sin ingresos suficientes no se puede hacer buen periodismo. El usuario debe elegir lo que prefiere: peor información gratuita, o mejor información pagada.

¿En qué consiste, para usted, el buen periodismo?

En ser profesionalmente honesto a la hora de dar la información, en poner las noticias en su perspectiva, y en luchar cada día por contar aquello que alguien prefiere que no se sepa, como bien explica Horacio Verbitsky.

Usted está especializado en política nacional, ¿qué opina ante los acontecimientos de Cataluña?

Nunca he visto una solución fácil para el problema del independentismo catalán. No la veía hace años, y ahora la veo menos todavía. Los sentimientos nacionales y de pertenencias son libres y, por tanto, cada cual tiene los que tiene. La cuestión es si eso se tiene que traducir en la separación de un territorio. Porque en ese territorio también hay mucha gente que no tiene ese sentimiento independentista. La división de la sociedad catalana se ha demostrado en las elecciones de 21 de octubre. Habrá que tener paciencia y trabajar con calma en la política y en la sociedad para recuperar la normalidad. Pero, ya digo, no tiene solución fácil, si es que tiene solución.

Usted escribió un libro sobre Donald Trump: “Trump y la caída del imperio Clinton”. ¿Qué opina sobre su primer año de presidencia? ¿Y sobre su decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel?

Trump ha gobernado como es. Nada de lo que hace o de lo que deja de hacer puede sorprender a nadie. Su intención ha sido satisfacer a quienes le han votado, y en ese intento está teniendo éxito. Para los demás es un desastre de presidencia. Y eso tendrá consecuencias a futuro. Por ejemplo, esa decisión sobre Jerusalén. Pero no es la única. Si alguien tiene interés en la personalidad de Trump, y en cómo una persona como él ha conseguido ser presidente, quizá en el libro encuentre algunas respuestas.

Al principio el libro lo estuvo escribiendo enfocado hacia su derrota, ¿le sorprendió su victoria? ¿Tuvo que hacer muchos cambios en el libro?

Me sorprendió su victoria, igual que a casi todo el mundo. Pero lo único que tuve que hacer en el manuscrito del libro fue ampliar un poco la parte dedicada a Trump. Ya había escrito mucho sobre él antes de las elecciones.

¿Qué opina sobre las tensiones entre Corea del Norte y Estados Unidos?

Lo más que podemos hacer es confiar en que sea mucho más ruido que nueces. Pero cuando hay por el medio armas nucleares y personalidades como las de Trump y Kim Jong-Un, conviene tener mucho cuidado.

Además de estar especializado en nuestra política nacional, también ha cubierto las elecciones estadounidenses desde 1992. ¿Influyeron las noticias falsas en los resultados electorales? ¿Cree que son ciertos los rumores de que bajo dichas noticias se encontraba el gobierno ruso?

Es evidente que las noticias falsas influyeron en el resultado, lo que nunca se podrá demostrar es hasta qué punto. Y, sin duda, Rusia tuvo mucho que ver.

Las noticias falsas y los bulos, tanto en las elecciones presidenciales como con otros asuntos de gran interés se difunden con mucha facilidad. ¿Por qué cree usted que este tipo de noticias son más compartidas que las reales?

Estas noticias falsas tienen mucho éxito de público porque hay un amplísimo sector de las sociedades occidentales que sólo quiere creer aquellas noticias que le gustan, porque confirman su punto de vista. Si son ciertas o falsas, les importa mucho menos. 

El 13 de junio moderó usted el debate a cuatro de las elecciones, en el cual dio un pequeño revés a Mariano Rajoy, ¿le dijo algo el presidente tras el debate? ¿Y cómo definiría su segunda legislatura?

Rajoy es un buen encajador. Por cierto, mejor encajador que algunos de sus rivales políticos. No me dijo nada.

Esta legislatura está muy condicionada por dos circunstancias: la minoría parlamentaria del Gobierno y la crisis política en Cataluña. No es fácil gobernar ni con lo uno, ni con lo otro, y mucho menos con los dos problemas a la vez. Estamos en una legislatura-puente entre la época de las mayorías absolutas y lo que ha de venir. Lo que no sabemos es lo que ha de venir.

¿Cree que en España condenamos suficientemente la corrupción? ¿Existe también en los medios?

La corrupción existe en la sociedad, y eso puede afectar a todos los ámbitos. Pero creo que hemos estado mucho peor de lo que estamos. Los procedimientos judiciales sobre corrupción están frenando que se reproduzca tanto como antes.

La censura en los medios parece algo de hace muchos años, pero… ¿sigue existiendo esta censura o algún tipo de presión sobre los medios? ¿Alguna vez ha recibido alguna llamada de alguien molestado por alguna información que haya ofrecido?

La censura no existe. Existen las presiones, porque son parte normal de la relación entre los medios y los sectores sociales interesados en lo que contamos los medios. Pero España es el país en el que, por ejemplo, los casos de corrupción se han conocido gracias a los medios, a pesar de todas las presiones. Y, sí, muchas veces alguien se enfada con lo que dices. Pero es parte de nuestro trabajo.

*Imágenes cedidas por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Málaga. 


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