‘Viviendas compartidas’ para fomentar la independencia de chicos con síndrome de Down


Ser independientes, autónomos, libres, y en definitiva, vivir su propia vida, estas son algunas de las metas que pretende satisfacer el programa ‘Viviendas Compartidas’ con chicos con Síndrome de Down, una iniciativa que desarrolla desde hace cinco años Granadadown como parte del proyecto ‘Programa de vida independiente: Escuela de Vida’, que cuenta con la colaboración de la Universidad de Granada a través de su Secretariado para la Inclusión y la Diversidad y las facultades de Psicología y Ciencias de la Educación de la misma.

‘Escuela de Vida’ es un proyecto que consta de dos fases, ‘Proyecto Amigo’ y ‘Viviendas Compartidas’, el cual “reconoce en las personas con Síndrome de Down la capacidad para poder tomar decisiones y llegar a controlar su propia vida. Se trata de dos procesos simultáneos y sucesivos en el tiempo, a dos escenarios de aprendizaje en los que, personas con capacidades diferentes deciden formar parte con la finalidad de iniciar un proceso formativo que les conduzca a obtener  las mayores cotas de autonomía e independencia”, explicaban desde la asociación. Isa, una de las mediadoras, junto a varios compañeros de piso.

El objetivo fundamental del mismo por tanto es alcanzar la mayor autonomía posible para las personas con Síndrome de Down, de forma que les permita desenvolverse en la vida con independencia, y desarrollar el máximo de sus capacidades al enfrentarse a los problemas diarios de convivencia y de organización en el hogar. Para ello, los participantes con Síndrome de Down conviven tanto con personas con Síndrome de Down como con aquellos que no han nacido con esta alteración genética en las ‘Viviendas Compartidas’.

Estas, como su propio nombre indica, son pisos ubicados en el centro de Granada en los que conviven a diario personas con Síndrome de Down y estudiantes que no presentan este trastorno, los cuales ejercen el papel de ‘mediadores’, “es un espacio de aprendizaje en el que personas con capacidades diferentes continúan su formación en vida independiente”, exponían desde Granadadown.

Por su parte, ‘Proyecto Amigo’, la otra mitad de ‘Escuela de Vida’, es la fase previa a las ‘Viviendas Compartidas’, ya que es en ella en la que los estudiantes que van a ejercer de ‘mediadores’ reciben previamente la formación necesaria por parte de la asociación, “Se trata de un aprendizaje en un grupo de trabajo en el que los chicos con Síndrome de Down y los estudiantes participantes son formados por la asociación y se empiezan a conocer para poder compartir piso después”, contaba Mercedes Cano, coordinadora del programa.

No obstante, aunque los estudiantes o ‘mediadores’ reciben previamente la formación necesaria por parte de Granadadown para su adecuado desempeño, desde la misma quieren dejar claro que “no son ni sus padres, ni educadores, ni personal profesionalizado que trata de educarles. Son el puente entre la persona con Síndrome de Down y las diversas dificultades que se van encontrando en su día a día. Son jóvenes que buscan enriquecerse a nivel personal y profesional”, expresaba Cano.

Aunque el secretariado de inclusión de la UGR anima a todos los estudiantes universitarios a ejercer como ‘mediadores,’ no cualquier persona puede serlo, “hay que tener el deseo y creer en las capacidades de las personas con Síndrome de Down sin ver únicamente en ellas las limitaciones que de una u otra manera tenemos el resto de las personas. Hay que creer que ellos pueden alcanzar lo que se han planteado, ya que así nos lo han demostrado”, explicaba la coordinadora.

Así pues, compartiendo piso se forja un espacio de convivencia “real” del que pueden salir beneficiados tanto los ‘mediadores’, ya que “aprenden a ser autónomos desde la igualdad, el respeto y la diversidad” con una formación especializada y una beca de manutención y alojamiento durante todo el curso académico, como también las personas con Síndrome de Down, que no solamente desarrollan la capacidad de decidir, sino que también tienen la oportunidad de poder hacerlo, “Las personas con Síndrome de Down deciden qué quieren hacer en su tiempo libre y cómo organizarlo”, afirmaba Cano, quien añadía que “En este proyecto se llegan a establecer vínculos sinceros de amistad entre los jóvenes participantes, desde la igualdad y el respeto”, lo que podría ser otro gran beneficio para todos.

Granadadown, que está formada por un amplio colectivo de personas con síndrome de Down, sus familias, un cualificado equipo de profesionales, socios colaboradores y voluntarios, decidió poner en marcha este servicio de vida independiente para “dar respuesta a las demandas que estas personas venían haciendo, que era el poder tener una vida lo más autónoma y lo más independiente posible”, aseguraba la coordinadora.

Un programa en el que pueden participar estudiantes no universitarios y que no obstante, a pesar de que es gratuito para los estudiantes, sí conlleva un coste para las personas con Síndrome de Down, puesto que una parte del programa la paga la familia del participante, mientras que la otra mitad la paga la asociación.

Una convivencia en libertad

Para conocer cómo se desarrolla la convivencia en estas ‘Viviendas Compartidas’, nada mejor que contar con el testimonio de Isa, una de las tantas ‘mediadoras’ con las que ha contado la asociación. La joven, que estudió Trabajo Social en la UGR, ha convivido con tres chicos con Síndrome de Down y asegura que “la experiencia ha sido muy positiva porque he aprendido muchas cosas, entre ellas, llevar una vida más tranquila y hacer las cosas más despacio. Además, ha sido muy divertida”, aseguraba.

Isa, que actualmente vive con otros tres chicos, explicó que la convivencia “es complicada como con cualquiera, puesto que somos diferentes. Ninguno nos parecemos y tenemos actitudes y manías que no nos gustan”, añadiendo que aunque han discutido alguna que otra vez, “siempre lo arreglamos”.

Sus primeros compañeros de piso ahora viven solos, puesto que algunos llevan ocho años participando en el programa, pero la relación no ha cambiado, “seguimos quedando y nos llevamos muy bien”, contaba la joven, quien también expuso que les aportó a sus compañeros “diversión, felicidad y juventud, y a una chica en concreto, que se quiera más que antes”, revelaba.

Por su parte, Salvador, uno de los chicos con Síndrome de Down que participa en el programa, gracias al mismo asegura que se siente “libre”, puesto que no depende de nadie, “Me ha servido para aprender cosas para mi futuro, para ser responsable, independiente y autónomo. Hago lo que tengo que hacer de mis cosas yo solo cada dia”, expresaba.

Se crea un fuerte vínculo de amistad

Todo ello pone de manifiesto que se trata de una convivencia como otra cualquiera, “juegan, salen a conocer Granada, hacen la compra, cocinan, discuten y en definitiva entablan relaciones de amistad los unos con los otros que en la mayoría de los casos se mantienen en el tiempo, Un mediador se fue a trabajar a Alicante y sus compañeros de piso fueron a verle”, expresaba Cano.

Hasta el momento en el programa han participado 11 chicos con Síndrome de Down, aunque la coordinadora quiso dejar claro que estos chicos no permanecen únicamente un año en las ‘Viviendas Compartidas’, puesto que el tiempo depende de las características individuales de cada uno de los participantes.


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