Debate sobre el calendario académico


La Universidad de Granada ha iniciado este curso el debate sobre un asunto que afecta directamente a todos miembros de la comunidad universitaria: el calendario académico. La progresiva implantación en la mayoría de las universidades públicas españolas de un calendario en el que la convocatoria de exámenes extraordinarios tiene lugar antes de las vacaciones de verano, ha impulsado la formulación de diferentes propuestas que dan pie a un debate general sobre las mismas en el que están participando todos los colectivos que conforman la institución.

Desde el punto de vista del equipo de gobierno de la UGR, el adelanto de los exámenes de septiembre ofrece importantes ventajas académicas y administrativas. Entre las más importantes puede destacarse la previsible mejora en el rendimiento académico de los estudiantes que este cambio puede suponer. Así se desprende al menos de los datos ofrecidos por otras universidades tras los primeros años de cambio en sus calendarios. Entre las razones que contribuyen a esta mejora podría encontrarse el hecho de que los estudiantes pueden contar durante todo el período de preparación de los exámenes extraordinarios con la ayuda de sus profesores, o que el adelanto de los exámenes extraordinarios permite a todos los estudiantes iniciar el curso con normalidad en septiembre y evitar incorporaciones tardías. En general, los estudiantes que logren superar todas sus asignaturas en las convocatorias ordinarias, podrán aprovecharse de tres meses libres consecutivos (junio, julio y agosto), con las ventajas que ello lleva aparejadas. Otras áreas en las que las ventajas parecen evidentes son la de la movilidad internacional, la de estudios de posgrado, los procesos de matriculación, etc.

Por otra parte, los beneficios potenciales para los docentes no son menos importantes, y van desde la posibilidad de conocer el listado completo de los estudiantes de sus asignaturas desde el inicio del curso, hasta las mayores facilidades de planificación de las prácticas obligatorias o de las actividades de los másteres. Además, los profesores podrían contar con un período de entre 2 y 3 semanas sin docencia que podrían dedicar a otro tipo tareas con pleno acceso a sus centros y a los diferentes servicios.

En todo caso, la propia transcendencia del cambio que se plantea ofrece una inmejorable excusa para abrir un debate en el seno de la comunidad universitaria que podría incluso ir mucho más allá de la discusión relativa a un mero calendario. Para facilitar el inicio de este debate, se ha habilitado una página web en la que se encuentran algunas propuestas iniciales de modificación del calendario. Quedan abiertas otras muchas posibilidades que se pueden concretar a lo largo de este proceso de reflexión.

Por María López-Jurado de la Cruz
Vicerrectora de Docencia de la Universidad de Granada


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