Aprender a enseñar

Aprender a enseñar


Si hay algo que cambian al llegar al gobierno los partidos que han gobernado a España en estas últimas cuatro décadas es la educación básica. Se suceden las Leyes, pero el gatopardismo se cumple a cada cambio de pizarra. Francia, siempre allí cerca, da lecciones. Han girado hacia lo básico: Ciencias, Historia, Gramática y Matemáticas. Las lecciones extracurriculares se pueden discutir, sin caer en la tentación de usarlas como una de las vías preferidas del adoctrinamiento, sea cual sea la dirección del mismo. De lo que se trata –y ahí está el peligro– es enseñar a pensar. Ese es  el camino que hace libres a los alumnos tempranos. Esos niños y jóvenes de hoy, mañana votarán, si es que hay dónde votar. Por eso, es de urgente solución tener una Ley unificada para toda la nación, donde el consenso sea la formación de ciudadanos libres y que puedan discernir por sí mismos. Sin olvidar las particularidades locales. Ardua tarea.

Tener bajo control  los contenidos que se imparten a las primeras edades escolares ha sido tentación, en ocasiones eficientemente cumplidas, de los Estados totalitarios. Ejemplos hay en el siglo XX, que fue la era de la manipulación de las sociedades industriales. Hasta en los Parlamentos de prosapia democrática se censuraron los mensajes adversos. Se recuerda con gran actualidad a George Orwell y su prohibida ‘Rebelión en la granja’. Ahí quedan los nazis, los soviéticos, los maoístas y sus adláteres coreanos y vietnamitas. Ese siglo dio hasta para descubrir el ‘Socialismo del siglo XXI’, que aún sigue coleando. Todos ellos empezaron por poner reglas a la educación básica. Formar militantes en vez de ciudadanos, un concepto occidental que cayó en desuso con inaudita rapidez. En España, que tanto costó recuperarlo, no es hora ahora de dejar que se vaya por el sumidero de los nacionalismos trasnochados, del separatismo de mala hora, que  tan bien han utilizado el invento escolar.

La falta de coherencia de esos programas curriculares de la escuela pública, concertada o privada surge a flor de las aulas universitarias. La mayor parte de los estudiantes que ingresan parecen analfabetos funcionales. Saben leer, escribir y medio hablar, pero no entienden lo que leen. ¿Se perdió acaso el esfuerzo de la escuela básica de los 3 a los 18 años? O tal vez no se desarrolló suficientemente la enseñanza en aprender a leer, que es también entender lo que se lee. Algo tienen que hacer los responsables de que tales programas se adapten a los tiempos audiovisuales, sin olvidar que la letra es la puerta del entendimiento de la realidad: la que pasó, la que hay ahora y la que vendrá. Ahí está la clave de meter en las urnas votos conscientes. Crear ciudadanos es eso, lo otro es programar autómatas.

Si la nómina de clases extracurriculares está en el campo de la ciudadanía democrática, habrá que garantizarlo. Dejar fuera a las corrientes doctrinales ideológicas de uno u otro bando, será fortaleza para desarrollar el pensamiento democrático.

Por Carlos Pérez Ariza
@OraculoCharlie
En Horizontes


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