Casi doscientos estudiantes y personas mayores de toda la provincia participaron este miércoles en la Universidad de Almería en la segunda edición de un programa que busca combatir el problema de la basura dispersa en los pueblos del interior
El instituto IES Alyanub de Vera se alzó este miércoles con el primer premio de la segunda edición de ‘Mi pueblo bonico’, un programa de concienciación medioambiental celebrado en la Universidad de Almería (UAL) que reunió a cerca de doscientas personas entre estudiantes de secundaria y mayores de distintos municipios de la provincia. El galardón, dotado con 500 euros aportados por UAL Sostenible, reconoció al centro verense por presentar el trabajo más completo y mejor expuesto de la jornada.
Juan Gisbert, director del CECOUAL —el Centro de Cooperación al Desarrollo de la UAL—, explicó los motivos de la elección: «Han presentado el mejor póster, con la mejor estructuración, han tocado todos los temas y han hecho muchísimas propuestas». Gisbert destacó también que el equipo ganador contactó durante el proceso con distintos agentes locales, incluido el Ayuntamiento de Vera, y que su proyecto se articula en fases a corto, medio y largo plazo. «Lo han expuesto muy bien, con mucha emoción, y se lo merecían», concluyó.
El programa ‘Mi pueblo bonico’ es una iniciativa impulsada por Objetivo Newen con la colaboración del CECOUAL y del Vicerrectorado de Salud, Sostenibilidad y Deportes de la UAL. Funciona como una versión adaptada al interior de ‘Mi playa bonica’ —un proyecto similar centrado en el litoral—, y su particularidad es que no solo implica a alumnos de 4º de la ESO, sino también a personas mayores de los municipios participantes. El vicerrector Gabriel Aguilera valoró positivamente los resultados: «Estamos sembrando sostenibilidad, acuden diferentes ayuntamientos y logramos una importante interacción con la sociedad».
El problema que ambos programas intentan combatir es la basura dispersa, especialmente los residuos plásticos que acaban en el medio natural sin una gestión adecuada. Según explica Objetivo Newen, el plástico no se biodegrada, sino que se fragmenta en partículas cada vez más pequeñas —llegando a tamaño nanométrico, invisible a simple vista— que terminan por incorporarse a la cadena alimentaria y acumularse en los tejidos de animales y personas, con efectos tóxicos documentados para la salud.
Mónica Motos, de Objetivo Newen, subrayó que «la basura dispersa no tiene límites geográficos» y que su impacto en los ecosistemas es igual de grave en espacios naturales que en zonas urbanas o periurbanas. Motos dijo percibir «un despertar de conciencia» en los municipios, aunque reconoció que «queda mucho por recorrer».
Irene Vázquez, concejala de Educación y Medio Ambiente de Vera, explicó que los dos centros educativos de su municipio centraron sus trabajos en el Espíritu Santo, un enclave declarado Bien de Interés Cultural que actualmente está en proceso de excavación arqueológica. «Se creyó que era un lugar perfecto para iniciar este proyecto de limpieza y ayudar a ponerlo en valor», señaló.
Desde Fondón, su concejal de Medio Ambiente, Juan Francisco Rubí, advirtió de que uno de los grandes problemas de su localidad son los plásticos procedentes tanto de la agricultura como del incivismo. «Al final vamos a beber plástico en el agua», dijo, y recordó que los residuos también provocan daños indirectos en la fauna, como las aves que construyen sus nidos con basura y mueren electrocutadas en los tendidos eléctricos.
