El reto del siglo XXI: mujeres y niñas en las ciencias

El reto del siglo XXI: mujeres y niñas en las ciencias


Nuestras vidas están llenas de ciencia y tecnología. De la mañana a la noche usamos y nos rodeamos de objetos e ideas que provienen de estos campos del conocimiento. Una buena parte de los problemas que se nos plantean a nivel individual, como ser humano, y a nivel colectivo, como integrantes de una sociedad, están vinculados a lo científico y tecnológico.

La población española está integrada por un 51% de niñas y mujeres. Esto significa que la mitad del talento se encuentra en este sector de la población. Por tanto, sería deseable y esperable que en todos los ámbitos del conocimiento y de la actividad humana hubiese una proporción semejante de mujeres y hombres, un cincuenta/cincuenta. ¿Por qué digo que esta sería la mejor situación en el ámbito científico y tecnológico? Pues porque la objetividad del conocimiento científico y técnico depende de que las personas que lo construyen ocupen una amplia diversidad de posiciones con diversas visiones del mundo, de forma que, para dar respuesta a un problema, se testen el mayor número de variables, hipótesis, argumentos, explicaciones, consecuencias y beneficios sociales de los desarrollos científico-técnicos posibles.

Sin embargo, se ha construido un mundo dual en cuanto a sexo/género se refiere, donde las personas y las actividades han sido generizadas mediante estereotipos y división del trabajo según el sexo y el género. Eso es lo que se ha estado haciendo durante siglos y los resultados, entre otros, son: la marcada masculinización de las esferas de toma de decisiones y la desigualdad manifiesta en la composición de las comunidades científico-técnicas, con unas ciencias de la educación en las que en torno al 20% de estudiantes son hombres mientras que en el ámbito de las tecnologías son las cifras de estudiantes mujeres las que apenas sobrepasan ese 20%. Aunque todavía no hemos conseguido superar estos desequilibrios, afortunadamente, las luchas por la igualdad de mujeres y hombres han logrado que en los países de nuestro entorno sociocultural, en cifras globales, lleguemos al acceso igualitario en la educación superior.

Las universidades del siglo XXI han tenido un papel muy relevante en ese logro, visibilizando a mujeres que, a pesar de prohibiciones y dificultades, menosprecios y desconsideraciones, consiguieron mostrar su gran talento. Ellas ponen de manifiesto que la mayor parte de los desarrollos científicos y tecnológicos actuales en astronomía, filosofía, física, genética, informática, matemáticas, química, salud, etc. no hubiesen sido posibles sin la participación de las mujeres. Esta visibilización es muy importante porque rompe estereotipos y cambia la imagen de la ciencia y la tecnología. Así, las mujeres podremos sentirlas como algo nuestro, no como un territorio vedado y hostil. El crecimiento de las vocaciones científicas pasa por sentirse a gusto en el ámbito de las ciencias y para eso no debe haber ningún tipo de discriminación. La conciliación corresponsable, las prácticas de equidad en la selección y promoción del personal, la desaparición de las brechas salariales, son imprescindibles. Los lugares donde se hacen ciencia y tecnología deben acoger de forma confortable a todas las personas sin distinciones de género, etnia o clase. Es necesario ser conscientes de esto si queremos tener éxito en la incorporación de mujeres y hombres a tareas en las que ahora están en minoría. Es mucho lo que se ha hecho y es mucho lo que queda por hacer.

por Isabel Jiménez Lucena
Delegada de Rector para la Igualdad y la Acción Social. Universidad de Málaga


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