Un rector en dos

Un rector en dos


El rector de la Universidad de Málaga ha sorprendido a propios y extraños. Se  presenta a la reelección aliado con quien fue su contrincante más cercano en las anteriores elecciones. Los académicos se preguntan a qué se ha debido tan inesperada alianza. Las togas se interrogan. Si Ernesto Pimentel se iba a presentar, el rector José Ángel Narváez ha podido valorar el riesgo: Ganar con un porcentaje bajo o perder, lo cual sería un duro escenario. ¿Ha podido ser esa la clave de tal coalición? Pero si el catedrático ingeniero no tenía intención de acudir a las urnas, ¿para qué montar una candidatura amuletada? La razón esgrimida por el rector ha sido la coincidencia programática. Unidos se fortalece la expansión de los planes para el siguiente período. Si así fuera, ¿por qué no se dio tal unidad en 2015, donde la dura contienda se llevó hasta la segunda vuelta?

Narváez, quien no lo ha consultado con sus más allegados, asegura así su segundo y último mandato. Lo ha llevado a la sombra de la mayor discreción. Tampoco era cosa de alborotar a su mesa de reuniones. A hecho cumplido, el equipo ha tenido que cerrar filas. Al leer estas letras, ya se sabrá el porcentaje ganador, así como la presumible alta abstención.

Recuerda esta audaz forma de mantener el rectorado a aquel relato del italiano Ítalo Calvino, ‘Il visconte dimezzato’ (El vizconde demediado), donde el protagonista se escinde en dos y, aunque siendo el mismo, se convierten en antagonistas. Según fuentes consultadas, siempre discretas en el mundo académico, analizan esta forma rectoral como un ensayo para una mesa de gobierno ciertamente peculiar. Mientras el rector, electo nuevamente, se concentrará en la representatividad formal y protocolaria; el segundo de a bordo regirá el gobierno en el amplio día a día. Sería un consejo rectoral, donde el rector se convierte en una especie de presidente, mientras el segundo sería su primer ministro. Así Narváez puede quedarse con el ancho del embudo, mientras carga las tareas diarias a su asociado, como una fase de ganar experiencia en los laberintos de la ancha burocracia de la Universidad pública andaluza y Bolomita. Eso colocaría al ingeniero en un puesto de salida privilegiado, para la candidatura de 2023. Tal vez no sea un mal plan. Ya el rector cambió la denominación de Directores de Secretariados  por el de Vicerrectores  Adjuntos. No debe extrañar esta, más que probable, nueva estructura de gobierno en la UMA.

Claro que Pimentel –ningún apoyo sale gratis–  puede imponer rodearse de dos o tres escuderos vicerrectores, lo cual implicaría el cese de otros tantos del actual equipo Narváez. Las quinielas de tales suspensos, señalan las mismas fuentes, están ya sobre la mesa. Y si alguno de los actuales vicerrectores abrigaban la secreta esperanza de presentarse para rector en las siguientes elecciones, con el nuevo primer ministro a bordo, pueden ir despidiéndose de tal pretensión. La vida mancha, pero la supervivencia en la enrevesada política universitaria, aún más.

Por Carlos Pérez Ariza
@OraculoCharlie
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