Analizan el impacto emocional y educativo del confinamiento en la infancia

Analizan el impacto emocional y educativo del confinamiento en la infancia


El confinamiento decretado entre los meses de marzo y mayo de 2020 puso a las familias, y especialmente a los menores, en una situación totalmente novedosa. Durante este tiempo se privó a la infancia de las interacciones con espacios naturales, abiertos y, sobre todo, con sus compañeros. A ello se sumó una tradición forzada hacia la educación virtual. Las universidades andaluzas han publicado recientemente un estudio que analiza el impacto socioeducativo del confinamiento y de la enseñanza online en menores de 3 a 12 años.

Se trata de un estudio coordinado por la Universidad de Córdoba y en el que participan investigadores de las universidades de Cádiz, Granada, Jaén, Almería, Huelva, Málaga, Sevilla, Pablo de Olavide y la Universidad Internacional de Andalucía. En el mismo se analizan las percepciones que tienen las familias sobre el impacto social y educativo que ha tenido el confinamiento en la infancia con el objeto de diagnosticar fortalezas y debilidades de esta etapa, y de detectar los contextos familiares más vulnerables. El objetivo del estudio, en este sentido, es ayudar a desarrollar estrategias para gestionar mejor la etapa de pospandemia. De esta manera, y tras analizar las respuestas al Cuestionario sobre el impacto Educativo en la Infancia realizado a 5.180 familias, se detectó una falta de corresponsabilidad en todas las tareas domésticas y de cuidado que, exceptuando la compra, recayeron en mayor medida en la mujer. La implicación de los padres en las tareas de cuidado fue especialmente baja en la limpieza y en la ayuda con las tareas escolares de los pequeños, según los resultados de las encuestas.

Emociones positivas y negativas durante el confinamiento

Igualmente, y a pesar de que según sus familias los niños y niñas han experimentado más emociones positivas que negativas durante el confinamiento, el sentimiento de añoranza hacia sus amigos ha sido alto y, conforme van aumentando en edad, el impacto emocional se intensifica. Es decir, el alumnado de Primaria mostró más miedo y tristeza que el de Infantil, que desarrolló un comportamiento más nervioso. En el estudio también se evidencia cómo las familias con mayor nivel de estudios percibieron con mayor intensidad las emociones positivas, mientras que a menor nivel de estudios fue más notable la percepción de emociones negativas. Los expertos sostienen que posiblemente haya una correlación directa entre el nivel de estudio y la estabilidad económica, que deriva en un clima de mayor bienestar emocional.

A pesar del aburrimiento, la infancia andaluza no ha sentido soledad puesto que ha compartido mucho más tiempo con sus familias, aumentando el tiempo de juego analógico en familia, que ha sido la actividad más practicada por la infancia durante el confinamiento, según se desprende de las encuestas realizadas. La actividad que más aumentó fue ver la televisión, aunque también se ha incrementado ligeramente el tiempo destinado a la lectura. Mientras que el tiempo dedicado al deporte disminuyó de manera considerable.

Por último, la continuación del aprendizaje de los niños y niñas ha estado determinado por el apoyo y soporte familiar, así como por la accesibilidad de los docentes en el acompañamiento de los discentes, más que por las posibilidades de las tecnologías. En opinión de las familias, el uso de las tecnologías y los programas online no han favorecido el proceso de aprendizaje esperado. Las familias, además, concibieron como negativa la excesiva cantidad de tareas escolares enviadas por los docentes y echaron en falta, en muchas ocasiones, las clases online, puesto que muchos centros apostaron por el acompañamiento de los docentes, pero no por las clases online.



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