La US coordina un estudio pionero a nivel mundial sobre las consecuencias del asilamiento social

La US coordina un estudio pionero a nivel mundial sobre las consecuencias del asilamiento social


La Universidad de Sevilla de coordina un estudio internacional que ha seguido durante 10 años a más de 13.000 personas para analizar las consecuencias del aislamiento social. Este estudio, pionero a nivel mundial,  ha confirmado que el aislamiento tiene un alto impacto en la capacidad funcional de las personas y en su habilidad para desarrollar las actividades de la vida diaria.

Según indican los expertos, estos efectos son de especial interés en población adulta y mayor, y en pacientes de Covid-19, que han sufrido especialmente el aislamiento en el último año y que pueden experimentar sus consecuencias a largo plazo. Los resultados del estudio confirman y demuestran las consecuencias negativas del aislamiento social, específicamente en la aceleración de trayectorias del deterioro del envejecimiento en el funcionamiento físico. Además, dadas las tendencias mundiales en el envejecimiento de la población y la aparición de la Covid-19, es probable que el aislamiento social se convierta en un problema social más prevalente en la población adulta mayor en los próximos años.

En este estudio han participado investigadores de España, Australia y Dinamarca, liderados por el profesor Jesús del Pozo-Cruz, de la Universidad de Sevilla. El equipo ha seguido durante 10 años a más de 13.000 personas para estudiar las consecuencias del aislamiento social. Se sabe que los individuos que lo padecen en mayor medida son proclives a exhibir problemas mentales y desarrollar demencia. Todo ello se asocia igualmente a mayor mortalidad. Los problemas de este tipo se están incrementando con el paso de los años y se han agudizado en el momento actual debido a la pandemia, según los datos cosechados.

Los resultados del estudio también aconsejan que las intervenciones en materia de salud pública deberían centrar su atención en los entornos sociales en los que están integrados los mayores, en particular los que están en riesgo de aislamiento. En este sentido, los autores instan a crear soluciones políticas que promuevan contacto y relaciones sociales de calidad entre las personas adultas y mayores, que deberían tener además éxito en mejorar la función física de éstas.

Por último, los autores enfatizan que es particularmente importante reducir los niveles de aislamiento social que experimentan los ancianos, ya que este aislamiento tiene consecuencias más graves sobre su función física que en las personas más jóvenes. Además, los expertos sostienen que el declive de la función física conlleva un mayor riesgo de fragilidad en las personas adultas y mayores, por lo que tras este estudio se puede afirmar que evitando el aislamiento social se favorece  la prevención de la fragilidad.


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