Final de Champions o lección de tiempo


Desde la publicación del último post, ‘De la libreta a la pantalla LED’, nada ha impedido, ni si quiera la proximidad de los exámenes finales o las consecutivas ferias andaluzas de abril y mayo, para que varios de nuestros lectores sigan interactuando con este portal. Con su permiso, haremos público, una vez más, la consulta de uno de estos universitarios e intentaremos darle respuesta, en esta ocasión, utilizando como ejemplo más cercano la Final de Champions League, cuyo resultado nos es indiferente a estos efectos. Como siempre, no desvelaremos la identidad de nuestros seguidores; se dice el pecado pero no el pecador.

Su formación tampoco nos interesa, pues no es relevante para el asunto que nos atañe. Actualmente se encuentra realizando unas prácticas en una empresa. Le han propuesto que si todo marcha bien, y tanto él como la propia dirección convienen, podría quedarse a formar parte de la plantilla. Esa es la parte positiva, sin embargo, su mayor incertidumbre es que cree que no está preparado para desempeñar el puesto de trabajo que podría llegar a alcanzar y lo justifica porque, en palabras de nuestro consultor: “aunque al final lo hago bien, cuando me encargan una tarea le dedico mucho tiempo y necesito volver a buscar mis apuntes… me agobio en tardar tanto…”

Nos pide nuestro consejo y rápidamente le remitimos a la Final de Champions. Si el fútbol no es solo fútbol debe ser porque tiene otros motivos de peso. Henry Adams decía que un maestro afecta a la eternidad y nunca sabe donde termina su influencia. Por esta razón, Sergio Ramos se convirtió en maestro en aquella noche lisboeta. Su cabezazo afectará a la eternidad y nunca sabrá donde terminará su influencia, aunque, de momento, está sirviendo para darnos una lección de fe y de tiempo, sobre todo de lo segundo.

El becario o el universitario en prácticas, por ejemplo, tiene que hacer valer uno de sus mayores patrimonios, es decir, el tiempo. Nadie goza de tanto tiempo como él. Puede leer, buscar, informarse, preguntar, equivocarse, repetirlo… con la ventaja de que no tendrá que asumir ninguna responsabilidad, salvo la propia presión que él mismo pueda atribuirse. Haberle dedicado muchísimo tiempo y terminar una tarea en los últimos minutos no tiene que ser necesariamente un síntoma de connotaciones negativas. ¿En qué minuto logró el empate el Real Madrid? ¿Acaso no sirvió la prórroga para alcanzar la ansiada “Décima”?

Los grandes negociadores afirmarían ante nosotros que cerrar un acuerdo puede llevar muchísimo tiempo, importantes desencuentros, improvistos, y también podrían asegurarnos que los últimos instantes pueden llegar a ser los momentos que marquen el punto de inflexión entre un resultado victorioso u otro de signo contrario. Hasta el rabo todo es toro.

Aunque nuestro alumno no debe preocuparse de que una determinada tarea puede llevarle demasiado tiempo, no hay que olvidar que en el ámbito empresarial la gestión del tiempo está tan valorada como saber destinar en cada momento solo el justo y el necesario, sin entrar en excesos que disminuyan la productividad. De hecho, los nuevos planes de estudios (EEES) hacen hincapié en el trasvase del tiempo colectivo al tiempo personalizado o individual del alumno.

Y esto solo acaba de empezar, ¡ánimo!


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