Greta y el mal ambiente

Greta y el mal ambiente


Mientras Greta cruza el Atlántico a vela por segunda vez, la factura de la luz española no baja, sino sube si cesar. Es la hija pequeña y posmoderna de la Madre Tierra, que clama por el futuro del Planeta. Es una heroína de su tiempo, tiene ya un altar en el Olimpo de la protesta callejera mundial.  Será beatificada como la voz airada a la que le robaron su infancia. Cada vez que nombran su nombre –y suena a diario– resuena Andy Warhol, cuando afirmó que en esta Nueva Era cada quien tendría su minuto de gloria. Greta ya tiene más que eso. Es un icono del marketing mundial. Será santificada en gorras, camisetas, tazas y demás merchandising a la moda.  Competirá con las imágenes del Che, sin haber asesinado a nadie; sino como salvadora del Globo terráqueo a punto de fenecer. Su causa es noble, quién podría dudarlo. Otra cosa es la utilización mediática de una menor de edad, que padece Asperger. 

Aunque ella declara no estar dirigida por ningún poder planetario, el Times ha publicado su vinculación a lobbies de la energía. La periodista Eva Abril publicaba (29/08/19): “El fenómeno Greta también ha involucrado a grupos de presión verdes, relaciones públicas, eco-académicos y un grupo de expertos fundado por una rica ex ministra socialdemócrata de Suecia con vínculos con las compañías de energía del país”. La duda queda sembrada. Desde su pancarta ‘Huelga escolar por el clima’ en agosto de 2018, su voz se ha unido al movimiento ‘Juventud por el clima’ y ‘Fridays for Future’. Su duro discurso en la ONU (diciembre 2018) la catapultó a su año de gloria como su personaje 2019. Y en marzo de este año nominada al Premio Nobel de la Paz. Para no haber terminado el bachillerato, su carrera es apoteósica. Greta recoge el guante de Stéphane Hessel, aquel de ‘Indignaos’, que no aró en la mar. La niña le ha hecho caso.

Mientras la Cumbre ha concluido en Madrid con un ‘Pacto Verde Europeo’ y buenas intenciones, tipo ahora o nunca, no hay tiempo para esperar, la niña Greta ha cumplido su parte del contrato sin gastar un voltio, ni un euro de su bolsillo.  Pese a que hay movimientos tímidos y lentos, como los coches eléctricos, todo huele a un gatopardismo pausado y lánguido. Greta le queda camino aún. Se le puede sugerir una vuelta al mundo a vela, donde en cada puerto la reciba la bandera del cambio climático. Estaría por ver si la acogerían en algún puerto estadounidense, ruso, chino o indio; los grandes contaminantes, ausentes en Madrid. 

Ante esta niña angelical, que llegó desde la fría Suecia, sus colegas de generación incendian el mundo. Su ‘Los líderes nos traicionan. Basta ya’ inspira a los millennials. Greta enfervoriza  a sus multitudinarios seguidores a la izquierda. Y enfrenta a los ‘negacionistas’ científicos de sus tesis apocalípticas, tanto como a la derecha más radical. La voluntad política para detener el deterioro climático, no parece tener prisas.  

Por Carlos Pérez Ariza
@OraculoCharlie
En Horizontes


Compartir