Un equipo de la Universidad de Córdoba ha dado un paso importante en la búsqueda de alternativas sostenibles para combatir el calor. Los investigadores han desarrollado un sistema de refrigeración basado en la evaporación del agua que consume hasta un 70% menos de energía que los aparatos de aire acondicionado tradicionales.
El proyecto cobra especial relevancia en un contexto de emergencia climática. Las cifras hablan por sí solas: según Eurostat, la necesidad de usar aire acondicionado en edificios se ha multiplicado casi por cuatro desde 1979. España ocupa el cuarto puesto en Europa en este incremento, lo que dispara tanto las facturas eléctricas de los hogares como el impacto medioambiental.
Pero el problema va más allá de las viviendas. Las instalaciones industriales y los centros de datos, que requieren refrigeración constante, consumen cantidades ingentes de energía. La Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda global para climatización crecerá un 25% hasta 2050, convirtiendo la búsqueda de soluciones eficientes en una prioridad urgente.
Cómo funciona el sistema evaporativo
La tecnología desarrollada por el grupo de Ingeniería Térmica Aplicada (RATE) aprovecha un proceso tan antiguo como la naturaleza: la evaporación del agua para enfriar el aire. A diferencia de los sistemas convencionales, estos equipos no necesitan gases refrigerantes ni compresores, los componentes que más energía consumen en un aire acondicionado normal. Simplemente utilizan aire y agua.
La investigadora Paula Conrat, que ha liderado el estudio junto a Manuel Ruiz de Adana y Francisco Comino, ambos profesores de la Universidad de Córdoba, y el Centro Tecnológico del Plástico Andaltec, explica que el secreto está en los materiales. «Hemos trabajado con polímeros en forma de láminas muy finas que tienen diferentes capacidades para retener agua, con distintos niveles de porosidad y rugosidad», detalla.
Estas láminas se procesan mediante técnicas de laminación y se utilizan para fabricar lo que los investigadores llaman el «canal húmedo», que viene a ser el corazón del sistema. Es la pieza donde se produce el intercambio de calor, el elemento que hace posible el enfriamiento del aire.
Resultados prometedores
El equipo probó cuatro tipos diferentes de materiales para comprobar cuál funcionaba mejor. Los ensayos demostraron que las propiedades de cada material influyen directamente en la capacidad de refrigeración. El canal más eficiente logró bajar la temperatura del aire hasta 16 grados.
Este avance, publicado en la revista científica Energy, representa un paso concreto hacia la optimización de sistemas que podrían sustituir o, al menos, complementar los métodos tradicionales de climatización. Los investigadores subrayan que estos resultados contribuyen directamente a hacer más eficientes unos equipos que, por su bajo consumo energético, están llamados a jugar un papel importante en la refrigeración del futuro.
El reto ahora es hacer compatible la reducción del consumo eléctrico y las emisiones de CO₂ con las necesidades reales de la población y la actividad productiva. Porque, como señalan desde el grupo RATE, de poco sirve una solución sostenible si no garantiza el confort necesario para sobrevivir a las crecientes olas de calor o si las empresas no pueden utilizarla en sus procesos industriales.
La investigación demuestra que es posible enfriar de manera eficiente sin hipotecar el planeta, un objetivo que cada año se vuelve más urgente a medida que los termómetros siguen subiendo.
