La audiencia ya no se sienta en la mesa a consumir, ahora come “a la carta”, por Álvaro Roldán


Las televisiones ya no tienen el poder de la programación. Desde unos años hasta nuestros días es la audiencia quien literalmente tiene el mando en las manos y construye silenciosamente la parrilla de la caja tonta.

Con todos los respetos al sector, el oficio de los programadores está siendo invadido por los propios telespectadores y las cadenas televisivas dan plena potestad a que esto ocurra.

Para quien no sepa en qué consiste el trabajo de un programador de parrilla televisiva, lo recuerde vagamente de haberlo estudiado en la Universidad o directamente lo haya olvidado, os refresco el coco.

Un programador es aquella persona que tenía que hacer peripecias con los productos de una cadena para rellenar todos los huecos de la parrilla semanal y dar al público de comer un menú, gustoso y apetitoso, para que no se pasen al banquete de enfrente. Empleo perfectamente la conjunción del pasado, porque la actualidad es totalmente la contraria. Vean.

Ahora es el público quien decide lo que quiere comer y quien impone a los programadores lo que tienen que poner encima de sus mesas. Hartos de las descaradas pataletas y luchas televisivas entre cadenas por ser la mas vista a final de mes, la audiencia se ha revelado y no le tiembla el pulso en rechazar productos que hace años alcanzarían cifras estratosféricas, o que ciertamente lo hacían. Y para muestra un botón.

Empezando por la primera cadena (por llamarla por su nombre de pila, ya que en audiencias lleva medio lustro como tercer plato del público) dos ficciones que superaron los 5 millones de telespectadores, coquetearon con un 30% de cuota de pantalla y lideraron sin piedad su jornada en parrilla, ahora tienen que agachar la cabeza por culpa de la guerra de audiencias entre televisiones.

Hablo sin duda de ‘Los misterios de Laura’ y de la mítica ‘Cuéntame cómo pasó’. La primera guardada en el baúl de la tele pública a la espera de un enfrentamiento que brillase en titulares y la segunda pisoteada por un talent show de niños pequeños (‘La voz kids’) gracias al inexplicable adormecimiento de sus guionistas. Las dos han perdido más de 2 millones de fieles.

Por continuar con los ejemplos, ahora es turno de las verdaderas presidentas de la pataleta, Atresmedia y Mediaset España. Podríamos rescatar del cementerio de productos televisivos a ‘Tierra de lobos’ (Telecinco) o ‘Lolita Cabaret’ (Antena 3) tras el bofetón que los directivos de respectivas cadenas dieron a los fieles seguidores de dichos productos por tal de competir por la cuota de pantalla mas alta.

Finalmente la audiencia terminó abandonando ambos seriales nacionales tras la agonía de partir en dos el desenlace de una ficción que brilló con luz propia, como la de Telecinco, o el deterioro de su trama que se vio invadida por la atractiva novedad de la cadena de enfrente, como ha pasado con la de Antena 3, ya con sentencia de muerte.

Y es que con la audiencia no se juega. Ya no. Ahora es la dueña y señora de su televisión y el telespectador decide lo que quiere ver y lo que no y se opone en rotundo a participar en la tesitura al que lo ponen las cadenas cuando tiene el mando en sus manos. A pesar de esto, los programadores y televisiones siguen haciendo caso omiso a esta realidad y deciden saltarse a la torera la parrilla y usar la socorrida técnica de la contraprogramación para dar en los morros a su competencia.

No es la primera vez que una persona se dispone a ver determinada programación cuando se encuentra con la sorpresa de que ha cambiado radicalmente. Es el caso más reciente de Antena 3 con su noche de los lunes; ante el anunciado debut de ‘B&B, de boca en boca’ por parte de Telecinco, la otra cadena arrastró del lunes al miércoles “El corazón del océano” para lanzar el también estreno de ‘Velvet’ y así arañar público a su principal rival. ¿Y qué pasa con el público? Da igual, pero somos líderes.

Los programadores ahora son el padre, niño o abuelo desde su sofá. Burlando al imperioso deseo de los jefazos de las grandiosas cadenas de televisión, como Telecinco, TVE o Antena 3, de que su producto sea el elegido y rechazado el de enfrente; eligen los dos o ninguno. Si por ejemplo las dos cadenas privadas ponen entre la espada y la pared a la audiencia para que decidan ver o ‘Velvet’ o ‘B&B, de boca en boca’, puede que la gran masa se decante por una, pero finalmente la parrilla televisiva que cada telespectador se diseña a su antojo elige las dos, o directamente ni las consume.

Entonces ¿está siendo útil el trabajo del programador? No, porque la audiencia ahora se construye su propia programación “a la carta” y no participa en las peleas de audiencias. Programen, programen.


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