La exclusión social no es una enfermedad del individuo es una enfermedad de la sociedad


Es difícil calificar la exclusión social a la que nos vemos sometidos después de casi seis años y los que quedan… En mi opinión, podría calificar a la exclusión social como un fallo del sistema democrático y legal, del mercado laboral, del estado del bienestar y de las redes primarias de solidaridad al acometer sus respectivas responsabilidades, consistentes en promover la integración cívica, económica, social e interpersonal.

Hablamos de crisis, la crisis ya pasó, la crisis sirvió para ponernos en el lugar que nos merecemos estar según los mercados, y los poderosos, es decir, en exclusión social, o dicho de otra manera trabajar para “ellos” sin más derechos…
Debido a esto, la situación gravísima que atravesamos económicamente, hace que peligran muchas cosas; sobre todo los valores humanos, y la dignidad de las personas por la perdida del empleo.

La sociedad actual esta inmersa en un entorno en constante transformación, hemos de adaptarnos a esa nueva situación como una necesidad para la supervivencia. Igualmente unido a esa adaptación, se hace necesario un desarrollo que nos permita crecer, lo que provoca a su vez una necesidad de renovación constante, al menos para poder acceder a la primera primicia de toda existencia humana “hallarme en condiciones de poder vivir, y para poder vivir hace falta comer, beber, alojarse bajo un techo, vestirse, etc.”

Aunque nos hemos acostumbrado a escuchar periódicamente las cifras que sintetizan la dimensión del problema, (la tasa de desempleo sobre pasa el 25% para los mayores y mas del 50% para los jóvenes) el impacto de los datos fríos y de las estadísticas en conciencia colectiva es mucho menor que el problema humano de las personas y familias reflejadas en tales cifras. Del mismo modo que el trabajo da a las personas la posibilidad de integrarse adecuadamente en las sociedad de la que formamos parte, aportando sus capacidades al bienestar colectivo, el paro nos priva de esta posibilidad de integración y nos pone al borde de la exclusión social, que es el nombre actual de la pobreza.

La noción de exclusión se ha operativizado a partir de la idea de desventajas acumuladas en un hogar, además de tener unos ingresos bajo el nivel de la pobreza. Así por ejemplo, un hogar donde sus miembros estén sin empleo, sin recibir ninguna prestación, con un nivel bajo de formación para insertarse en el mercado de trabajo y residiendo en una vivienda en malas condiciones, puede decirse que es un hogar excluido

Las perspectivas no son nada halagüeñas sobre todo para los colectivos mas desfavorecidos y de menor cualificacion. Esta situación actual o esta exclusión social implicaría algo mas que una escasez de ingresos asociada a situaciones de pobreza relativa, implicaría la dificultad crónica de participar activamente en el mercado laboral, en la educación, en las instituciones de una manera digna, útil y reconocida, donde se respeten las diferencias culturales de cada individuo sin responsabilizar únicamente de su situación a los propios afectados.
“El trabajo es un elemento de solidaridad, y una pieza central de las relaciones sociales, por lo que es urgente actuar, para volver a hacer del trabajo la base de la riqueza social, ya que es la más perfecta y fructífera fuente de cohesión social, convirtiéndolo en el único elemento que pueda garantizar la plena realización de los derechos de los ciudadanos.

Por Manuel Acosta Montaño
Presidente en Fundación Internacional contra la exclusión y por la inserción.


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