La internacionalización universitaria del siglo XXI


En el ámbito universitario español, uno de los pocos aspectos en el que existe un consenso es el relativo a la necesidad de internacionalización de las Universidades. En un contexto educativo y laboral global como el actual, ninguna institución de educación superior puede vivir de espaldas a la internacionalización, pues ésta se ha convertido en herramienta esencial para lograr la eficiencia, la excelencia y la competitividad en un entorno global. Así lo ha afirmado con rotundidad el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en su documento “Estrategia para la internacionalización de las Universidades españolas” (2014).

De igual modo lo hemos asumido los equipos de gobierno de las Universidades españolas que, en los últimos años y a pesar de un contexto adverso de crisis económica y reducción presupuestaria, hemos apostado por fomentar la movilidad de nuestro alumnado, profesorado y personal de administración y servicios mediante becas y ayudas a tal fin. Y así lo entienden, también, los distintos colectivos que integran la comunidad universitaria, que cada vez con mayor frecuencia e intensidad participan en los múltiples programas de movilidad que las Universidades ponen a su alcance y disposición.

Entrado ya el siglo XXI, es evidente que la internacionalización no puede limitarse al mero recuento del número de estudiantes que entran y salen (lo que en la jerga administrativa universitaria se conoce como ‘incoming’ y ‘outgoing’) ni centrarse en las movilidades Erasmus+ para estancias de estudios. Es preciso profundizar en la internacionalización a través de nuevas fórmulas, como las estancias de prácticas en el extranjero, que permitan a nuestros estudiantes poner en valor las competencias adquiridas en contextos internacionales, o la movilidad de posgrado para la consecución de dobles títulos de máster, tesis con mención internacional o, incluso, doctorados duales.

La internacionalización tiene también una segunda dimensión, no siempre justamente valorada, y para la que no es preciso salir de las fronteras de la misma Universidad. Me refiero a lo que en ocasiones se denomina ‘internationalisation at home’ para aludir a todo aquello que se haga en la propia Universidad pero con vocación internacional. Así, contribuye decisivamente a la internacionalización la impartición de docencia utilizando como lengua vehicular el inglés, la recepción de estudiantes extranjeros para cursar estudios ordinarios en nuestras Universidades (esto es, no como estudiantes de intercambio, sino de conformidad con el régimen que tendría cualquier estudiante español), o que nuestro personal de Conserjería, Biblioteca o Informática preste sus servicios a quienes nos visitan utilizando otros idiomas.

La Universidad que dirijo aspira a todo ello. A incrementar la movilidad de sus distintos colectivos, reforzando las convocatorias Erasmus+ cuando el presupuesto europeo no llega a nuestras expectativas o aprobando un ambicioso Plan de Fomento de la Movilidad Internacional de estudiantes. A fomentar la docencia en inglés, la organización de congresos internacionales y la captación de talento extranjero a través de financiación propia y externa. A formar a nuestro personal de administración y servicios en idiomas y en nuevas técnicas que permitan la prestación de un mejor servicio en una Universidad global. A ser conocida por quienes nos representan y engrandecen la imagen de Córdoba fuera de nuestras fronteras. A ser destino prioritario para universitarios de todo el mundo, que perciban en nosotros el espíritu de convivencia y concordia por el que nuestra ciudad fue y es universalmente conocida.

Por José Carlos Gómez Villamandos, rector de la Universidad de Córdoba (UCO).

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