La inversión llega tarde

La inversión llega tarde


Estos días las palabras “transferencia”, “innovación” y “I+D+i” han llenado la boca de políticos y responsables académicos. La medalla de la lucha por cubrir la necesaria inversión en la investigación y ciencia ha llenado la foto de representantes de todos los colectivos, da igual el color de sus pulseras. Pero la realidad de la base sigue siendo bien distinta, pues mientras la foto oficial se tomaba entre risas otra cara era la que se ponía ante noticias que desalentaban el panorama investigador español.

Este febrero, junto al las noticias del Foro Transfiere, ha pasado de puntillas una actualidad que no interesa a los colectivos académicos, mejor acallarla. Nos referimos a la noticia sobre José Manuel Fernández, exportavoz de la Federación de Jóvenes Investigadores Precarios, quien tras verificar que la lucha en este país por un puesto digno en la investigación es una tarea titánica ha decidido finalmente dejar la  investigación por un puesto administrativo.

El caso de Fernández se repite de forma constante en miles de investigadores de entre 35 y 45 años, quienes ven que tras los años de acreditaciones, de estancias y de patentes no consiguen un mínimo de estabilidad laboral que les permita continuar con sus proyectos de vida. Y es que no solo de ciencia vive el académico. El contexto vital influye mucho más en la consecución de las ansiadas patentes o la redacción de artículos que todas las promesas hechas sobre un futuro mejor.

Una realidad que se vuelve más palpable en el caso de las mujeres científicas, que añaden a la precariedad la falta de apoyos y facilidades en el caso de que decidan ser madres y compaginar la carrera científica con sus vidas personales.

Vuelve a ser oficial otra fotografía de portada: todas unidas a favor de las vocaciones científicas femeninas. Pero ¿de qué vale fomentar estas vocaciones si luego a medio camino se las abandona? Se sigue escribiendo artículos y dando discursos sobre la necesidad de aumentar el número de mujeres entre los altos cargos, pero en los pasillos de las facultades se escucha el susurro de “primero la Tesis y luego los niños” ¿de qué se extrañan entonces cuando empiezan a desaparecer los nombres de mujeres?

Se exige a los nuevos investigadores e investigadoras una dedicación completa, que dejen de lado sus vidas personales y la dediquen por entero a la ciencia. Pero ésta luego parece volverse una amante olvidadiza y, con el paso de los años, la estabilidad prometida se queda en agua de borrajas.

Para la foto siempre hay dispuestas caras y sonrisas que hacen promesas de futuro, pero la realidad de la investigación en España sigue siendo la de un país que destaca por ser el que menos apoyo económico da al I+D+i.  Mientras se presentan unas jornadas multitudinarias sobre la importancia de la transferencia, la realidad del país sigue siendo el de un Estado que en 2016 dedicó el 1,19% del PIB a la ciencia, muy lejos del 2,03% del resto de la Unión Europea.


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