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19 julio, 2024
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La titánica tarea del doctorando en España desde dos puntos de vista diferentes: con y sin beca

Hay un refrán que asegura que ‘el saber no ocupa lugar’, pero de lo que no habla es del tiempo que se requiere para adquirir ese conocimiento. Un periodo que por lo general, en el mejor de los casos, consume aproximadamente un cuarto de nuestra vida pues desde bien pequeños comenzamos a asistir a clase, ya sea a la guardería, párbulos o primaria, y no es hasta los primeros años como veinteañero cuando suele cesar nuestro aprendizaje.

Por supuesto, nos referimos de una adquisición de conocimientos desde el punto de vista académico ya que la ‘experiencia vital’ y los llamados conocimientos de cultura general se adquieren a lo largo de toda la vida. Pero aún así, a pesar de invertir tal cantidad de tiempo en formar nuestras mentes (y no gastar, pues la educación nunca va a fondo perdido), a lo largo y ancho de todo el mundo nos encontramos a personas sedientas de saber y conocimientos que continúan formándose para ser Doctores.

Esta tarea, a la cual se le podría atribuir el adjetivo de titánica, supone a aquellos que se aventuran en ella un periodo de estudio de, al menos, tres años más tal y como está estipulado actualmente el sistema de los programas de doctorado. Esfuerzo que requiere mucha dedicación, pues aunque el trabajo se centre en un aspecto concreto de un tema específico, el resultado debe profundizar por completo en la materia y no quedarse simplemente en la superficie; algo que requiere una labor de investigación intensa que, a su vez, está supeditada a dedicarle un gran número de horas.

Un tiempo que, si no se tiene apoyo económico de algún tipo, es complicado dedicárselo en exclusiva a realizar la tesis pertinente; lógicamente las facturas y la manutención no se costean solas. Por esto mismo, al igual que en otras etapas educativas, existen las tan preciadas y codiciadas becas para realizar el doctorado; aunque no todos los doctorandos pueden disfrutar de ellas. Lo que divide el camino hacia la meta (el doctorado) en dos sendas que vistas únicamente desde el plano económico, facilita la labor de unos mientras que complica la de otros. :

La senda del becado

Gabriel Maldonado López es licenciado en Humanidades especializado en Historia Antigua y Arqueología. A sus 35 años, se encuentra trabajando en su tesis sobre la colonización fenicio-cartaginesa en el Norte de África. Es de los ‘pocos’ afortunados que cuenta con una beca de cuatro años (ya extintas) tras solicitarla en la convocatoria del Plan FPI de 2012 del Ministerio de Ciencia e Innovación, y en noviembre hará justo cuatro años con su tesis, más un año de acercamiento mientras cursaba un máster; por lo que espera cumplir con el plazo marcado, aunque no es lo usual.

Gabriel Maldonado López, durante una ponencia sobre algunos aspectos de su tesis.
Gabriel Maldonado López, durante una ponencia sobre algunos aspectos de su tesis.

En su caso, la motivación para conseguir el doctorado viene marcada por la investigación, “una opción profesional que me ha parecido interesante siempre”. Y es que en muchos casos como el suyo, ante una tesitura laboral bastante adversa, conseguir una beca “es una huida hacia adelante: tienes un sueldo, modesto, que está asegurado por 4 años. Eso te permite además ampliar tu formación académica con un máster, viajar, aprender idiomas. En definitiva, aprender y ver otras cosas que, salvo la emigración o el turismo, difícilmente podías tener acceso a ellas”.

Algo factible gracias a que la beca supone cierta ‘exclusividad laboral’ que le permite dedicarse únicamente a su tesis y todo lo que ella conlleva; un hecho lógico “porque te están pagando para que desarrolles una investigación, no para que tengas otro trabajo”. Aunque los becarios suelen también dar clases prácticas en la universidad o visitan archivos para documentarse, lo que difiere un poco de su labor prioritaria y les da la posibilidad de compaginarla con otras actividades.

El páramo sin becas

En la ruta más angosta hacia la meta, la que carece de apoyo económico, se encuentra Juan Francisco Escámez Trujillo, Arquitecto Técnico e Ingeniero de Edificación cuya especialidad se centra en el Urbanismo y Cartografía Histórica de Almería. Doctorando recién entrado en la treintena que, tras cursar el Máster de Representación y Diseño en la UAL, descubrió el campo de la investigación; lo que le “ilusionó mucho” y desembocó en su investigación, centrada en el estudio del urbanismo de Almería, y su relación con las murallas del siglo XVI. Labor con la que lleva unos cuatro años, aunque no a tiempo completo pues debe compaginarlo con su trabajo por lo que “hay semanas que le puedo dedicar todas las mañanas, otras, ni una hora”.

En gran medida, debido a la falta de una beca, ya que “cuando eres becario, la investigación es parte de tu trabajo, de hecho, es tu trabajo. Yo voy mucho más limitado, porque actualmente trabajo como Arquitecto Técnico y por las tardes soy docente en una academia de clases particulares, y no lo puedo dejar, porque la investigación es una afición”.

¿Y después de la meta?

Ambos, al preguntarles por sus planes tras el doctorado, responden que aunque no era su plan inicial, éste les abre una puerta a la docencia universitaria que siempre estará ahí; pero por lo pronto la idea es seguir investigando. En cuanto al ámbito laboral, fuera de la docencia el doctorado no supone ninguna ventaja con las empresas. Para éstas, un doctor es alguien con una educación superior, que ha viajado, conoce lenguas, ha visto cómo funcionan las cosas fuera de su ciudad, provincia o país “y eso no interesa a nuestros empresaurios”, tal y como comenta Gabriel.

Aún así, y a pesar de los problemas y quebraderos de cabeza que suponen los trámites burocráticos para realizar el doctorado y la falta de formación previa en materias de publicación, solventados gracias a la gran labor de sus directores de tesis; animan a aquellos que quieran realizarlo y aseguran que el esfuerzo será recompensado.


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