El Grupo de Investigación Sostenibilidad, Resiliencia y Gobernanza de Sistemas Socio-Ecológicos (SociECOS) de la Universidad de Almería participa en SeaSTRONG, un ambicioso proyecto internacional de conservación marina que busca restaurar arrecifes de coral, praderas sumergidas y manglares en las Islas Seychelles, Fiyi y Belice.
El proyecto, cuyo nombre completo es ‘Más fuertes juntos: el papel de la conectividad en la protección del funcionamiento de los ecosistemas costeros frente al cambio global’, pretende cambiar la forma en que se abordan las estrategias de conservación marina a nivel mundial.
Conectividad, la clave del éxito
Antonio J. Castro, catedrático de Ecología que lidera el grupo almeriense, ha explicado que la misión fundamental es «mapear la conectividad espacial» de estos ecosistemas «con el objetivo de analizar las mejores estrategias de restauración marina».
Según Castro, las estrategias de conservación aisladas tienen pocas probabilidades de éxito. «Las que ignoran la conectividad entre ecosistemas y el papel de las comunidades locales e indígenas fracasan», ha advertido. Por ello, resulta esencial «comprender cómo manglares, praderas sumergidas, arrecifes y sociedades humanas funcionan como un sistema interconectado».
Una crisis sin precedentes
Estos espacios naturales están sometidos a una presión extraordinaria debido al calentamiento global y a múltiples impactos locales. La degradación de estos ecosistemas costeros no solo amenaza la biodiversidad, sino también el bienestar de millones de personas que dependen directamente de ellos.
«Estos ecosistemas protegen las costas, sostienen la pesca, capturan carbono y garantizan medios de vida para millones de personas», ha detallado el investigador almeriense.
Servicios vitales para la humanidad
Los bosques de manglar, las praderas de fanerógamas marinas y los arrecifes de coral proporcionan lo que los científicos llaman «servicios ecosistémicos», beneficios naturales esenciales para el bienestar humano y el desarrollo sostenible.
Entre estos servicios destaca la protección costera. Estos ecosistemas actúan como barreras naturales frente a tormentas, huracanes, oleaje y erosión. Reducen la fuerza de las olas y ayudan a prevenir inundaciones, protegiendo infraestructuras y comunidades costeras.
La seguridad alimentaria es otro aspecto fundamental. Estos espacios marinos sostienen tanto la pesca artesanal como la industrial, funcionando como zonas de reproducción, refugio y crecimiento para peces, crustáceos y moluscos que forman parte de la dieta de millones de personas en todo el mundo.
Además, generan empleo e ingresos a través de la pesca, el turismo con actividades como buceo, snorkel o ecoturismo, siendo especialmente importantes en comunidades costeras e insulares.
El carbono azul
Castro también ha destacado el papel de estos ecosistemas en la lucha contra el cambio climático. Absorben y almacenan grandes cantidades de lo que se conoce como «carbono azul», el carbono capturado por los océanos y organismos costeros, contribuyendo así a mitigar el calentamiento global.
Otros beneficios incluyen la mejora de la calidad del agua, ya que filtran contaminantes, sedimentos y nutrientes, y la preservación de la biodiversidad. Muchas especies que albergan estos ecosistemas tienen potencial farmacéutico y biotecnológico aún por explorar.
Valor cultural y tradicional
No menos importante es el valor cultural, espiritual y educativo que estos espacios representan para las comunidades locales e indígenas, fortaleciendo su identidad y conocimiento tradicional.
«Estos ecosistemas no solo sostienen la vida marina, sino que son fundamentales para la seguridad, la economía, la salud ambiental y la resiliencia de las sociedades humanas», ha resumido Castro.
Soluciones basadas en la ciencia
Aunque frenar el calentamiento oceánico es un reto global complejo, el investigador considera urgente impulsar soluciones basadas en la ciencia que permitan la recuperación de estos espacios.
SeaSTRONG trabajará en Belice, Fiyi y Seychelles para mapear la conectividad espacial, analizar las relaciones entre personas y ecosistemas, y evaluar cómo estos paisajes marinos actúan como metaecosistemas capaces de mantener servicios clave. Un metaecosistema es un conjunto de ecosistemas conectados entre sí que intercambian organismos, energía y nutrientes.
A través de modelos abiertos, proyecciones climáticas y evaluación de estrategias de restauración, el proyecto busca transformar el conocimiento científico en herramientas prácticas para la toma de decisiones, alineadas con las necesidades locales y con los principales marcos internacionales de conservación.
El objetivo final es claro: fortalecer la resiliencia de los océanos y asegurar un futuro sostenible para las comunidades costeras que dependen de ellos.
