La Universidad Francisco de Vitoria (UFV) celebró ayer la inauguración oficial del curso académico 2025/2026 en una ceremonia que reunió a toda la comunidad universitaria en el Aula Magna del campus. El acto, presidido por el rector Daniel Sada, puso el foco en los valores humanos y comunitarios como pilares fundamentales de la educación superior.
Más de 14.600 estudiantes y 9,2 millones en ayudas
El secretario general José Antonio Verdejo Delgado presentó las cifras más destacadas del curso anterior. La universidad registró 14.628 estudiantes matriculados en estudios oficiales, una cifra que incluye también los programas de Formación Profesional, Le Cordon Bleu Madrid y títulos propios.
Uno de los datos más significativos fue la inversión en becas y ayudas al estudio: la institución destinó 9.245.289,97 euros para facilitar el acceso a la educación. Esta cantidad benefició al 31% de los estudiantes de grado y a 173 alumnos de Formación Profesional.
«La sonrisa muchas veces muestra la actitud que tiene uno ante la vida, y una mirada positiva de nuestro presente y esperanzada del futuro», destacó Verdejo al presentar estos resultados, utilizando la sonrisa como hilo conductor de la memoria del curso pasado.
Una reflexión sobre el aburrimiento y el sentido de la vida
La lección inaugural corrió a cargo del profesor Jesús Baiget Pons, del Grado en Filosofía, Política y Economía, quien abordó un tema poco convencional: el aburrimiento. Su ponencia, titulada «Tiempo y aburrimiento. La dispersión como enfermedad del espíritu», analizó cómo la falta de atención y concentración afecta al desarrollo personal.
«El aburrimiento es la absoluta dispersión del espíritu, incapaz de relacionarse, de atender y de tener presente algo», explicó Baiget. El profesor propuso una solución esperanzadora: «No hay mayor antídoto contra el aburrimiento que el amor», sugiriendo que el compromiso emocional y la pasión son claves para superar la apatía moderna.
Reconocimientos académicos y nuevos doctores
Durante la ceremonia se impusieron las medallas doctorales a los nuevos doctores de la UFV y se reconoció la trayectoria de varios profesores. Javier Cervera Gil, de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, y Julián Romero Paredes, de la Facultad de Ciencias Experimentales, fueron nombrados catedráticos.
Además, siete profesores accedieron a la categoría de titular universitario tras defender sus proyectos docentes: Álvaro Abellán-García Barrio, Emilio Delgado Martos, Cecilia Font de Villanueva, Yasmina Martín Martínez, Carlos Poza Lara, Francisco Javier Rubio Hípola y Lourdes Rufo Nieto.
El acto también sirvió para reconocer a los nuevos doctores de los programas de Humanidades (Historia, Filosofía y Estética) y Biotecnología, Medicina y Ciencias Biosanitarias.
Alegría y generosidad como valores centrales
En representación de la Fundación titular de la universidad, el padre Justo Gómez propuso cuatro pilares para el nuevo curso: transmitir alegría, consolarse mutuamente, unir en un mundo dividido y practicar la generosidad.
«No se puede dar con cara triste, sino que se transparenta la alegría en el rostro», señaló el religioso, defendiendo la importancia de mantener una actitud positiva en la labor educativa.
La esperanza como motor universitario
El rector Daniel Sada cerró el acto con una reflexión sobre la esperanza como elemento fundamental de la vocación universitaria. «La esperanza es quizá el más discreto de los motores internos que nos movilizan a los seres humanos y a la vez el más decisivo», afirmó.
Sada reivindicó la educación como un compromiso social: «Educar es siempre tomar partido por la posibilidad de un mundo mejor». Con estas palabras, el rector invitó a toda la comunidad universitaria a afrontar el nuevo curso con optimismo y responsabilidad compartida.
La ceremonia concluyó con el tradicional canto del Gaudeamus Igitur, declarando oficialmente inaugurado el curso académico 2025/2026 de la Universidad Francisco de Vitoria.

Una reflexión sobre el aburrimiento y el sentido de la vida
Alegría y generosidad como valores centrales
La esperanza como motor universitario