Códigos QR y distancia de seguridad en la vuelta a la docencia presencial malagueña



Los pasillos universitarios han vuelto a la vida. Tras cinco meses sin clases presenciales, los estudiantes de la Universidad de Málaga se han reincorporado este lunes a las aulas para continuar con un sistema de docencia bimodal. Para ello, han tenido que seguir un protocolo de seguridad, donde la tecnología ha jugado un papel fundamental.

La vuelta a las clases se ha seguido de forma escalonada en los campus de El Ejido y Teatinos. Así, tal y como ha señalado el decano de la Facultad de Ciencias de la UMA, Antonio Flores, “los alumnos y alumnas se han divido en grupos, una parte ha venido al centro y otro ha seguido la clase de forma virtual“. En el caso de los estudiantes que han ido a la facultad han tenido que guardar una serie de medidas. A través de códigos QR, los alumnos y alumnas han registrado su entrada al centro y a cada aula, una forma de registrar la trazabilidad de los posibles contagios.

Junto a la vuelta a la docencia presencial, la UMA también ha recuperado este lunes la presencialidad en muchos de sus servicios. Así, desde esta semana se recuperan los congresos científicos, eventos universitarios, oposiciones o concursos de plazas de forma presencial siempre siguiendo los protocolos de seguridad y bajo los términos de la legislación vigente.

La docencia bimodal que se llevará a cabo a partir de ahora, suma las clases presenciales al formato virtual. De este modo, como he podido ver en una de las clases de Química que se han llevado a cabo esta mañana en la Facultad de Ciencias, mientras que un grupo de alumnos asistía a la clase desde el aula otro lo hacía desde su casa. Para ello, la UMA ha dispuesto del material y conexión necesario a los diferentes espacios docentes.

Ejemplo de ello era esta clase en Ciencias, donde la docente tenía en cuenta a los alumnos tanto de dentro como de fuera de su aula, en total unos 60. “Los alumnos que están en su caso pueden ver la pizarra y las presentaciones, que están siendo compartidas. Compaginar a ambos tipos de alumnos es más difícil, porque la mentalidad que tenemos los profesores en la universidad es 100% presencial. Yo estoy centrada en los que están aquí, pero tengo que tener en cuenta también a los que no están. Supongo que me habituaré, hay que hacer un esfuerzo para tener presente que tenemos alumnos que están en la plataforma”. La distribución entre presenciales y virtuales sigue la división del alumnado por grupos. Así, cada semana uno de los grupos podrá acudir al aula, asegurando de este modo que se cumpla en aforo de cada espacio.

A favor y en contra de las clases presenciales

El ambiente del primer día de clases presenciales ha sido bastante tranquilo. Sin multitud de alumnos y alumnas, el bulevar Louis Pasteur recibía a los estudiantes de forma escalonada, con la novedad de contar con muchas plazas de aparcamiento y transporte público menos sobrecargado.

Tal y como han señalado alguno de los estudiantes a los que hemos consultado, “sí teníamos ganas de volver, para tener contacto con los compañeros“. Un punto de vista positivo que no era compartido por todos. “En mi caso, que he estado haciendo prácticas presenciales, ya estaba más habituada. Volver a las clases presenciales cambia un poco la dinámica, porque ahora hay que quedarse aquí, hay que ir a clases… es un poco más de lío”, señalaba María Suero, alumna de Biología de la UMA.

Por su parte, el decano de Ciencias señalaba que, desde su experiencia “los alumnos tenían muchas ganas de volver. En público te dicen que no, pero los que he tenido en prácticas estaban deseando sentir la universidad”. Y es que no solo de docencia se compone el paso por la formación universitaria. La importancia de la presencialidad reside también en la conexión y relaciones que los universitarios (estudiantes, docentes y personal laboral) establecen entre sí, generando una formación más general que es se transforma en las habilidades propias de los graduados y graduadas.


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