Un estudio de la Universidad de Málaga revela que los accidentes con patinetes eléctricos han pasado de 1,7 casos por cada 100.000 habitantes en 2018 a casi 50 en 2022. La investigación, que ha analizado a más de 400 pacientes atendidos en urgencias, también evalúa cómo afectó el cambio normativo que obligó a estos vehículos a circular por la calzada en lugar de por la acera.
El trabajo, desarrollado por investigadores de la Facultad de Medicina de la UMA junto con el Hospital Regional Universitario de Málaga y el Hospital Universitario Torrecárdenas de Almería, se ha publicado en la revista científica ‘Journal of Transport & Health‘.
El efecto de sacar los patinetes de la acera
En enero de 2021 entró en vigor una nueva normativa de tráfico que prohibió a los patinetes eléctricos circular por las aceras, obligándoles a hacerlo por la calzada con un límite de velocidad de 25 kilómetros por hora. El estudio ha comparado los datos de lesiones antes y después de este cambio para evaluar su impacto real.
Los resultados muestran un efecto mixto. Por un lado, la medida ha mejorado la seguridad de los peatones: los atropellos a viandantes se redujeron a la mitad, pasando del 10,9% al 5,2% del total de accidentes. Sin embargo, por otro lado, las colisiones de patinetes con vehículos a motor se duplicaron, pasando del 8,8% al 18%.
«A pesar de un mayor número de colisiones con coches, no se ha observado un aumento de la gravedad global de las lesiones», explica Iskandar Tamimi, investigador de la UMA y uno de los autores del trabajo. Esto sugiere que, aunque hay más choques con vehículos, no necesariamente son más graves que los accidentes anteriores.
La cara, la zona más vulnerable
El estudio identifica qué partes del cuerpo resultan más afectadas en estos accidentes. Según David González, del Área de Traumatología de la UMA, las lesiones más frecuentes afectan a la cara, cabeza, cuello y extremidades. Un dato especialmente relevante es que alrededor del 35% de todas las fracturas se localizan en los huesos faciales.
Este hallazgo tiene implicaciones directas para la prevención. Aunque el uso del casco se ha incrementado tras la nueva normativa, los investigadores señalan que sigue siendo bajo. Y lo que es más importante: el tipo de casco habitual no protege suficientemente.
«Puesto que un gran porcentaje de lesiones afectan a la cara y la región maxilofacial, recomendamos el uso de un casco integral para proteger estas zonas», manifiestan los autores. Los cascos integrales son aquellos que cubren toda la cabeza, incluida la barbilla y la mandíbula, similares a los que usan los motoristas, a diferencia de los cascos abiertos que solo protegen el cráneo.
Alcohol y noche, combinación peligrosa
El estudio también identifica factores que aumentan la gravedad de las lesiones. Los investigadores alertan de que el consumo de alcohol y la conducción nocturna se asocian claramente con accidentes más graves. Esta combinación de factores de riesgo debería ser tenida en cuenta tanto por los usuarios como por las autoridades a la hora de diseñar campañas de prevención.
Un coste sanitario creciente
El equipo de investigadores ha realizado un segundo trabajo, publicado recientemente en la revista de la Sociedad Española de Traumatología, que analiza el impacto económico de estas lesiones. El estudio calcula el coste que suponen para el sistema sanitario público, incluyendo la atención en urgencias, las pruebas de imagen como radiografías o TACs, los ingresos hospitalarios, los tratamientos quirúrgicos y las bajas laborales.
Las conclusiones evidencian que estos accidentes representan un coste sanitario creciente para el sistema público de salud. Esta investigación fue iniciada por María Isabel Bernardi, estudiante de Medicina de la UMA, como parte de su Trabajo Fin de Grado.
Investigación con aplicación práctica
Los autores subrayan la importancia de este tipo de estudios porque aportan datos concretos para evaluar si las normativas realmente mejoran la seguridad vial. Además, permiten identificar grupos de riesgo y patrones de lesión, información fundamental para diseñar campañas preventivas efectivas.
«Tienen un impacto directo en la salud pública, los costes sanitarios y la planificación urbana», señalan los investigadores, defendiendo la necesidad de que las decisiones sobre movilidad urbana se basen en evidencia científica.
Un trabajo multidisciplinar
El estudio principal, titulado ‘La epidemiología de las lesiones relacionadas con patinetes eléctricos en Málaga: efectos del cambio de las aceras a las calles bajo nuevas normas de tráfico’, surgió como Trabajo Fin de Grado de Juan Melgar, que estudió en la Facultad de Medicina de la UMA y actualmente es residente de Traumatología en el Hospital Universitario de Torrecárdenas de Almería.
En la investigación también han participado profesores de la UMA de las áreas de Cirugía Ortopédica y Traumatología y Radiología, que además tienen actividad asistencial en el Hospital Regional de Málaga y forman parte de IBIMA Plataforma BIONAND. Entre los autores figuran los doctores Enrique Guerado, Almudena Pérez y David García de Quevedo.
El proyecto ejemplifica la colaboración entre la universidad y el sistema sanitario público andaluz, combinando investigación académica con experiencia clínica directa en la atención a pacientes accidentados.

La cara, la zona más vulnerable