Las reformas imposibles del ministro Wert


Comenzamos el nuevo trimestre del curso académico. Y en la agenda política del Gobierno se contempla la ‘reforma’ del sistema universitario. El objetivo se contempla ‘sub specie boni’, algo así como ´la revolución pendiente’, como el viejo mantra progresista de la reforma agraria.
No hace falta ser un experto para constatar que nuestra Universidad pública podría ser más eficiente, más competitiva, más dotada para prestar un servicio fundamental para el progreso de una nueva sociedad, basada en la innovación y el conocimiento.

En el diagnóstico general coinciden las diversas sensibilidades ideológicas y todas han planteado diversas reformas en los últimos lustros. Al parecer, con escaso éxito. El ministro de Educación, Jose Ignacio Wert, como un Sísifo redivivo, pretende retomar los ímpetus reformistas sobre el sistema universitario español.

Y como primera diligencia organizó una comisión de expertos que, como toda comisión, posee dos características esenciales: su tendencia natural a desarrollar planteamientos teóricos alejados de lo posible y su objeto napoleónico más conocido, es decir, aparcar los asuntos por tiempo indefinido.

Cuando se lee el informe de la comisión de expertos se podría compartir, en líneas generales, el diagnóstico sobre los males que afectan a nuestro sistema universitario. Incluso se puede asumir la conveniencia de muchas de las soluciones propuestas.

Pero de ahí a suponer que dichas soluciones puedan aplicarse directamente, sin anestesia, al paciente, hay distancia. Y si al cirujano, además, le tiembla el pulso, le marea la sangre y le horroriza el quirófano, pues podemos concluir que esa operación no solo es imposible, sino que con toda probabilidad nunca se realizará.

Conocido el informe, los rectores ya han dejado claro que no están dispuestos a entrar en quirófano. Aseguran que de aplicarse las reformas propuestas por los expertos, a la Universidad española no la reconocería ni la madre que la parió.

Que la Universidad pública estaría en riesgo. Que la autonomía universitaria quedaría en la cuneta. Que sobrarían universidades públicas en cada villorrio del país. En definitiva, que no tragan.

Si el ministerio tuviese la voluntad política de llevar a término las recomendaciones de los expertos, sería algo sorprendente. Pero una cosa es lo que debería ser, y otra bien distinta, lo que puede ser. Y eso, por muy torpe y pusilánime que sea un político, lo tendrán bien presente en el ministerio de la ‘marcha atrás’, vulgo, de Educación y Cultura.
Comenzamos el nuevo trimestre del curso académico. Y antes de conocerse el anteproyecto de reforma del sistema universitario, puede augurarse, sin consultar a la pitonisa de Delfos, que no llegará a buen puerto.


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