El sistema universitario cerró 2025 con un déficit de 44 millones de euros y prevé que la cifra empeore este año si la Junta no actúa
Las universidades públicas de Andalucía han trasladado al nuevo consejero de Universidad, Industria, Energía e Innovación, Jorge Paradela, su honda preocupación por las cuentas del sistema. El motivo es el incumplimiento reiterado del modelo de financiación que la propia Junta aprobó, una advertencia que las instituciones académicas vienen repitiendo desde 2024.
El ejercicio 2025 se cerró con un déficit ajustado de 44 millones de euros. La cifra confirma lo que los rectorados llevaban tiempo anunciando: los ingresos actuales no cubren los gastos estructurales de las universidades.
Esa brecha entre lo que entra y lo que sale ya dificulta poner en marcha proyectos de futuro. Y si la situación se prolonga, advierten las universidades, podría llegar a comprometer algo tan básico como el pago de las nóminas del personal.
El pronóstico para 2026 tampoco invita al optimismo. Según los cálculos de las propias instituciones, el déficit de este año superará con claridad al de 2025 si el Gobierno andaluz no adopta medidas urgentes.
Ante ese escenario, los equipos de gobierno de las universidades ya trabajan con dos consejerías: la de Universidad, Industria, Energía e Innovación y la de Economía, Hacienda y Fondos Europeos. Lo hacen a través de una Comisión Técnica, el órgano encargado de negociar soluciones que las propias universidades califican de duraderas, no de simples parches.
El aviso llega tras el primer encuentro institucional entre Paradela y el portavoz de las universidades andaluzas, Paco Oliva. De ese primer contacto, las instituciones destacan una lectura positiva: valoran la disposición del nuevo consejero a buscar salidas definitivas a lo que describen como una crisis de infrafinanciación del sistema.
Las universidades confían ahora en que ese gesto se traduzca en una resolución rápida del problema. La pelota queda en el tejado de la Junta, que deberá decidir en los próximos meses si refuerza el modelo de financiación o si el agujero de 2026 termina siendo, como temen los rectorados, todavía mayor que el del año pasado.
