Un estudio con participación de la Universidad Autónoma de Madrid ha descubierto que los residuos plásticos en lagos y suelos de la Antártida no solo contaminan el paisaje, sino que pueden funcionar como semilleros de bacterias resistentes a los antibióticos. Los resultados, publicados en la revista Communications Earth & Environment, abren un nuevo frente en la lucha contra una de las amenazas sanitarias más graves del siglo XXI.
La investigación se realizó en la Isla Rey Jorge, en las Islas Shetland del Sur, una de las zonas de mayor actividad humana del continente helado. Allí, un equipo internacional formado por científicos de la UAM, la Universidad de Almería, la Universidad de Alcalá y la Universidad de la República de Uruguay —con apoyo del Instituto Antártico Uruguayo y el Comité Polar Español— analizó las comunidades bacterianas que colonizan los plásticos abandonados en el entorno.
Más resistencia en el plástico que en el entorno natural
El hallazgo central es que las bacterias que viven sobre los residuos plásticos contienen una mayor variedad y abundancia de genes de resistencia a los antibióticos que las que habitan el suelo o el agua cercanos. En biología, un gen de resistencia es una secuencia de ADN que permite a una bacteria sobrevivir a la acción de un antibiótico, lo que dificulta o imposibilita el tratamiento de infecciones.
Lo más llamativo es que algunos de estos genes confieren resistencia a antibióticos que ni siquiera fueron detectados en los análisis químicos de la zona. Esto indica que los plásticos no actúan simplemente como esponjas que absorben contaminantes del entorno, sino que pueden acumular y generar resistencias de manera independiente.
El equipo también identificó genes clínicamente relevantes, es decir, con implicaciones directas para la medicina humana, que no habían sido descritos previamente en la región antártica. Entre ellos, aparecieron genes asociados a la resistencia frente a antibióticos sintéticos, sustancias que no existen en la naturaleza y cuya presencia en los plásticos antárticos es difícil de explicar y requiere más investigación.
Una ruta de contagio entre bacterias
Más allá de la presencia de estos genes, el estudio revela algo especialmente preocupante: los genes de resistencia detectados en los plásticos están vinculados a los llamados elementos genéticos móviles, fragmentos de ADN con la capacidad de desplazarse de una bacteria a otra. Esta característica convierte los plásticos en posibles vehículos de transmisión de resistencias entre microorganismos.
Para confirmarlo, los investigadores aislaron bacterias procedentes de los plásticos y comprobaron que, en algunos casos, sus genomas contenían genes de resistencia y elementos móviles coexistiendo en un mismo organismo, una combinación que facilita su diseminación.
«Aún queda mucho por investigar. Este es un paso importante, pero quedan muchos por dar. Para empezar, hay que ampliar el estudio a más zonas de la Antártida», señaló Miguel González Pleiter, investigador de la UAM y uno de los autores del trabajo.
Por qué importa en un lugar tan remoto
La Antártida suele concebirse como un territorio virgen, ajeno a los problemas del mundo industrializado. Sin embargo, este estudio refuerza la idea de que los residuos plásticos tienen impacto global: son capaces de alterar los ecosistemas incluso en los rincones más alejados del planeta.
La resistencia a los antibióticos es ya una crisis sanitaria mundial. Cada año mueren centenares de miles de personas por infecciones causadas por bacterias que ya no responden a los tratamientos disponibles. Que los plásticos puedan actuar como reservorios y vehículos de esta resistencia en entornos tan remotos como la Antártida amplía considerablemente el alcance del problema.
«Este trabajo pone de manifiesto la necesidad de seguir investigando cómo la contaminación plástica interactúa con otros desafíos globales, como la resistencia a antibióticos», concluye González Pleiter.
El estudio completo puede consultarse en: Inland Antarctic plastispheres harbour unique and diverse antibiotic resistance genes and mobile genetic elements, publicado en Communications Earth & Environment (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s43247-026-03558-0
