¿Deben tener los niños móviles? El problema no es la edad, sino la educación


La profesora de Interculturalidad y Recursos Tecnológicos de la UAH Guillermina Gavaldón señala que el principal problema en menores del uso de dispositivos móviles y redes no es la edad, sino la educación. No cabe duda que una vez más los móviles han sido el gran regalo de las pasadas navidades, aumentando así el uso de estos dispositivos en menores. Segú+n las cifras del Instituto Nacional de Estadística, el 67% de los menores entre 10 y 15 años ya tenía en 2015 un teléfono móvil.

Guillermina Gavaldón, señala que más allá de las recomendaciones de los expertos, que no se ponen de acuerdo sobre la edad mínima recomendable para el uso de este tipo de dispositivos, la interactividad que ofrecen es un elemento atractivo para todos, independientemente de la edad, por lo que el consejo es que “el uso que hagan los niños de este tipo de elementos sea educativo, porque su utilización en sí misma no favorece el aprendizaje ni el desarrollo cognitivo”.

Para la profesora de Interculturalidad y Recursos Tecnológicos de la UAH no hay límites a la edad en el uso de dispositivos electrónicos con acceso a Internet, “el uso de estos aparatos es positivo siempre y cuando se haya enseñado a los usuarios a ser consumidores críticos y a hacer un uso responsable de los mismos. Pero esto implica la necesidad de que la escuela y la familia trabajen de manera conjunta y desde edades tempranas se promueva una educación crítica hacia los medios sociales y de comunicación”, señala.

“Adquirir un espíritu crítico”

Y con los móviles también llega la apertura al inmenso campo de las redes sociales, temida por muchos padres. Con respecto al uso de estas, el discurso de Guillermina Gavaldón es similar porque, más allá de la edad legal permitida para darse de alta en una red social, establecida en los 14 años, “lo importante es que los padres se interesen por conocer qué tipo de redes sociales utilizan sus hijos,  no les dejen solos frente al ordenador y participen haciendo actividades conjuntas que guíen a los menores a analizar de manera crítica los contenidos”. Ese debería ser el objetivo último, al margen de la edad: que los niños adquieran un espíritu crítico que les ayude a comprender los peligros, las amenazas y las consecuencias de sus acciones cuando intervienen en redes sociales y aprendan a discriminar si una información es verídica o no. ‘Y eso no es posible si los padres no les acompañan en el proceso y no hacen el esfuerzo por conocer estas herramientas’. Por otra parte, la profesora de la UAH advierte que no se puede dejar la piedra solo en el tejado de las familias, por lo que insta a las redes sociales para adultos a crear mecanismos más estrictos para verificar la identidad de la persona que se está dando de alta, y asegurarse, con ello, de que no se trata de un menor de 14 años.

Muy positivo cuando se usa bien

Aunque temida por los padres, la profesora Gavaldón considera positivas el uso de redes sociales y móviles en menores, porque “un buen uso por parte del niño, siempre acompañado y guiado por un adulto, potencia el razonamiento abstracto, la memoria visual o la coordinación viso-motriz. De la misma manera, cuando el maestro integra contenidos digitales apropiados en el currículum, supervisando las actividades y trabajando de manera activa con los pequeños, se puede favorecer el desarrollo del lenguaje, la comprensión oral y el vocabulario o el reconocimiento de números y formas geométricas, en el caso de las matemáticas. Y algunos estudios realizados con pequeños de jardín de infancia mostraron que el uso de tabletas y ordenadores en el aula les ayudaba a socializar”.

 


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