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21 mayo, 2024
EditorialOpinión

Babel

Editorial de Aula Magna sobre la importancia de la internacionalización más allá de la Torre de Babel de los idiomas y estancias Erasmus.

La internacionalización de las universidades se sigue viendo en muchas ocasiones como el desarrollo de los programas Erasmus y de estancias en otros países. Una opción bien desarrollada por las instituciones, pero que se puede quedar corta cuando de relaciones internacionales hablamos. El contacto y presencia en otros países no solo puede centrarse en la presencia de estudiantes Erasmus de cualquier punto del planeta. Hay que mirar mucho más lejos y tratar la importancia de que sean los investigadores, docentes y el personal universitario en general el que conozca nuevas formar de vivir y desarrollarse en la universidad.

En un mundo globalizado, los idiomas son la base para que un profesional pueda alcanzar el éxito. Y las universidades no son menos. Es fácil ponerse un sello de excelencia internacional cubriendo el mínimo de titulaciones impartidas en inglés, pues parece que otros idiomas ni se consideran. Queremos que la institución aparezca en los rankings, que se manden y reciban “embajadores”, pero luego nos damos cuenta que tanto el nivel requerido como las opciones que presentar se quedan cortas. Una universidad internacional comienza a formarse desde el propio país de origen. Necesita de docentes que puedan dar sus clases en otros idiomas, que no tengan miedo a las estancias (porque cuenten con la suficiente financiación para las mismas) y a los que se les fomenten la iniciativa para promover convenios con otros centros de estudios e investigación. Un trabajo interno que se aparca al lado, mostrando solo interés en la foto oficial con los miles de estudiantes extranjeros.

Hay que crear más alicientes para que, tanto alumnos como investigadores, quieran acudir a Andalucía. No solo el mar y el sol deben ser la llamada de atención, si no la calidad de la formación y la investigación, que es mucha.

La universidad debe trabajar por convertirse en una Torre de Babel donde todos se entiendan, donde las lenguas ya no sean un obstáculo y el conocimiento se comparta y fluya, pues ese es su objetivo. Se forman profesionales para la vida real, y esta está compuesta por miles de nacionalidades y realidades que escapan más allá de la vida del campus. Una universidad sin fronteras debe ser más que el título de una fotografía o el eslogan para la cartelería promocional. La internacionalización arranca en las raíces de la propia universidad, y solo florecerá correctamente si se trabaja con amplitud de miras.


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