Tribuna por Estíbaliz Barranco, vicepresidenta de Marketing de la Universidad Europea.


La educación debe estar orientada al mundo laboral y a sus necesidades. Vivimos en un mundo globalizado y para formar mejores profesionales es necesario dotar a los estudiantes de una formación internacional. Como consecuencia, la internacionalización debe ser una obligación para cualquier centro de educación superior, tiene que estar en el ADN de la Universidad, ser uno de sus pilares académicos, para que los centros de enseñanza superior no se queden al margen del contexto global del conocimiento: generar transferencia de conocimientos, posibilitar la formación global de sus estudiantes, crear profesionales más capacitados y competitivos dentro y fuera de nuestras fronteras no sólo beneficia al propio estudiante, sino también al país de origen.

La experiencia de formación internacional fomenta el desarrollo y enriquecimiento profesional y personal. El profesional, porque la formación académica y la experiencia práctica en el extranjero permite el aprendizaje de un idioma (algo fundamental), además del acercamiento del estudiante a la industria mundial relacionada con su carrera, así como a otras formas de enseñanza/aprendizaje y de trabajo. Y en lo personal porque se aprenden otras culturas, se convive con personas con diferentes opiniones y formas de actuar diferentes. Fruto de esta experiencia, el estudiante adquirirá así competencias y valores que le ayudarán a realizarse como persona y que resultan fundamentales para su futuro: habilidades sociales, tolerancia, personalidad abierta, capacidad de adaptación y flexibilidad, solidaridad, madurez, iniciativa, etc.

Tal y como señalaba el Ministerio de Educación en su informe sobre la Estrategia Universitaria 2015, en España existe una falta de tradición de internacionalización por parte de nuestras universidades. De ahí que pusiera en marcha esta propuesta en 2011 como hoja de ruta para planificar la modernización e internacionalización de las universidades españolas. Una iniciativa complementaria al instaurado Espacio Europeo de Educación Superior pero que puso de manifiesto la importancia de seguir avanzando en esta cuestión, es decir, ir más allá de la mera movilidad de estudiantes y firma de acuerdos internacionales: internacionalización de los currícula formativos, circulación de cerebros, internacionalización de la investigación, titulaciones internacionales conjuntas ó múltiples con socios extranjeros, desarrollo de campus transnacionales, creación de sistemas internacionales de aseguramiento de la calidad, competición por los mejores alumnos, clasificaciones internacionales (ranking) de universidades, desarrollo de asociaciones de antiguos alumnos internacionales, etc.

En 2013, PwC publicaba el informe Temas candentes de la universidad española. En él ponía de manifiesto que uno de los retos más urgentes para el futuro de la universidad española es la internacionalización. De los 3,4 millones alumnos que estudian fuera de su países de origen en el mundo, la universidad española solamente atrae el 1,4%. En grado, primero y segundo ciclo, el porcentaje es de un 3,3% de universitarios extranjeros, frente al 10% de la media europea.

Algunos de los problemas tienen que ver con las trabas y dificultades administrativas para la captación de estudiantes y profesores, así como la escasez de programas vinculados a estos objetivos. En algunas universidades se han asignado presupuestos específicos para captar profesores de excelencia internacionales, pero estas iniciativas han fracasado porque no se pudo asignar una retribución equiparable a las del mercado internacional y porque no se garantizaba una estabilidad laboral razonable. Otro aspecto a tener en cuenta en relación con la internacionalización es que para incrementar la movilidad universitaria, resulta imprescindible abordar una política lingüística eficaz. El aprendizaje del idioma inglés debería ser una exigencia.

Y ante esto, ¿qué estrategia debería seguir la Universidad Española?

Pues tenemos la obligación y necesidad de integrar completamente el eje de la internacionalización en el modelo académico universitario, marcando una estrategia clara que permita con mucha mayor facilidad los acuerdos con otras instituciones académicas en todo el mundo posibilitando así que el estudiante realice estancias y prácticas profesionales en el extranjero y a la vez recibir estudiantes de todas partes del mundo.

Tenemos que revisar nuestra oferta y metodología ofreciendo la posibilidad de que se pueda estudiar en otros idiomas, con docentes preparados para tal fin a través de un aprendizaje teórico-práctico adecuado a las necesidades del actual mercado global altamente competitivo.

Y por último fomentar con entusiasmo el intercambio de estudiantes y docentes de todo el mundo. Trabajar para conseguir una Universidad de calidad donde los estudiantes y docentes extranjeros quieran venir a estudiar y enseñar.

Con todo esto conseguiremos un campus multicultural e internacional que genere experiencias valiosas para la comunidad universitaria a través de la convivencia.

En la Universidad Europea comenzamos este camino de la internacionalización desde nuestro origen en 1999, lo que nos permite a día de hoy recibir más del 20% de estudiantes internacionales, ofrecer la mayor parte de nuestras titulaciones bilingües, contar con un claustro nacional e internacional con los que los alumnos pueden compartir sus experiencias, y en resumen, formar a nuestros estudiantes para que estén mejor preparados para este mundo global.


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