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10 octubre, 2026
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Un estudio de la UMA relaciona alteraciones en la microbiota intestinal con el cáncer de mama hormonal

Investigadores de la Universidad de Málaga han identificado una conexión entre las alteraciones en las bacterias intestinales y los niveles de melatonina en mujeres con cáncer de mama con receptores hormonales positivos. El hallazgo, publicado en la revista International Journal of Molecular Sciences, abre nuevas vías para la prevención y el tratamiento de este tipo de tumor, que representa aproximadamente el 70% de los casos de cáncer de mama.

El estudio ha sido desarrollado por un equipo multidisciplinar formado por investigadores de la Universidad de Málaga, del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA Plataforma-BIONAND), del Centro de Investigación Médico Sanitarias (CIMES) y de los Hospitales Universitario Virgen de la Victoria y Regional de Málaga.

Qué es la microbiota intestinal y por qué importa

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos, principalmente bacterias, que habitan en nuestro sistema digestivo. Aunque tradicionalmente se ha asociado solo con la digestión, la ciencia ha demostrado en las últimas décadas que estas bacterias desempeñan funciones esenciales en el sistema inmunitario, el metabolismo e incluso en la regulación hormonal.

El trabajo explora cómo las alteraciones en estas bacterias intestinales y en lo que los científicos llaman «vía melatoninérgica» podrían estar relacionadas con el desarrollo y la progresión del cáncer de mama hormonal. La vía melatoninérgica es el conjunto de reacciones bioquímicas que participan en la producción de melatonina, una hormona conocida principalmente por regular el sueño, pero que también tiene funciones antioxidantes y anticancerígenas.

Menos bacterias beneficiosas en pacientes con cáncer

Alicia González-González, científica del Departamento de Especialidades Quirúrgicas, Bioquímica e Inmunología de la UMA y autora de correspondencia del estudio, explica que los investigadores detectaron «una disminución de bacterias intestinales beneficiosas y un aumento de otras potencialmente perjudiciales en las pacientes con cáncer de mama de tipo hormonal».

Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó muestras de sangre y heces tanto de mujeres diagnosticadas con cáncer de mama como de un grupo de control sin la enfermedad. En estas muestras estudiaron la composición de la microbiota intestinal y diversos marcadores relacionados con la síntesis de melatonina y la permeabilidad intestinal.

Hallazgos clave del estudio

Entre los descubrimientos más relevantes destaca que las pacientes con cáncer de mama presentaban niveles significativamente más bajos de melatonina en comparación con el grupo de control. Esta hormona tiene propiedades protectoras contra el cáncer, por lo que su reducción podría favorecer el desarrollo tumoral.

Además, los investigadores identificaron lo que denominan «disbiosis intestinal», un desequilibrio en la composición de las bacterias del intestino. Concretamente, encontraron una menor abundancia de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium longum, conocida por sus efectos positivos sobre el sistema inmunitario, y un aumento de bacterias potencialmente perjudiciales como Bacteroides eggerthi.

El estudio también reveló niveles más altos de zonulina en las pacientes con cáncer. La zonulina es una molécula que regula la permeabilidad intestinal, es decir, controla qué sustancias pueden pasar desde el intestino al torrente sanguíneo. Niveles elevados de zonulina indican una mayor permeabilidad intestinal, lo que podría permitir el paso de sustancias inflamatorias y toxinas que normalmente quedarían bloqueadas.

El papel de las hormonas y el metabolismo

Otro hallazgo significativo fue la mayor actividad de una enzima llamada beta-glucuronidasa. Esta enzima participa en el metabolismo de los estrógenos, las hormonas sexuales femeninas que, en ciertos tipos de cáncer de mama, actúan como combustible para el crecimiento tumoral.

El cáncer de mama con receptores hormonales positivos es aquel en el que las células tumorales tienen receptores para estrógenos o progesterona, lo que significa que estas hormonas estimulan su crecimiento. Una actividad aumentada de beta-glucuronidasa podría mantener niveles más altos de estrógenos circulantes, favoreciendo así la progresión del tumor.

Posibles aplicaciones clínicas

Los resultados sugieren que estas múltiples alteraciones en la microbiota, la producción de melatonina, el metabolismo microbiano y la permeabilidad intestinal podrían contribuir conjuntamente a los mecanismos que favorecen el desarrollo del cáncer de mama hormonal.

Alicia González-González, que también es investigadora del grupo de oncología del Centro de Investigaciones Médico Sanitarias de la UMA (CIMES), señala que «una ratio entre dos metabolitos vinculados a la vía melatoninérgica podría convertirse en una herramienta prometedora de detección en este tipo de cáncer». Esto significaría que midiendo ciertos compuestos relacionados con la melatonina se podría desarrollar una prueba diagnóstica complementaria.

Nuevas estrategias de prevención y tratamiento

Según la investigadora, estos hallazgos abren perspectivas innovadoras para diseñar estrategias terapéuticas basadas en la modulación de la microbiota intestinal y en el restablecimiento del equilibrio melatoninérgico. El objetivo sería mejorar la prevención, el diagnóstico temprano y el tratamiento del cáncer de mama.

Estas estrategias podrían incluir desde el uso de probióticos y prebióticos que favorezcan el crecimiento de bacterias beneficiosas, hasta cambios en la dieta que promuevan un intestino más saludable, pasando por posibles suplementos de melatonina o tratamientos que estimulen su producción natural.

También podría plantearse el uso de estas mediciones como herramientas de cribado para identificar a mujeres con mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama hormonal, permitiendo una intervención preventiva más temprana.

Próximos pasos de la investigación

Los investigadores son conscientes de que este trabajo, aunque prometedor, necesita confirmación con estudios más amplios. Los próximos pasos buscarán validar estos resultados en cohortes más grandes de pacientes y evaluar su aplicabilidad clínica real en el sistema sanitario.

El estudio representa un avance en la comprensión de cómo factores aparentemente distantes, como las bacterias intestinales, pueden influir en enfermedades como el cáncer de mama. Esta visión integradora del cuerpo humano, donde los distintos sistemas están interconectados, está transformando la manera en que se entiende y se aborda el cáncer en la medicina moderna.

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