Investigadores de la UAM logran reproducir en tierra la descarga gravitacional que experimenta la columna vertebral durante las misiones espaciales, con implicaciones para la salud tanto de astronautas como de pacientes con dolor cervical
Pasar semanas flotando en una nave espacial no sale gratis para el cuerpo. Los astronautas que regresan de misiones prolongadas no solo tienen que reaprender a caminar: también sufren dolor de espalda, aumentan temporalmente de estatura y se exponen a lesiones en los discos intervertebrales. Hasta ahora, la ciencia se había centrado sobre todo en la zona lumbar. El cuello, sin embargo, permanecía en gran medida inexplorado.
Un estudio liderado por el doctor David Marcos, de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y CSEU La Salle, en colaboración con investigadores del King’s College de Londres y la Universidad de Zúrich, ha logrado reproducir en tierra ese estado de ingravidez para estudiar qué le ocurre exactamente a la columna cervical. El trabajo acaba de publicarse en la revista científica Experimental Physiology.
Flotar sin salir del laboratorio
El equipo utilizó una técnica llamada hiperflotabilidad, que consiste en sumergir el cuerpo en una cama de agua enriquecida con sales de magnesio. La composición y la densidad del líquido permiten sostener el cuerpo de forma pasiva, reduciendo drásticamente la carga que la gravedad ejerce sobre la columna. Es, en esencia, una forma de simular la microgravedad sin abandonar la Tierra.
Doce voluntarios sanos participaron en el experimento. Tras permanecer cuatro horas en esa posición, los resultados fueron llamativos: su estatura aumentó una media de 1,6 centímetros y los discos intervertebrales del cuello —desde la vértebra C3 hasta T1— se expandieron de forma medible. Para registrar esos cambios, los investigadores emplearon ecografía, una técnica que permite obtener imágenes en tiempo real y que podría tener aplicación directa en entornos de recursos limitados, como una nave espacial.
Además de la expansión de los discos, la rigidez pasiva de la columna disminuyó en varias zonas, especialmente en el cuello y en la región lumbar, un patrón similar al que se observa en astronautas durante las misiones reales.
La recuperación no es inmediata
Cuando los participantes volvieron a sentarse durante 15 minutos bajo gravedad normal, los cambios se revirtieron solo parcialmente. La estatura descendió un poco y algunos discos cervicales se comprimieron de nuevo, pero no del todo. Eso sugiere que el cuerpo no recupera su estado habitual de forma inmediata al volver a la carga gravitacional.
Aunque la mayoría de los voluntarios notó cierta molestia o rigidez durante la experiencia, estas sensaciones no guardaban relación directa con cuánto habían crecido sus discos. Lo que sí se observó fue un vínculo entre el dolor y una mayor rigidez en la zona media del cuello, lo que apunta a que la estabilidad de la columna cervical podría jugar un papel clave en la aparición de molestias.
Más allá del espacio
Los resultados tienen implicaciones prácticas para el diseño de programas de ejercicio y reacondicionamiento físico que ayuden a los astronautas a adaptarse mejor al regreso a la gravedad, así como a las condiciones de entornos con baja gravedad como la Luna o Marte.
Pero el alcance del estudio no se limita al mundo de la exploración espacial. Comprender mejor cómo se comporta la columna cervical al liberarse de la carga gravitacional y cómo responde al recuperarla podría aportar información valiosa para tratar y prevenir el dolor cervical en la población general.
Quedan todavía preguntas abiertas: cuánto tiempo tarda el cuello en recuperarse completamente tras un periodo prolongado sin gravedad, qué tipo de carga resulta más beneficiosa para esa recuperación y qué factores explican la aparición del dolor. Serán el punto de partida para futuras investigaciones.

La recuperación no es inmediata