Una reflexión sobre el libro electrónico


Los tiempos cambian. Cambian los libros, cambian los soportes de la escritura o, al menos, se intenta. Asistimos a una revolución en el mundo del libro que resulta esencial en la medida que condiciona la escritura y la lectura. El soporte digital, el libro electrónico, se va imponiendo en el ámbito científico-técnico, ya habituado al uso de las revistas electrónicas. Si bien, en el caso de España, no llega a eclosionar como se esperaba. Su utilización en campos distintos del académico encuentra  mayor reticencia.

La forma tradicional del libro ha sido y sigue siendo uno de los inventos más atinados y perdurables en el tiempo. Su origen está en las antiguas tablillas de madera recubiertas de cera, soporte de una escritura efímera y provisional; para la escritura que había de perdurar, se utilizaba el papiro o el pergamino que se enrollaban, lo que complicaba el proceso de la lectura y condicionaba la escritura. Las tabillas estaban ensartadas a modo de libro y ofrecían ventajas frente al formato del rollo. A partir de ambas formas surgió un producto híbrido que utilizaba el papiro o el pergamino como si fueran delgadas tabillas cosidas. Se trataba del códice, antecesor del libro impreso utilizado hasta nuestros días.


Las transformaciones del soporte han condicionado a la propia literatura, a la forma de leer, a la manera de escribir. En nuestros días asistimos a un cambio en el formato que ya está teniendo repercusiones. Es posible que los efectos más inmediatos y beneficiosos del soporte digital sean la inmediatez en la producción, la rapidez en el acceso, la disponibilidad, el ahorro de espacio, etc., pero también presenta inconvenientes como la fugacidad de un producto fácilmente mutable o alterable, la incompatibilidad de los dispositivos lectores y, probablemente, la incapacidad de imitar el placer de pasar las hojas, de subrayar la frase, de anotar en los márgenes, de poder percibir el olor fresco de la tinta o rancio del uso. Es verdad que aporta muchas ventajas, pero todavía no ha logrado vencer la forma de leer que implica el libro impreso.

Por María Dolores Rincón
Vicerrectora de Proyección de la Cultura, Deportes y Responsabilidad Social de la UJA
@VicProyec


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